La Revolución iraní

La Revolución iraní, comandada por el imam Jomeini desde su exilio en Irak y más tarde en Francia, acabaría teniendo éxito al derrocar a Mohamed Reza Pahlevi, el Sha de Persia,  poniendo punto final a la aventura monárquica en el imperio, finiquitando la breve dinastía Pahlevi y sacudiendo los cimientos de la geopolítica internacional en esta región estratégica controlada por Estados Unidos.

El Sha gobernaba una nación empobrecida y desilusionada que nunca le quiso, ni desde su llegada al trono en el año 1941 ni en ningún momento de su reinado. Las cosas comenzaron a degenerar desde la deposición del primer ministro Mossadegh en 1953, deposición llevada a cabo por la CIA y alentada por el MI6 Británico, y que el pueblo de Irán jamás perdonaría.

El Sha Mohamed Reza Pahlevi

En todo este miasma la población iraní seguía viendo en Mohamed Reza Pahlevi la causa de la infiltración extranjera en su nación. Sus intentos de modernización chocaban cada vez más con la conciencia de un pueblo que no aceptaba tales imposiciones. En el campo la gente no se movió, los campesinos no poseían nada de lo que trabajaban, ya que las tierras pertenecían al Sha, a la corte o a las mezquitas.

Entre la población urbana hubo ciertos movimientos comunistas y demócratas que fueron desapareciendo con el tiempo debido a la brutal represión de los años cincuenta, sesenta y setenta contra los intelectuales de izquierdas y demócratas. Estados Unidos temía que la oposición socialista de Irán obtuviera poder y se produjera una revolución que provocara un viraje de Irán hacia Moscú produciendo un caos internacional para los intereses de las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, en la zona.

Tal victoria soviética no podía permitirse, la URSS no podía llegar hasta el índico, las puertas de Oriente Medio y controlar los ingentes recursos energéticos del subsuelo iraní, por lo que las agencias de inteligencia de occidente decidieron que la SAVAK, la temible agencia de inteligencia iraní, se centrara en atacar, acosar y destruir toda oposición priorizando a los comunistas.

En unos años el partido comunista iraní, el Tudeh, se convirtió en un enemigo desmantelado y residual que yacía en las cárceles del régimen, en el exilio o en las tumbas. La feroz censura de la SAVAK evito el flujo de información entre las facciones de la oposición iraní y su maquinaria aplastante, de la cual únicamente podía salvarte el mismo Sha en persona, comenzó a utilizar a la cuasi inexistente oposición comunista como un fantasma para acosar a la población. El control y el acoso sobre los súbditos iraníes generaban un clima de terror y desconfianza generalizado que sirvió para mantener al Sha Reza Pahlevi en el poder el máximo tiempo posible, ya que el propio sistema persa no tenía otro fin.

Con el paso del tiempo los comunistas desaparecieron del espectro de la oposición, el comunismo había sido extirpado de Irán. Aún así Kennedy, que temía un golpe para Estados Unidos como el que les había asestado Cuba, instó al Sha, junto con otros dictadores amigos de la zona, a comenzar una serie de reformas a fin de desarmar a la oposición. Frente a estas exhortaciones, avisos y súplicas de Estados Unidos el Sha decidió comenzar con su revolución blanca para consolidar el poder y aumentar su popularidad, dicha aventura se fundamentó en:

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Mohamed Reza Pahlevi, Sha de Persia (Foto: Wikimedia Commons)

  • Modernización del país política y social;
  • Reforma agraria;
  • Capacidad de las minorías de Irán de ejercer cargos públicos.

Se aglutinó a ciertos partidos políticos oficialistas en un solo partido “el partido del Sha”, se trataba de dar apariencia de democracia en construcción al sistema imperial, dicha reforma no cuajó entre una población cansada de la represión de la SAVAK y de las políticas de los Pahleví.

La CIA y Estados Unidos quedaron satisfechos al saber que los comunistas habían desaparecido del panorama iraní. Lo que no habían previsto los servicios de inteligencia internacionales ni los asesores fue que la sociedad de Irán gira entorno a la Mezquita y al Bazar y si el comunismo era la opción más obvia para occidente de realizar una revolución, para el pueblo iraní, profundamente piadoso, el comunismo no era sino otra idea occidental que no tenía cabida en su mundo.

La revolución vendría de los pilares de su civilización, eje sobre el que pivota todo el sistema social de estas milenarias naciones, de ahí la influencia de los ulamas, ayatollahs, imames y demás religiosos musulmanes.

La Revolución iraní

El status social y cultural de las mezquitas y huseiniyas de Irán las habían mantenido lejos de los oídos de la SAVAK, ya que en el Islam chií la mezquita es un lugar donde acaba el poder. Ni la SAVAK, ni el Sha tenían cabida en la mezquita, que por otro lado quien las conozca sabrá reconocer la diferencia entre la mezquita y la iglesia. Mientras en la iglesia reina el silencio, la meditación y la oración en las mezquitas reina la oración y el estudio a la vez que es fuente de socialización y en este ambiente turbio de persecuciones y dictadura asfixiante la mezquita era el único sitio donde los iraníes podían desahogarse y los imames eran conscientes de ello. Es más, durante la dictadura del Sha la sociedad iraní volvió sobre sus orígenes y comenzó a llenar las mezquitas, sobre todos las mujeres, las grandes protagonistas de la revolución que llevaría a Jomeini al poder.

Durante la dura represión de la SAVAK las mujeres representaron el 20% de la población opositora reclusa. La prédica había podido ser relativamente libre en las mezquitas porque no habían estado vigiladas con suficiente celo, aunque existieron casos de detenciones, torturas y asesinatos de clérigos como los casos de los Ayatollahs Saidi, Azarshari o Teleghani los dos primeros muertos en sesiones de tortura y el último liberado con los parpados cortados, ya que cerraba los ojos cuando los miembros de los SAVAK violaban a su hija delante suya. Teleghani moriría poco después debido a sus heridas físicas y mentales.

Como exponía antes la amenaza para occidente venía del frío soviético y no de la pequeña y piadosa ciudad sagrada de Qom. Occidente jamás imaginaba que desde esta ciudad un grupo de ayatollahs inofensivos, solo en apariencia, podrían tumbar al flamante Sha. De igual modo desde las mezquitas se preconizaba la oposición más virulenta a los Pahlevi por su desprecio hacia la religión, la cultura y tradiciones islámicas del mundo chiíta. La modernización, el tratar de replicar el sistema social y político (esto último en un intento de aparentar una democracia que no se sostenía, aunque tuvieran aprobada una constitución).

El eje financiador de su “Revolución blanca” sería el petróleo, en un intento por lograr la emancipación de la mujer y la introducción de valores y costumbres (como la música occidental, el cine o el alcohol), que eran vistos como una injerencia externa en la médula espinal de su nación, un insulto y una desviación intolerable que no venía de la mano de canales internacionales sino de su propio gobernante máximo que, en última instancia, era el guardián del Islam en Persia.

El despótico Sha vendía a los iraníes una modernización que estos no deseaban y volvían con fulgor a las raíces de su tradición siguiendo las soflamas opositoras de los imames y ayatollahs iraníes, el más célebre de ellos el ayatollah Jomeini que, desde el exilio, comandaría esta revolución. El dinero del petróleo no se hizo sentir salvo entre la clase adinerada, la corte, el bolsillo del Sha, la nueva petrocorte nacida a la sombra de los deliciosos dividendos que daba el oro negro y por último el ejercito. Irán formaba parte del núcleo de la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio y centroasia, ya que lograba proyectarse hacia ambos lugares, además Irán era aliado estratégico de Arabia Saudí y de Israel en aquel entonces, cerca del 70% del petróleo importado por el gobierno de Tel Aviv venía de Irán.

Irán era de vital importancia, de ahí las ingentes cantidades de dinero de USA a la Irán imperial que acabaron ingresados en bancos de Suiza, Luxemburgo o Estados Unidos a título personal del Sha o sus allegados más cercanos (o lejanos). El Sha saqueaba a su pueblo (la línea entre el dinero de Irán y el del emperador estaba totalmente desdibujada por no decir que era  era inexistente). Cuanto más crecía su fortuna más crecía el rechazo hacia el poder del Rey de Reyes debido a lo fallido del sistema que intentaba imponer, que únicamente le beneficiaba a él. Aprovechando el descontento general el ayatollah comenzó a tomar poder durante los setenta, la Revolución islámica sería en realidad la última fase de una larga revolución poliédrica y heterogénea que fue homogeneizada por el clero chiíta bajo el mando de Jomeini ya en enero de 1978.

La llegada del ayatollah Jomeini

Desde los comienzos de la década de los setenta la tensión se hacía ver cada vez más entre la población, que no dudaba en medir sus fuerzas con la del gobierno y el gobierno que no dudaba en ejercer la violencia más atroz contra los manifestantes. El caldo de cultivo y el descontento iraní comenzó con la revolución en enero de 1978, la revolución acabaría en febrero de 1979 con el Sha huyendo del país y con la llegada, unos días después, del ayatollah Jomeini para tomar el poder. Llegará a Teherán y de ahí, después de un tiempo, marchará a la ciudad de Qom desde donde dirigirá toda la política de Irán hasta su muerte en 1989.

El triunfo de esta revolución marcaría los siguientes treinta años en el panorama internacional. En este contexto Irán no dudo en exportar la Revolución islámica a todo el mundo musulmán así como financiar toda una red internacional de clientelismos para mejorar su imagen, fuertemente dañada por los gobiernos occidentales, la presencia de los Pasdarán, los guardianes de la revolución, se hará sentir en Afganistán e Irak pero sobre todo en el Líbano.

Irán se convertirá en un actor de primer nivel en el conflicto palestino situándose en el lado de sus correligionarios, a los que apoyará sin reservas. Yasser Arafat visitaría Irán el mismo año 1979. La influencia del peligroso nuevo país, que había roto relaciones diplomáticas con Estados Unidos, se hizo sentir rápidamente en la Guerra Civil del Líbano, demasiado cerca de Israel. Al mismo tiempo el ayatollah se acercó a la Siria de Hafez al Asad y del Partido Baath Arabe Socialista, que se encontraba enfrentado con el baath iraquí de Sadam Huseín, que era marcadamente Suní.

Hafez Al Asad pertenecía a la rama Alawi del islam, un subgrupo del Islam chií que representaba Irán. Estados Unidos temía que las cantidades ingentes de dinero de Irán se volcase en acciones enfocadas a acabar con Israel y sus aliados en Oriente Medio mediante la financiación de movimientos opositores chiítas, que tanto preocupaban a Sadam Husein, a los Saud de Arabia y a las demás monarquías del golfo, sobre todo Bahrein. Mientras la URSS, que no sentía ninguna simpatía por el ayatollah, temía que las actividades de este y su exportación de la revolución islámica triunfal contagiara los territorios musulmanes de la URSS en el centro de Asia y en el Cáucaso, donde se encontraba Azerbaiján, (el segundo de los dos únicos países musulmanes chiítas del mundo), el temor de Moscú era que esa revolución provocara una revuelta interna movilizando a los cuarenta millones de musulmanes soviéticos que hiciera temblar a la URSS desde dentro, lo que supondría la mayor amenaza para el socialismo desde la invasión de la URSS por parte de Hitler.

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Imam Ruhollah Jomeini, líder de la Revolución iraní (Wikimedia Commons)

Los soviéticos temían que esta circunstancia y este temor fuera detectado por Estados Unidos, que no dudaría en utilizar a la oposición centroasiatica capitalizandola a través del islam para provocar disturbios y revueltas en el corazón de la Unión Soviética. Dicho temor soviético y oportunidad estadounidense cristalizaría en la oposición al régimen comunista de Afganistán que financiado, armado y alentado por USA y Pakistán, que acabaría imponiendo su propia agenda en la región, marcaría el último cuarto del siglo XX y todo lo que llevamos de siglo XXI.

De todas formas Irán dotó de conciencia de pueblo a todos los chiítas, hay que recordar que los chiítas tienen presencia más o menos importante en todos los países de Oriente Medio. Dotarles de una guía y aglutinarlos entorno a un proyecto político exitoso legitimó y dio fuerzas al gobierno baathista sirio (Chií) así como a Hezbollah y a las minorías (despreciadas y marginadas) chiítas de Bahrein, Arabia, Yemen, Jordania e incluso Nigeria y está penetrando seriamente en América Latina para hacer llegar el mensaje del Islam Chiita.

El impacto del triunfo de Jomeini fue traumático ya que al haber logrado vencer en su revolución interna y dotar al chiísmo de una identidad (que cada vez más se veía como una rama autónoma, incluso en una noción de civilización propia dentro del Islam) y de un guía (el líder supremo de Irán Jomeini en su inicio y ahora Jamenei) que los apoyaría y financiaría como ocurre ahora con los chiítas de Irak, Siria, Líbano y Yemen se iniciaría la construcción de un poderoso bloque de oposición.

La presencia de Irán se notará también en conflictos entre musulmanes y otras civilizaciones aunque de esto trataremos más adelante. La revolución en Irán causó un grave efecto en Iraq, que tenía problemas con los kurdos del norte. Husein temía un alzamiento de los chiítas iraquíes (que representan entorno al 60% de la población total de Irak) alentados por el modelo, aunque adaptado, de la Revolución iraní. Sadam Huseín rápidamente pasó a ocupar el puesto de Sha frente a los Estados Unidos, es decir, se convertía en el aliado estratégico de los intereses de Washington en el corazón de Oriente Medio.

Los estadounidenses, conocedores del miedo de Sadam a una insurrección interna y de las refriegas fronterizas en las zonas de la frontera sur de Iraq e Irán por unas islas que Sadam deseaba para sí pero que nunca se había atrevido a anexionarse. Washington, que deseaba acabar con el régimen de Jomeini, usó el miedo y la codicia de Sadam haciéndole entender que no se opondrían a una guerra, es más le aseguraron que ayudarían a Iraq sin condiciones poniendo a su disposición armamento, inteligencia y recursos y que tampoco se opondrían a la anexión de los territorios iraníes en disputa en el suroeste de Irán.

Se estaba fraguando la Guerra Iraq-Irán que acabaría empantanando ambos países, la contienda se convertiría en una guerra de trincheras que socavaría Oriente Medio y dejaría herido de muerte a Sadam Huseín. El objetivo de la guerra era muy sencillo: Irán acababa de salir de una revolución catártica que había deconstruído el país, la SAVAK, el servicio de inteligencia había sido desmantelado, el sistema político estaba cambiado, Irán sufría también una crisis diplomática producto del nuevo rumbo de su situación política y a todo eso había que añadirle la crisis de los rehenes de Teherán, por lo que en este panorama la guerra podría ser definitivo.

La crisis de los rehenes de Teherán

Cuando el depuesto Sha Reza Pahlevi de Persia huyó de Irán fue a Estados Unidos el 22 de Octubre de 1979 para ser sometido a un tratamiento contra el cáncer. La llegada de Mohamed Reza Pahleví a Estados Unidos significó el fin de unas relaciones extremadamente tensas entre el nuevo gobierno y Washington. En esos días una multitud de jóvenes, en señal de protesta, rodeó la embajada de Estados Unidos en Teherán pidiendo la extradición del Sha para ser juzgado por crímenes en Irán.

Estados Unidos al negarse provocó que los cientos de jóvenes (entre 300 y 2.000) que rodeaban la embajada la asaltasen y tomaran como rehenes a 52 miembros de la embajada americana. El secuestro duró 444 días, desde el 4 de noviembre de 1979 hasta el 20 de enero de 1981. La administración Carter sufrió un duro golpe por los constantes fracasos a la hora de solucionar el conflicto. Dichos intentos fueron desde el pago de rescates hasta dos intentos de rescate por fuerzas especiales estadounidenses que fracasaron estrepitosamente y hundieron al Presidente Carter que perdió estrepitosamente frente a Ronald Reagan. El nuevo panorama de la guerra de Iraq-Irán, la muerte del Sha, los problemas internos derivados de la invasión y la nueva conyuntura en Estados Unidos hicieron que Jomeini quisiera cerrar este conflicto negociando con Reagan, el ayatollah exigió:

  • Desbloqueo del capital iraní en bancos estadounidenses;
  • No intervención en los asuntos internos de la República Islámica de Irán;
  • Fin de las demandas contra Irán;
  • Devolución a Irán de los fondos personales del Sha.

Reagan cedió en todo menos en el último requisito que prometió someterlo al arbitraje judicial. Los estadounidenses fueron llevados a Alemania donde les recibiría el ex Presidente Carter como emisario de la administración Reagan y, de allí, fueron conducidos a USA como héroes. Todos habían ganado. En estos frágiles momentos de la Revolución islámica permitió a Jomeini consolidar su poder recién obtenido que contaba, sin embargo, con el apoyo generalizado de la sociedad siendo muy minoritaria e insignificante los focos de oposición. De ahí que ante la imposibilidad de injerencia interna Estados Unidos lanzara a Iraq contra Irán a fin de desgastar económica y moralmente al gobierno de Teherán que se veía inmerso en una guerra a gran escala en su territorio. Paradojicamente el equipo militar adquirido por el Sha permitió a Irán aguantar el empuje de las bien equipadas tropas iraquíes.

Zbigniew Brzezinski (que había propuesto invadir Irán para mantener en el poder al impopular Sha) fue quién presionó a Saddam Huseyn para que iniciara una guerra contra Irán asegurando que Washington cubriría diplomáticamente a Iraq, asimismo pidió a sus aliados en la región, Kuwait, Arabia y Egipto que presionaran a Iraq para que atacase a Irán, la colaboración fue tan estrecha que la CIA abrió una sucursal en Bagdad y en 1983 Donald Rumsfeld, de la administración Reagan, fue enviado a Iraq para entrevistarse con Sadam, prometiendo que seguirían financiando y armando a su ejercito y que empresas estadounidenses bajo licencia del comité de comercio de USA entregarían cepas de antrax que más tarde serían usadas en la represión de los kurdos en 1988.

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Seyed Ali Jamenei, sucesor de Jomeini y actual líder de Irán (Foto: Wikimedia Commons)

La revolución iraní logró superar la guerra y consolidarse después de la muerte del Imam Ruhollah Jomeini, líder revolucionario y padre de la República Islámica de Irán. Le sucedería como nuevo líder un aperturista y moderado Seyyed Ali Jamenei que logró estabilizar y desarrollar un país que está llamado a ser potencia regional en Oriente Medio. (Foto: Wikipedia)

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