El eje de la resistencia en Afganistán

El triunfo de la revolución islámica de Irán en 1979 no sólo se proyectó hacia sus fronteras occidentales, sino que se proyectó hacia sus fronteras orientales, concretamente Afganistán. En ese momento el país pasaba por el inicio del calvario que convertiría al país en un montón de escombros: la guerra afgano-soviética.

Irán rápidamente se dio cuenta de varios factores: primero; era un país de élites iranias (pastunes y tayikos) y fuertemente persianizado, totalmente musulmán y con una importante minoría chiita (7%) por lo que maniobrar en ese contexto no iba a ser muy complicado para la compleja maquinaria diplomática de los ayatollah, sin embargo, los chiitas estarán divididos en Duodecimanos e ismaelíes (también importantes en la vecina Tayikitán).

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En el contexto se desarrolló la teoría de las milicias y nació Hezbollah Afganistán en 1980, antes de la célebre homónima libanesa. La estrategia iraní consistió en acoger en primer lugar a los millones de refugiados que huyeron al país por la guerra y que aún hoy viven en Irán. De hecho, Irán es el país con mayor número de refugiados afganos, muchos de ellos nacidos en Irán y que jamás han visto Afganistán.

De hecho, una alianza de milicias chiitas aliadas con Teherán desde 1979 y que se habían desarrollado hasta consolidarse en «los ocho de Teherán», una organización paraguas que duró de 1987 hasta 1989 (con la salida de los soviéticos y las pugnas entre Rabbani, Hekmatyar y los talibanes) y que estaba compuesta por Hezbollah Afganistán, Sazman i Nasir, Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Afganistán, Movimiento Islámico de Afganistán, Consejo Revolucionario Islámico de Afganistán, Movimiento Revolucionario Islámico, Unión de Guerreros Islámicos, Raad Party.

En segundo lugar, de esos grupos afganos, muchos serán chiitas que se enrolarán en milicias y serán devueltos para luchar en estructuras como Hezbollah Afganistán que luchó contra los miembros de la República Democrática Afgana y los soviéticos desplegados en el territorio. Los cuarteles de Hezbollah Afganistán se organizaron en 1980 y estaban en la ciudad sagrada de Mashdad con sucursales en las ciudades fronterizas de Nishappur, Zabol, Zahedán, Geyebad y Teherán. Desde allí comandaba Qari Ahmad Ali, que desplegó a sus tropas en la zona occidental del país. Sin embargo, otro frente chiita estaba dentro de Afganistán: los hazara, que crearon en 1979 un hazarayat en el Panjaw creando un Consejo de la Unión que cobraba impuestos, reclutaba soldados, emitía moneda, pasaportes y legaciones diplomáticas en Pakistán e Irán.

Los clérigos chiitas de los Hazara rápidamente tomaron el control sobre los nacionalistas e intelectuales y tomaron el poder para tratar de replicar el modelo de Jomeini. En 1980 se volvieron a alzar los hazara pero fueron reprimidos y crearon sus propias milicias: Harakat e Islami, Sazman e mujahidin e mustazafin, Sazman e Nasr, Sepah Pasdaran Afganistán de Muhamad Akbari, Hizbullah de Sheij Buzoki.

Esta ristra de grupos chiitas, menos conocidos de las célebres organizaciones sunitas como los Hezbi Islami, Red Haqqani o los Talibán, estaban muy bien coordinadas e Irán prestaba mucha atención ya que la acción central estaba bien protegida en territorio persa, desde donde se gestionaba todo el material de propaganda, entrenamiento y gestión económica.

Por otro lado, todas estas milicias Hazara se organizaron en torno a una gran organización paraguas llamada Hezb e Wahdat Islami Afganistán y operarían en el área de Bamiyán, en el llamado inhóspito Hazaristán (Hazarayat). Lo cual daría una gran profundidad a las operaciones militares y de inteligencia chiitas y de Irán al copar estas milicias la zona central con la asistencia de Hezbollah Afganistán, con un teatro de operaciones centrado en el oeste y suroeste del país. Aunque Hezbe Wahdat nació en 1989 como un grupo islamista chii se acabó convirtiendo en un partido representante de los Hazara en el país pero acabó por fragmentarse durante el periodo de la República Islámica de Afganistán.

En paralelo esta ayuda a los chiitas de Afganistán contrastaba con el bosque de milicias sunitas por lo que lo servicios secretos de los Pasdarán comenzaron a trabajar con milicias sunitas como Hezbi Islami cuyo líder, Gulbuddin Hekmatyar fue protegido y refugiado también en Irán.

Las actividades de Hezbollah Afganistán pasaron por horas bajas durante la dura persecución desatada por los talibanes, a los que Irán también ayudaba buscando la estabilización de sus fronteras teniendo en cuenta tanto la caída del régimen comunista afgano como la nueva realidad, lo cual no evitó la Crisis Irán – Afganistán de 1998. Un problema, que más tarde se convirtió en una oportunidad fue la presencia de más de tres millones de refugiados afganos, de clase baja, muchos de ellos mano de obra y trabajadores del campo en condiciones precarias que decidieron volver a Afganistán.

Sin contar con la persecución de los Hazaras, habitantes de Bamiyan, en los años noventa que incluso llegaron a aliarse con Hekmatyar contra Rabbani tras la expulsión de los Hazara del gobierno interino del 89, en el que no podían participar si no lograban el 20% de representación por lo que fueron excluidos, lo cual unido a la persecución que desató contra ellos Rabbani (incluso les acusó de provocar el brote de cólera en Kabul) que encima era rival del candidato proiraní Hekmatyar, hizo que Mohsiní, uno de los grandes líderes chiitas afganos se uniera a él. Esto provocó el auge de los talibanes del Mullah Omar, que frente a la debilidad de todos logró imponerse.

Sin embargo, la gran oportunidad llegó con la invasión estadounidense de Afganistán. Los talibanes cayeron y rápidamente los chiitas trataron de integrarse en el eje del poder, si bien Hezbollah Afganistán se había mantenido en la periferia política incluso tras su legalización en 2005 frente al papel de influencia Hazara, que penetró en las instituciones como defensores de los derechos humanos y la sociedad civil más allá del papel político-religioso de Hezbollah Afganistán, que no logró grandes éxitos en las urnas.

Sin embargo, el papel Hazara y de Hezbollah Afganistán como partido político era sostenido ideológicamente por Irán a la par que mantenían relaciones diplomáticas amistosas con el gobierno de la República Islámica en cuestiones de seguridad, fronteras, gestión del agua y proyectos de inversión que Irán fue aumentando desde 2008. Mientras los servicios secretos iraníes del pasdarán, viendo la realidad de la situación de Afganistán y muy incómodos por el poder de Estados Unidos en Kabul usaron grandes cantidades de dinero en acciones lobistas en Afganistán para defender los intereses de Irán en la región mientras presionaban con los chiitas a nivel político y social.

El gran apoyo vendría de su antiguo aliado, Hekmatyar, que comenzó un trabajo de acercamiento no sólo con la República Islámica de Afganistán sino posteriormente con el Emirato Islámico de Afganistán, se unió al Consejo de Reconciliación y expresó su apoyo a los talibanes en 2021 para en 2022 solicitar un modelo intraafgano inclusivo dentro del gobierno del Emirato. Esta maniobra acercó también a Teherán a los talibanes, a los que Irán iban ayudando a través de los Pasdarán sabiendo que la República Islámica afgana era muy dependiente tanto de las ayudas de Estados Unidos como de Pakistán, un gran rival (y peligroso) para Irán en la región.

La idea fue que Irán permitiría el cambio de régimen en Afganistán, y de hecho apoyó a los talibanes de forma diplomática y secreta durante el exilio del gobierno del Emirato Islámico de Afganistán en Qatar para reforzar sus posiciones en el país con un gobierno amigo que heredaría las concesiones y acuerdos realizados por el anterior país quedando Kabul en la esfera iraní más que de otro país.

En paralelo había un compromiso mutuo: las milicias chiitas y sus partidos políticos (que una vez eliminados seguirían existiendo en forma social) no serían una amenaza para el Emirato Islámico de Afganistán y el Emirato no supondría una amenaza ni para estos grupos ni para las organizaciones chiitas en el país. De hecho, este acuerdo hizo que ISKP (Estado Islámico de la Provincia de Jorasán) lanzara una campaña tanto contra talibanes como contra chiitas, especialmente Hazaras, por todo el país buscando la ruptura de estos acuerdos, pero, la colaboración y la lucha contra el terrorismo por parte de los talibanes ha reforzado la necesidad de ayuda del eje Teherán – Kabul.

Por otro lado, los partidos como Hezbe Wahdat o People’s Islamic Unity Party of Afghanistan fueron eliminados y prohibidos en Afganistán en 2023 de forma oficial por el ministro de justicia Abdul Hakim Haqqani. En su discurso dejó claro que los partidos políticos no están contemplados en la sharía islámica, cuya forma de gobierno es el califato y, en su defecto, el emirato no califal, para ello los prohibió aduciendo que no servían a los intereses del pueblo de Afganistán.

Por otro lado, sin embargo, los grupos chiitas están organizados en grupos religiosos profundamente ideologizados en su rama del islam, en el caso que nos atañe: Hezbollah Afganistán, en el tramo final de la República Islámica de Afganistán vivió un renacer de la mano de Liwa Fatemiyoun, un grupo paramilitar chiita afgano desplegado en Siria y Yemen por Irán a fin de ayudar a los esfuerzos de guerra de Bashar al Asad y de los Huthíes en Yemen.

Este grupo, que es un grupo armado, ha generado controversia entre los analistas occidentales debido a que creen que Liwa Fatemiyoun ha desplazado a Hezbollah Afganistán cuando no es así, la realidad es que Hezbollah Afganistán es una organización muy enlazada con Liwa Fatemiyoun desde 2010 hasta tal punto que podríamos hablar de una doble pertenencia y del hecho que Hezbollah Afganistán haya sido la matriz política-ideológica que conformara al grupo armado Liwa Fatemiyoun, que sin embargo no actúa en Afganistán sino en Siria y Yemen siendo que Hezbollah Afganistán sigue existiendo como organización política para su núcleo chiita.

De hecho el mismo Qari Ahmad Ali avisó en 2021 que la situación de la RIA era insostenible y que los talibanes esta vez no atacarían ni discriminarían a los chiitas por eso su grupo no se opondría al emirato ya que como difusor de las ideas jomeinistas y siendo ahora el emirato aliado a Irán, era mejor una tesis de convivencia – defensa de los intereses chiitas-iraníes que una política de enfrentamiento, de hecho eso ha permitido a Irán movilizar recursos de una zona este más o menos estable a un occidente en guerra.

La situación, por lo tanto, en Afganistán es que Hezbollah Afganistán a través de influencia social y religiosa ha dotado de ideología militante y revolucionaria chiita jomeinista a Liwa Fatemiyoun y ha sobrevivido a los partidos políticos chiitas hazaras. Al mismo tiempo esto es un seguro para Irán que les ayuda a la comunidad chií a reforzar sus puentes y alianzas diplomáticas con Kabul siendo que Afganistán es una zona de guerra de influencia entre Irán y Pakistán que Teherán está ganando.

Las injerencias en los asuntos internos de Afganistán por parte de Pakistán, las crisis y deportaciones de refugiados afganos a la fuerza y las escaramuzas fronterizas entre los talibanes pakistaníes y el gobierno de Islamabad, que les persigue atacando territorio soberano afgano tensa unas relaciones difíciles con Pakistán mientras que Irán continúa reteniendo su influencia pública y diplomática en Kabul en paralelo a su influencia ideológica y militar con Hezbollah Afganistán (con grandes contactos con Hezbollah del Líbano) y Liwa Fatemiyoun haciendo que Irán posea una influencia determinante aunque basada en el soft power en Afganistán, un país estable pero, al mismo tiempo, apuntalado por Irán para el caso de ser necesario intervenir y vivero de ideología y guerrilleros al servicio del Irán Zamin. (Foto: Wikimedia)

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