Imperio chino (parte 3): el asalto a África

Durante la dinastía Ming (1368-1644) China envió una enorme flota para comerciar y explorar el mundo, esta flota estaba dirigida por Zhen He; un eunuco musulmán de la corte del emperador que hizo grandes viajes por el Océano Índico llegando hasta las costas orientales del continente negro, cruzando el cuerno de África y adentrándose en el Mar Rojo.

Aunque la expedición fue abortada a la vuelta del genial explorador esto nos deja claro que los intentos comerciales de China en África se remontan bastante atrás en la historia. Ahora China ha decidido salir al mundo y posicionarse en África por lo que nada, absolutamente nada, en su política y economía es casual sino causal, recordemos que tiene una economía planificada.

Las relaciones China-África comienzan en la era postcolonial, momento en que las recién independizadas naciones del continente se hunden en problemas étnicos internos y necesitan socios y apoyos geopolíticos. Tanto la URSS como China se prestan a ayudar a este continente intentando competir con Estados Unidos y con la URSS imponiendo su modelo maoísta.

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Mientras la URSS se desenvolvía en América Latina, este de Europa u Oriente Medio China, por su parte, había decidido lanzarse a copar el continente africano siendo, en muchos casos, más pobre que muchos países de este continente pero con una gestión mucho más eficiente. Existen tres grandes hitos en esta colaboración chino-africana:

Conferencia de Baudung de 1955 entre líderes africanos y chinos;

Discurso de Zhou Enlai en 1964 con los ocho puntos en los que se basarían las relaciones chino-africanas, dichos principios marco se resumen de esta forma:

  • Beneficio mutuo;
  • Sin condiciones adjuntas en las relaciones bilaterales;
  • Préstamos sin intereses o con intereses bajos para no crear una carga de deuda para el país receptor;
  • La ayuda debe ser para que la nación receptora desarrolle su economía, no para crear su dependencia de China;
  • Para ayudar al país receptor con un proyecto que necesita menos capital y retornos rápidos;
  • La ayuda en especie debe ser de alta calidad al precio del mercado mundial;
  • Para asegurar que la tecnología pueda ser aprendida y dominada por los locales;
  • Los expertos y técnicos chinos que trabajan para el país receptor de la ayuda reciben el mismo trato que los locales sin beneficios adicionales para ellos.

Todo esto se puede ver como un desarrollo regional de los cinco principios chinos para la coexistencia pacífica y que son línea central en sus relaciones diplomáticas:

  • Respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial;
  • No agresión mutua;
  • No interferencia en los asuntos internos de cada uno;
  • Igualdad y beneficio mutuo:
  • Convivencia pacífica.

Estas son una de las razones por la cual China fue vista como un gran socio comercial ya que su política no provocaba momentos de desestabilización regional debido a que el concepto chino de esfera de influencia varía del concepto occidental y es menos pesado para la soberanía interna de los estados, sobre todo estados postcoloniales débiles y pobres como en los años sesenta hasta ahora.

Esta colaboración hizo que, por ejemplo, en 1970 China diera un préstamo de 400 millones de dólares para la construcción de un ferrocarril de Tanzania hasta Zambia con el fin de establecer un enlace económico en la región. Esto hizo que, por ejemplo en 1971 cuando China sufrió una grave crisis en la ONU que provocó una votación sobre la representación legal de China ante Naciones Unidas en la que se dilucidaría quién era el verdadero representante del país: si la República Popular de China (la China de Mao) o la República de China (la China de Chiang Kai Shek en Taiwán).

De los 76 votos a favor de la República Popular de China, 26 eran de países africanos por lo que las relaciones entre ambos centros de poder se estrecharon, lo que provocó que las relaciones profundizaran en los años ochenta e, incluso, existieran universidades chinas para estudiantes africanos que se formaban en el país y luego volvían a África.

La presencia China en África no es exclusivamente una cuestión económica y comercial ya que China, muy interesada en sus recursos naturales para poder desarrollar aún más su poder económico; hablamos de metales tecnológicos como el coltán, cobalto, oro, níquel etc…pero también de petróleo o gas, pero el país necesita un mercado en el continente por lo que el comercio chino se ha desarrollado en África de forma exponencial, sobre todo desde el año 2000, y se han realizado grandes operaciones.

Sudán del Sur, Eritrea, Gabón, Congo, República Democrática del Congo (de donde obtiene cobalto y coltán), Angola, Zambia, Gambia o Mauritania exportan a China más del 30% mientras que Sudáfrica, Mozambique, Etiopía, Sudán, República Centroafricana, Guinea Ecuatorial o Níger (de donde obtiene uranio) exporten a China entre el 10% – 30%. El resto de países exportan a China entre el 5%-10% y de estos países obtiene grandes suministros como el petróleo de Nigeria, Sudán y Angola (en el que China ha invertido 5.800 millones sólo en el año 2006). A pesar de que obtiene uranio de Níger, como hemos visto, China lo obtiene también de Namibia lo cual implica que Pekín es un socio comercial de primer nivel.

Mientras que Estados Unidos realizaba importaciones de material africano a gran escala China cultivó las relaciones en distintas fases de su estrategia, ya que al realizar planes a largo plazo pueden permitirse establecer infraestructuras lentas pero sólidas. La inversión de más de 30 años en África comenzó a dar su fruto en la década de dos mil cuando China comienza a crecer a un ritmo del 10% anual, lo cual para el PIB es una oportunidad de reinversión de todo ese capital.

Los chinos, al contrario que los países Occidentales, en sus negocios no plantean nada más allá de la cuestión comercial; no entran reformas políticas, democráticas o sociales que puedan poner en riesgo su teatro de operaciones, son directas: China compra los materiales que necesita y establece la infraestructura necesaria para mover esos recursos hasta su país y sus fábricas.

África, por esto, representa una de las metas de la Nueva Ruta de la Seda, un ambicioso proyecto de infraestructuras mundial a todos los niveles cuyo objetivo es dinamizar un proyecto económico que permita a Pekín convertirse en el nuevo líder mundial en un clima menos beligerante.

Estas infraestructuras ha implicado el establecimiento de un puerto civil y militar en Yibuti; que sería el punto central de la línea logística china en África y cuyo objetivo sería el embarque y desembarque de recursos apoyado por una red de puertos en el Mar Rojo con Port Sudán como eje central en la región Costa Norte Africana (tomando como eje Yibuti) y Mombassa en Kenia en la Costa Sur Africana.

La inversión en esta infraestructura implicó la construcción de una red de ferrocarriles para pasajeros y mercancías con un ancho de vía estándar cuyo objetivo sería conectar por interior los puertos en los que opera china uniendo Kenia con Kampala, capital de Uganda; Bujumbura, capital de Burundi; Juba, capital de Sudán del Sur, y Kigali, capital de Ruanda. Este proyecto ya comenzó a funcionar con una línea Nairobi-Mombassa, lo que ha dinamizado la red comercial china en Kenia.

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Como vemos esta red de puertos y su infraestructura asociada permite una penetración en el continente africano muy importante.

En Sudán, donde se encuentra la red norte, China invirtió entre el año 2000 y 2011 en la construcción de un ferrocarril desde Jartum (Capital de Sudán) hasta Port Sudán así como una planta de una planta de energía de carbón de 500 MW. No podemos olvidar que China es el mayor socio inversor de Sudán, sobre todo tras las sanciones por parte de Estados Unidos a Sudán por haber albergado a Osama Bin Laden o por conflictos como el de Darfur.

China, en todo este proceso, estrechó lazos con Sudán mediante un acuerdo para la exportación de su petróleo de modo que, al poco de producirse las sanciones, China entró en el mercado petrolero sudanés con su Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) que compró el 40% de la Compañía Operadora de Petróleo del Gran Nilo (Petronas de Malasia tomó el 30% y ONGC Videsh de India adquirió el 25%) debido a la salida de las compañías occidentales se entregó el petróleo de Sudán en exclusiva a China.

Sin embargo en Sudán las relaciones han profundizado hasta alcanzar el campo de la minería, las infraestructuras civiles como la construcción de viviendas y el comercio por lo que la red ferroviaria que une Jartum con Port Sudán es básica y ha dinamizado la pobre economía del país africano, enfrascado en un grave conflicto interno en Darfur y con la secesión de Sudán del Sur.

Esta política de importación e inversiones en África llegó a sobrepasar la mitad del PIB chino lo cual ha generado un dilema y es el siguiente:

  • A) China es relativamente pobre en recursos naturales como para sostener su desarrollo de forma autárquica;
  • B) China importa masivamente los productos que hemos mencionado, esto copa su mercado interno que no puede absorber todos estos recursos importados;
  • C) Este excedente de la importación se guarda como una provisión de fondos en caso de crisis o de ruptura de las rutas de suministro y el sobreexcedente se exporta, creando un doble estándar por el cual China necesita tanto proveedores estratégicos para su desarrollo como mercados donde reinvertir su excedente y, curiosamente, es África también uno de sus grandes socios comerciales.

Como ya hemos visto en los modelos de ferrocarriles en Sudán y Kenia, que penetran hacia el centro del continente, en Yibuti la cosa no es diferente. El gigantesco puerto militar-comercial posee una red de ferrocarriles que une este puerto con Addis Abeba, la capital etíope, en lo que es una penetración que logra captar, desde estos puntos logísticos, toda la región entre las costas y las regiones al este del Nilo y el Gran Valle del Rif.

Sin embargo China no se para ahí. Entre sus proyectos más ambiciosos está la inversión multimillonaria en la red de ferrocarriles de Nigeria, a través de la China Railway Construction Corporation, con un coste de 12.000 millones de dólares y 1.402 kilómetros que recorrerá toda la costa nigeriana uniendo las ciudades de Lagos y Calabar (que se encuentra en el delta del río Cross).

Sin embargo la penetración en África Occidental es también muy poderosa, ya que desde 2015 China es el segundo socio comercial de Senegal tras la Unión Europea. Las relaciones Dakar-Pekín implican unas exportaciones valoradas en 349 millones de dólares desde China al país africano y las importaciones chinas desde Senegal representan 26.000 millones de dólares anuales.

Las relaciones son profundas ya que la Senegal Peche, la mayor empresa de pesca y transporte comercial, es ahora una subsidiaria de la Asociación Nacional de Pesca de China y en cuanto a la relación de importaciones-exportaciones China extrae de Senegal recursos naturales mientras que Senegal importa productos tecnológicos como maquinaria, telefonía móvil, textiles, manufacturas vehículos etc…Que al ser más baratos se vuelven asequibles para los consumidores africanos.

De hecho la percepción en Senegal sobre las relaciones con China son muy positivas: un 65% de la población del país considera que las relaciones con China son muy positivas ya que se aleja del estándar de relaciones comerciales mantenidas con Francia o Estados Unidos.

De hecho China es presa de una fiebre ferroviaria cuyo objetivo es realizar el proyecto que tanto desearon los británicos en el siglo XIX y comienzos del XX con su proyecto ferroviario Ciudad de El Cairo – Ciudad de El Cabo. En este caso China propone todo un sistema de carreteras y raíles (para uso comercial e individual) que permita una dinamización socio económica en el continente uniendo estas infraestructuras, que rodearían el continente bordeando sus costas, y, desde ahí, penetrarían dentro del territorio uniendo, como una red nerviosa, las costas del oriente y occidente africano.

China tiene un interés más profundo que la mera extracción de recursos, su interés va de la mano de un desarrollo que permita convertir a este gigantesco continente en su mercado. Entiende que si África comienza a desarrollarse financieramente y nace, como en su país, una gran clase media de consumo quién posea ese mercado poseerá un poder casi total a nivel internacional sin necesidad de desplazarse militarmente o encender regiones enteras.

De ahí que la visión comercial de China sea doble: África como lugar de extracción estratégico para el sostenimiento de su imperio comercial y futuro (o presente en muchos casos) mercado de exportaciones que diversifique el mercado europeo o de Medio Oriente.

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Para ello se ha apoyado no sólo en la inversión en infraestructuras o en el comercio sino en el préstamo y en la ingeniería financiera a través de los préstamos estatales del China Eximbank, del China Development Bank y la creación de zonas especiales económicas (SEZ).

Del IED obtenemos la información, poco fiable aún, de que en África existan del orden de 2000 empresas que podrían ser definidas como pymes estatales chinas y cuyo objetivo es la industria extractora de petróleo y materiales (aunque podrían ser miles más), pero en el ámbito financiero China también invierte, como en el caso de la inversión que hizo en la Standard Bank of South África a través de su banco público ICBC (Industrial and Commercial Bank of China) por un valor de 5.500 millones de dólares en lo que era una inversión del 20% del capital de este banco (el primero de Sudáfrica).

Sudáfrica es de los principales mercados de exportación de China que, a nivel financiero invierte en el continente a través de sus bancos Chinese Eximbank (CHEX) y China Development Bank (CDB) y, ambos bancos, superan cada uno la inversión del Banco Mundial en el continente que, además, al contrario del BM, las condiciones chinas son flexibles y con facilidades que desde Europa no se dan.

En el periodo 2001-2010 la financiación del CHEX fue de 67.200 millones de dólares siendo la del BM para esos años de 54.700 millones de dólares. El core del CHEX es la inversión en infraestructuras (el 80% de los proyectos financiados por este banco tiene como objetivo este campo). Desde este punto es importante conocer, como ya hemos dicho, que China tiene un serio compromiso en África como mercado y socio comercial.

De hecho en 2013 las relaciones África-China superaron los 200.000 millones de dólares mientras que el comercio europeo con África fue de 137.000 millones de dólares y 96.000 millones con Estados Unidos. Como vimos antes en la lista de países que exportaban a China, ahora veremos cuales importan productos chinos:

Sudáfrica (21%) Egipto (12%) Nigeria (10%) Argelia (7%) y Benín (5%). Estos cinco países representan más de 60% de las exportaciones de China a África. De hecho, todo este proceso de “conquista de África” sin conflictos militares ni políticos se consolida con la retirada del dólar como moneda de comercio y su sustitución por el yuan chino.

En mayo de 2018 en Harare (capital de Zimbabue) el foro ‘Tendencias en manejo de reservas soberanas’ contó con la presencia del Instituto de Gestión Financiera y Macroeconomía de África Meridional y Oriental integrado por 14 países: Angola, Botswana, Burundi, Kenia, Lesoto, Malawi, Mozambique, Namibia, Ruanda, Suazilandia, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabwe.

En este foro se plantó de forma muy seria el desplazamiento del dólar en el comercio y el pago de la deuda soberana arguyendo que la mayoría de los países de esta región tienen préstamos de China y lo lógico sería saldar la deuda en yuanes chinos en vez de dólares estadounidenses.

John Mangudya, el portavoz del Banco Central de Zimbabue, declaró que la moneda comercial en África debería ser el yuan debido al peso de las inversiones chinas en el continente que, como hemos visto, superan a las inversiones de Estados Unidos. Además, las calificaciones de las agencias financieras espantan inversores que no sean chinos por lo que, en el fondo, África debería rechazar el dólar y usar el yuan.

Esta idea la refrendó Gladys Siwela-Jadagu, portavoz del Instituto de Gestión Financiera y Macroeconómica de África Meridional y Oriental, cuando declaró en Zimbabue que existía una gran problemática con Occidente debido a que las relaciones comerciales con Estados Unidos-Unión Europea habían caído en picado frente a las relaciones comerciales con China, que sólo hacen aumentar, de modo que esto hace peligrar la hegemonía del dólar en el continente y, de forma colateral, la hegemonía del Franco CFA francés.

Además no olvidemos que el FMI incorporó al yuan a la cesta de divisas especiales de giro en el año 2016 y que por su participación ocupa el tercer lugar superando al yen japonés y a las libras esterlinas.

China ve el continente como un medio y no como una gigantesca mina, pozo de petróleo o un fin en sí mismo. El gobierno chino siempre entendió que el puntal más importante para su poder se encontraba en la denostada África, un continente donde la media de edad es de 19 años y que en treinta años doblará su población. Todo ello en países pobres y con una economía sin diversificar que por sus relaciones con China está viendo un incremento en el número de sus infraestructuras y una mejora en las ya existentes.

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Todo ello con un desempleo endémico producto de unos puestos de trabajo volátiles que se agravará en el futuro con el incremento demográfico y la falta de desarrollo de estos países, lo que hace que esto sea visto por occidente como un problema y una amenaza mientras que China ha visto en ello la oportunidad de establecer las bases de su imperio.

Sólo sus inversiones generan una media de 200.000 puestos de trabajo directos en los países en los que realiza proyectos que también abarca el nivel cultural; como el caso de los Institutos Confucio (más de 50 en todo el continente) donde se enseña chino mandarín o las becas que han llevado a 50.000 estudiantes africanos a China, número que se quiere ascender a 100.000.

Sin embargo esta situación unida a la alta natalidad en el continente puede hacer que, según las estadísticas chinas, se llegue a la creación de unos 10 millones de puestos de trabajo anuales que incorporen trabajadores con formación y cualificados debido al lento, pero progresivo, despertar de estas economías aunque estos países están sometidos a importantes retos.

China, con su trabajo, apoya este crecimiento y desarrollo apostando, con sus créditos, a la diversificación de las economías africanas que, una vez despierten, van a tener a China como su mayor socio comercial. Todo ello por el largo esfuerzo de Pekín para lograr este objetivo y situarse en la mejor posición para ser el indiscutible socio que no dueño como pretendieron naciones como Francia o Reino Unido, de este continente que está comenzando a despertar y, si eso ocurre, se producirá una transformación del continente que podría hacerle salir del oscuro pozo en el que se encuentra sumido. (Foto: Wikimedia Commons).

Por Koldo Salazar López

Véase también

Imperio chino (parte 1)

Imperio chino (parte 2)

El ferrocarril Pekín-Teherán

La base militar china en Yibuti

Piratas de Somalia

Uigures, el yihadismo chino

La irrupción geopolítica de China

La influencia china en los Balcanes

La expansión de China

China, el quebradero de cabeza de Estados Unidos

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