Mali, la clave de la Yihad en el Sahel

Mali es uno de los países más complicados y conflictivos de África. Situado en el corazón del Sahel hace frontera con los inestables y pequeños países de la costa occidental africana, sin embargo sus más importantes fronteras limitan con Mauritania, Argelia y Níger. Mali es el escenario central y geoestratégico en el que se enfrentan señores de la guerra, yihadistas, narcotraficantes y grupos separatistas para llevar a cabo sus proyectos propios. La situación es tan grave que Mali, por si misma y sin la ayuda directa de Francia y la ONU no puede sostenerse.

El país, debido a la intervención francesa que puso fin a la Guerra de Azawad en 2012 con la Operación Barkhane y la posterior creación del G5 del Sahel, ha vivido desde 2014 un crecimiento en sus exportaciones superando, en el pasado año 2019, los 3.000 millones de euros por primera vez.

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Sin embargo el auge de estas exportaciones, a pesar de ser algo positivo, no ha generado un mayor desarrollo debido a que su balanza comercial tiene un déficit de 1.101 millones de euros, un 37,27% de su PIB, debido a que importan más de lo que exportan.

  • ¿Qué importan?: petróleo refinado, cemento, medicinas, algodón, telefonía móvil etc…
  • ¿Qué exportan?: Oro, el 62% de sus exportaciones son del preciado metal, algodón, fertilizantes minerales y químicos etc…
  • ¿Su mercado de exportación?: Sudáfrica (34%), Suiza (25%), India (5,9%), Burkina Faso (5.1%), Bangladesh (4.8%), Costa de Marfil (4.1%), China (3.2%)
  • ¿Su mercado de importaciones?: Senegal (17%), China (14%), Cote d’Ivoire (8,9%), France (8.1%), Países Bajos (3.9%).

Esto en un país cuya deuda per cápita es del 37% de su PIB, lo que se traduce en 284€/persona en un país con 19.077.690 millones de habitantes y una densidad de población muy baja (del 15 habitantes por KM2). Mali es uno de los lugares más pobres del continente donde población rural representaba 10.997.144 millones de habitantes y, donde, aparte de la población rural y urbana hay que sumarle un 5%-10% de población nómada.

Los nómadas, mayoritariamente, se mueven por la zona norte del país, los departamentos Tombuctú, Kidal y Gao, cuyo tamaño cubre dos tercios de la superficie del país y solamente habita el 10% de su población. Mali, mayoritariamente islámica sunita, posee una tradición religiosa moderada y tribal con un peso importante de las tradiciones sociales pero que, con el tiempo, se ha visto desbordada por el yihadismo.

En Mali siempre ha existido un problema político grave entre la población africana del sur, los nómadas tuareg de etnia amazigh en el norte y los enclaves árabes en estas regiones del país; más identificados con Libia, Mauritania o Argelia. En el país la rivalidad étnica se hace patente entre los tuareg y los songhai (que representan el 6% de la población pero que fueron los líderes del Imperio songhai de Mali que rivalizó con los nómadas tuareg del norte, zona donde coinciden ambas etnias).

Curiosamente estas tensiones entre los nacionalistas y separatistas tuareg tuvieron siempre en jaque al gobierno de Bamako. Las rebeliones tuareg han sido constantes desde la independencia del país en 1960: primera rebelión tuareg (1961-1964), segunda rebelión tuareg (1990-1996), tercera rebelión tuareg (2007-2009), cuarta rebelión tuareg y guerra de Azawad (2012).

La primera rebelión (1961-1964) se produjo debido a que tras la independencia los representantes de estos pueblos no entraron a formar parte del gobierno, cuyas reformas agrarias amenazaban las tierras tradicionales por lo que se alzaron en guerra provocando una guerrilla en la cual se produjo una fuerte represión contra los miembros de esta etnia.

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La segunda rebelión (1990-1996) tenía como objetivo la instauración de un gobierno independiente en el norte de Mali, los tuareg, ayudados por Gadafi, atacaron a las tropas malienses que respondieron al ataque y formaron una milicia songhai. La guerra interétnica duró poco, las milicias se desarmaron y algunos milicianos pudieron reintegrarse en el ejército y otros, con la ayuda de Francia, tuvieron acuerdos y ayudas para reintegrarse a la sociedad.

El tercer alzamiento tuareg (2007-2009) afectó a Mali y Níger. Una desmovilización insuficiente de los milicianos de la anterior rebelión y la pérdida de cargos políticos entre los tuareg (algunos fueron encarcelados) provocó el segundo alzamiento.

Aunque el problema principal de Mali eran los nacionalistas que intentaban destruir el estado y construir un país independiente y étnicamente homogéneo tuareg (La República Azawad), los islamistas habían estado tejiendo sus redes. Durante la Guerra de Argelia el norte de Mali fue zona santuario de islamistas, aunque los ataques no se cebaron con el país saheliano.

Sin embargo la debilidad de Mali permitió el establecimiento de AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico), MUYAO, Ansar Dine en las regiones del norte del país, de hecho Ansar Dine (liderado por Iyad Ag Ghaly) es una escisión del nacionalismo tuareg convertida en islamista. Estas milicias conectan con otras de la región como Boko Haram.

Boko Haram, que ha establecido campañas y células en Camerún, rodea por el sur Mali. Entre los grandes líderes yihadistas está el argelino Moktar Belmoktar “el tuerto”, que se desliza por las regiones desérticas del sur de Argelia y norte de Mali, tiene buenas relaciones con las tribus nómadas (con cuyos líderes ha casado a sus hijas) y ha creado un estado paralelo yihadista, un imperio, debido a que controla las rutas de tráfico de cocaína, por lo que ha podido expandir sus redes yihadistas por todo el norte de África.

Las relaciones que desde los años noventa han ido estrechando a yihadistas hiperfinanciados muy motivados por un lado y nacionalistas tuareg por otro generaron un cóctel explosivo que se sabía que iba a explotar, lo que no se sabía era cuando.

La gran explosión coincidió con una gran oportunidad para el yihadismo internacional. En directo Gadafi era asesinado y Libia pasaba a ser un estado fallido. Las redes yihadistas fueron a dominar el territorio lo que provocó el movimiento de miles de milicianos de decenas de grupos islamistas a Libia, que era vista tanto como un mercado ampliado que unía Sahel con el Mediterráneo como en el gran eje yihadista en el Magreb. Libia y Mali eran un tándem.

A pesar de las tensiones en Chad y en Níger el siguiente país en caer fue Mali. El auge yihadista, el dinero, los milicianos, las armas, la tradición de guerra contra el estado y las opciones reales de unir a todas las facciones para poder barrer al débil estado maliense hizo estallar la guerra.

Una amalgama de grupos islamistas, de los que hemos hablado ya, junto con el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad, creado en 2011, y que une a todos los grupos nacionalistas tuareg de ideología laica se lanzó al combate. La guerra fue relámpago…ciudades como Gao, Tombuctú y Kidal cayeron en pocas semanas y en 2012 se produjo la Declaración de Independencia de Azawad. Tombuctó y Gao, en la rivera del río Níger, poseía esta defensa natural y el control del agua mientras que Kidal era una región en la reserva que cubría la espalda del frente.

¿Por qué se produjo tal victoria?; en primer lugar por la potencia militar de los milicianos y coordinación frente al ejército maliense, que contaba con el apoyo de milicias shongai y árabes de la zona, fueron barridas. Lo más interesante es que las regiones que cayeron son las más grandes del país pero, también, la más deshabitada (sólo el 10% de los malienses viven en esas latitudes con una tradición de rechazo hacia las instituciones nacionales).

A pesar de los intentos por negociar el gobierno no consiguió nada, no pudo solucionar el conflicto por vía pacífica, sus campañas militares fracasaron y perdieron toda iniciativa ya que las regiones de Mali bajo control gubernamental sufrieron ataques terroristas casi constantes que hostigaban al gobierno.

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La realidad es que Azawad se convirtió en una amenaza real para toda África Occidental. Países como Mauritania, Argelia, Senegal, Gambia, Guinea y Níger redoblaron la presencia militar en sus fronteras. El empuje islamista logró desmontar a los nacionalistas tuareg y, de repente, el norte de Mali, renombrado como Azawad comenzó a legislar acorde a la sharía y a convertirse en un estado fallido en manos de señores de la guerra con vínculos yihadistas internacionales que estaban convirtiendo el país en un agujero negro que amenazaba con prender el Sahel.

Al mismo tiempo las redes de tráfico de drogas aumentaron desde América Latina, curiosamente la vinculación entre drogas e islamismo está prohibido en base al Islam pero es una realidad financiera debido a los pingües beneficios que otorga a las milicias. Es el caso del JNIM (coalición de Al Qaeda), lo que mueve a las milicias que componen esta coalición armada no es sólo la religión sino los intereses regionales o tribales de ahí que las lealtades sean líquidas y se pase del independentismo tuareg al islamismo y de ahí a otra cosa con mucha rapidez.

En el caso del JNIM la ideología salafista está al mismo nivel, cuando no supeditada, a los intereses políticos de las milicias mientras que en el ISWAP (DAESH en África), todo queda supeditado a la religión. El tráfico de seres humanos así como de armas también aumentó a través de la línea de frontera Argelia-Níger.

El gobierno de Bamako, impedido para realizar cualquier opción solicitó ayuda a Francia que lanzó la Operación Barkhane desplegando 3.000 soldados de la temida Legión Extranjera Francesa con 15.000 soldados de la MINUSMA (Misión de Naciones Unidas para Mali) que, con el débil ejército maliense, retomaron el control del territorio que fue reintegrado en Mali, sin embargo tanto los grupos tuareg como los islamistas continúan en la zona. Si Francia se retira de Mali el país volvería  caer debido a su debilidad.

Para acabar con esto Francia entendió que hace falta algo más que la presencia militar, de ahí que lanzara el G5 del Sahel cuyo objetivo es desbancar a la inoperante CEMOC de Argelia y establecer un plan de desarrollo para el país y toda la región desde Mauritania, Burkina Fasso, Níger y Chad, regiones que sufren las embestidas del grupo islamista Boko Haram y el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP).

La expulsión de Abu Bakr Shekau del grupo terrorista Estado Islámico por la brutalidad de sus ataques y acciones hizo que el grupo africano tuviera un nuevo líder: Abu Mosab al Barnaoui (hijo de Mohamed Yusuf, fundador de Boko Haram). Abu Bakr Shekau abandonó el grupo se cree que con 1000 seguidores que se reagruparon y retomaron su nombre: Boko Haram, las zonas de actividad es el norte de Nigeria (Estado de Borno) pero también las inmediaciones del Lago Chad y las regiones desérticas de Burkina Faso, Níger, Chad y Mali.

Aunque la amenaza del ISWAP sea muy real no podemos olvidarnos del JNIM (Jamaat Nusrat Al Islam wa Al Muslimin) una unión de milicias de Al Qaeda en la zona. El gran cerebro detrás de esta alianza de Al Qaeda es Iyad Ag Ghali (líder de Ansar Dine) y sus objetivos son comunes a los de ISWAP: establecer la yihad en el Sahel y usurpar las atribuciones del inexistente estado

Sin embargo la importancia del JNIM viene dada por varios factores: permite la libertad de movimiento de los miembros yihadistas y la estructura creada sirve como foro para resolver los conflictos tribales entre grupos mediante acuerdos y alianzas debido a que una de las estrategias islamistas consiste en captar zonas rurales étnicas, especialmente agricultores o pastores cansados del modelo de estado corrupto de Mali que les impone formas de desarrollo que no aceptan, de modo que el discurso islamista cala muy bien entre estas comunidades, ya que la retórica yihadista es especialmente vehemente en sus críticas hacia el estado maliense, sus élites y su construcción económica por lo que la labor de propaganda entre estas comunidades rurales es un elemento fundamental para reclutar.

Tanto ISWAP como JNIM tienen como objetivo combatir contra los estados del Sahel pero, al mismo tiempo, pretenden liderar la yihad en la región, por lo que los a los teatros bélicos hay que añadirle una nueva lectura en cuanto a enfrentamientos y es el que ambos tienen por liderar el terrorismo en la región, fenómeno que hemos visto en Siria o Afganistán.

Sin embargo en África estamos viendo también que dentro de las grandes coaliciones Al-Qaeda y DAESH en África, que poseen grupos importantes que copan estas organizaciones, estos son asistidos por grupos menores (en muchos casos milicias islamistas étnicas como el caso de Ansarul Islam de etnia fulani en Mali y Burkina Faso) cuya función es asistir a su coalición, tejer redes logísticas paralelas y abrir nuevos focos de insurrección.

Mali ha sido el foco de insurrección para afectar a países como Burkina Faso, sobre todo desde el año 2015, sobre todo en las regiones del este del país, abandonada por el estado, que se ha convertido en el santuario de estas milicias hostigando al país. El gobierno de Uagadugú vive un incremento de los ataques islamistas contra policías, militares y población civil en las regiones del este pero, también, en las zonas limítrofes de Mali lo cual deja muy claro que las redes establecidas en el país desértico han dejado muy atrás a las localistas milicias tuareg y ahora es el epicentro de un mapa paralelo del África del Sahel

Sin embargo la problemática de Mali, más allá de la droga, la juventud y pobreza de su población y falta de oportunidades es la debilidad de su estado, lo que ha permitido que en su gigantesco territorio tan poco poblado se haya establecido diferentes santuarios para grupos yihadistas que se proyectan por todo África Occidental, Sahel, Sáhara y Magreb pero que, también, dan apoyo logístico a grupos de Nigeria o Camerún.

La influencia francesa sostiene un estado roto cuyo tratado de paz con los tuareg firmado en 2015 se rompe constantemente por las partes que, al mismo tiempo, son hostigados por los islamistas cuyo objetivo básico ahora es doble: dinamitar la escindida población del país y convertirse en santuario o proveedor de yihadistas en las latitudes africanas.

Sobre todo tras la desaparición de facto de las estructuras básicas del estado en las zonas de conflicto norteñas y, por otro lado, la reducción en cuanto a cobertura social de estas instituciones estatales en las regiones “leales” al gobierno de Bamako que, por otro lado, no ha podido construir un ambiente estable que permita acabar con estos problemas.

En definitiva el panislamismo yihadista es la última mutación de movimientos políticos cuyo objetivo es la lucha contra la inoperancia de estados depredadores y corruptos en el Sahel que enfrenta a la élite estatal postcolonial contra élites étnicas y rurales que, tras el fracaso de intentonas separatistas, se han volcado en el islamismo, caso paradigmático el de Iyad Ag Ghali que pasó de ser un nacionalista tuareg en los años noventa al líder del JNIM de Al Qaeda en el Sahel.

Estos países se están sosteniendo por los esfuerzos militares de la ONU, Francia y la Unión Europea que, a día de hoy, no han logrado establecer ni un acuerdo ni un contexto de desarrollo que vaya a poder poner fin a esta amenaza que, desde 2011 ha pasado de estar confinada en las desérticas regiones del norte de Mali y sur de Argelia a expandirse por la costa africana y por las regiones del Sahel y Sáhara llegando a Libia, al Mediterráneo y no sabemos, aún, si han trazado redes en Europa…(Foto: Wikimedia Commons)

Por Koldo Salazar López

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