La restauración del Emirato Islámico de Afganistán (Parte Primera)

La rapidísima ofensiva talibán nos dejaba este fin de semana estupefactos: Kandahar y Mazar i Shariff eran entregadas directamente a los milicianos talibán por parte del ejército que debía defenderlas. En Kabul, donde se esperaba una intensa batalla la situación fue igual, momentos de duda, confusión y de repente Ghani no está…ni el Presidente Ghani ni el mariscal Dostum, nadie.

Todos huyeron despavoridos: Dostum en Taskent, Ghani en Dusambé y los soldados que no se pasaron a los talibanes desertaron a sus casas, están huyendo a Uzbekistán, Tayikistán, Pakistán o en el aeropuerto internacional de Kabul intentando irse del país.

Lo que nos preguntamos es lo siguiente: ¿cómo un grupo derrotado por USA en 2001 ha podido tomar el poder?, quizás porque confundimos la caída de los talibanes con la derrota de los mismos. Los talibanes no fueron derrotados en ningún caso, se refugiaron en las montañas, en el Pastunistán pakistaní y en zonas rurales perdidas de la mano de Dios desde donde se reforzaron.

Los talibanes tenían nexos internaciones no sólo en Pakistán sino en Chechenia durante la era independiente pero también en Arabia Saudí y los Emiratos (los dos únicos países que habían reconocido al Emirato Islámico de Afganistán junto con Pakistán). Tenían contactos en Tayikistán, Uzbekistán etc…, y, obviamente, con Al Qaeda.

Para el Emirato Islámico de Afganistán la presencia de Estados Unidos y el resto de potencias occidentales resultaba odiosa y era combatida. La instauración de la República Islámica de Afganistán era una aberración pero, para ellos, esa aberración no tenía poder efectivo.

El estado afgano no tenía potestas ni auctoritas, ni administración efectiva ni instituciones eficientes. La poca infraestructura política y administrativa encima era corrupta e ineficaz. Sin contar con que los líderes del país eran señores de la guerra del norte como Abdul Rashid Dostum o Attah Nour.

Frente a esta confusión dentro del estado afgano entre liderazgos tribales que intentaban confluir a través de campañas electores y comicios, la realidad es que en Afganistán existían tres países:

-El país donde vivía la élite, sus allegados y partidarios, una dictadura islámica a la occidental copiando el modelo pakistaní inefectiva y corrupta;

-Una minúscula clase media urbanita democrática a la occidental con un fuerte componente nacionalista (los que ahora están intentado huir despavoridos);

-El omnipresente mundo rural como base de una más amplia clase tradicionalista e islamista urbana donde los talibanes se hacían fuertes.

Para el Emirato Islámico de Afganistán en su ideología no hay grises ni negociaciones, no se vota ni se discuten los principios de su ideología-estado al ser una ideología totalitaria cerrada donde la construcción de la política es el Corán, los Hadices y, en paralelo, la tradición afgana islámica o islamizada.

Los afganos que viven dentro de la ideología islamista y tradicionalista (espectro amplio que va desde el mundo rural hasta las clases bajas urbanas, eruditos, sabios islámicos y élites intelectuales afganas) ven un modelo continuista en sus vidas, la construcción de un estado deseable a sus intereses. Las clases bajas urbanas sienten una profunda estabilidad en su concepción política y social al abandonar la inestabilidad total del gobierno y la ocupación, creen que su vida va a mejorar: más seguridad, 0 corrupción etc…

Sin embargo no podemos dejarnos engañar por las apariencias, no sólo el mundo tradicionalista e islamista apoya al talibán sino el mundo patriota que no es especialmente radical. No hace falta ser un talibán impenitente para apoyar a los talibanes.

Por eso lo interesante de todo es que esta ideología: Corán+Sunna+Tradición afgana confiere al luchador talibán un aire eminentemente patriota y revolucionario: patriota porque se enfrenta a Occidente y a los occidentales y revolucionario porque demuele un sistema ineficaz para sustituirlo por uno que promete el paraíso en esta vida y en la otra y eso para un país como Afganistán, con una tasa de analfabetismo galopante, pobreza endémica e inseguridad crónica es una gran tentación.

El afgano medio ve al talibán como un restaurador de lo que Afganistán siempre fue y eso es muy importante. El Emirato Islámico de Afganistán no es una revolución involucionista sino la restauración de lo que el Afganistán independiente (cuando no estaba integrada en los imperios persas, mongoles o timúridas) siempre fue: un emirato como proyecto político excluyente impuesto sobre todos los afganos donde la posición de los líderes tribales y sus tribus podía ser cómoda.

El proceso histórico que, para el afgano medio, fue interrumpido con las guerras anglo-afganas, la aparición de la dinastía Barakzai, la caída de los Durrani en esas fechas, las luchas entre estos reyes que pretendían modernizar el país y las tribus que se oponían a dichas reformas. En el juego de asaltos al poder el último caso fue el de Habibullah Kalakani Rey de Afganistán entre enero y octubre de 1929 que llegó al poder tras derrocar a Amanulá Khan y Inayatullá Khan (reyes que dentro de la ola de modernización que sacudió Asia Central cayeron en desgracia) con el apoyo de las tribus que se oponían a la modernización del país.

Los talibanes son considerados como los descendientes ideológicos de esta corriente reaccionaria y patriota afgana frente a los occidentalizados ya sean comunistas prosoviéticos, monárquicos a la occidental o demócratas proestadounidenses. Todos ellos pretenden ser modernizadores y por ello son vistos como los descendientes ideológicos de los Barakzai y ahí entran no sólo el último Shah (depuesto en los 70), sino el nacionalista Daud Khan, los comunistas Taraki y Hafizullah Amín hasta los gobiernos post 2002 de Hamid Karzai o Ashraf Ghani sostenidos por Estados Unidos. El pueblo afgano tiene sus arquetipos, filias y fobias.

Además los talibanes, en su ideología, no resultan un estorbo para las tribus y sus líderes ya que la concepción del Emirato no es nacional como la República, que sí generó tensiones con las etnias norteñas, sino que en el modelo reinstaurado hace unos días las tribus afganas sunitas (los Hazaras son chiitas y se enfrentan a un futuro incierto) gobiernan sus territorios libremente bajo el yugo y la obediencia tanto al Emir como a las leyes Sharia impuestas. Violar tanto la lealtad al emir como modificar las leyes puede provocar una declaración de takfir y la consecuente yihad.

Para los líderes tribales eso es mucho más cómodo que un sistema de poder centralizado en un Presidente que debe someterse a campañas electorales y al control de un parlamento. Lo que los talibanes proponen no es otra cosa que una dictadura teocrática totalitaria indiscutible y eso a amplios sectores del agotado pueblo afgano les parece bien.

La victoria de los talibanes no es tanto eso como la derrota de los países occidentales que, durante veinte años, no supieron qué hacer y lo que hicieron, lo hicieron mal: crearon un gobierno corrupto e ineficiente; no se reconstruyeron infraestructuras, no hubo plan de choque económico al estilo del Plan Marshall, no hubo ayuda financiera ni apoyos para impulsar una gran clase media liberal en lo económico aunque conservadora en el pensamiento, situación que con la gran natalidad y con una ofensiva educativa desde el 2002 se podría haber dado la vuelta.

El objetivo fue derrocar y perseguir a los talibanes, eliminar Al Qaeda del país, matar a Bin Laden y a cuantos muyahidines se pudiera y enfocar la guerra en una mera gestión de la situación para un acuartelamiento lo más cómo posible para las tropas estadounidenses mientras montaban un estado títere, nada más.

Pero no nos equivoquemos, la iniciativa siempre fue talibán: tanto ideológica como operativa, muchas veces USA se veía envuelta en combates para defenderse más que para atacar. Los ejércitos occidentales se desangraron con emboscadas y atentados. Los muyahidines afganos lo sabían y se tomaron su tiempo en reforzar sus lazos con el ISI pakistaní y los pastunes de Pakistán, reforzaron sus lazos en los Emiratos Árabes, Qatar y Arabia Saudí, de hecho allí forzaron las conversaciones con Estados Unidos que, curiosamente, en sus documentos no se dirigían a ellos como Talibanes sino como Emirato Islámico de Afganistán.

Las redes internas de apoyo directo en las zonas rurales fue clave para establecer santuarios, las redes de inteligencia y caridad vinculadas a ellos e incontrolables se ganaron el apoyo de muchos ciudadanos urbanitas. La estrategia de propaganda e infraestructura social que fueron construyendo en veinte años frente a todos creó un estado dentro del estado que ahora simplemente ha aflorado.

Esto afecta también a las medidas económicas, la economía islámica es comercial. El comercio y el mercado es junto a la mezquita el eje de la vida social. Dentro del Islam existe un asistencialismo social, componente que en Afganistán se agudiza por al situación de pobreza extrema que se vive. El asistencialismo tribal junto con esa suerte de liberalismo comercial y socialismo islámico con la redistribución de la riqueza a través del pago del zakat y los impuestos ayuda a la creación de una gigantesca gran clase dependiente del poder político-religioso que a su vez evita el despegue económico y social del país.

Los talibanes usaron esto también durante los años 2001-2021; crearon en sus zonas una economía de subsistencia enfocada a la guerra pero siendo conscientes de la importancia del comercio (siempre que fuera con objetos y de forma islámica), a su vez eran conscientes de la importancia asistencial de su misión y eso, en estados como este, es básico para ganarse el apoyo de la gente. Ayudar a viudas, heridos de guerra, niños, tener un “médico”, un “juez” y distribuir comida a la par que ejerces funciones policiales es algo que se gana la lealtad de un pueblo, además lealtad que en el sentido tribal y religioso del Centro de Asia significa que llegado el momento si hay que coger las armas, se coge.

Porque no nos olvidemos, un grupo (el que sea) que es capaz de gestionar todo un ejército y lanzar una ofensiva a escala nacional con lo que implica en logística, coordinación y recursos ¿no tiene ya creado un estado en las zonas bajo control?, claro que lo tienen. La revolución talibán que acaba de tomar el poder lo único que hará será aplicar las instituciones de estado que tenían en su territorio al resto del país.

Mientras, en paralelo, miles de afganos huyen a Irán, Pakistán, Uzbekistán o a través del aeropuerto internacional de Kabul. ¿Cuántos miles han salido a festejar la llegada al poder de los Talibán?, ¿Cuántos les han dado la bienvenida?, muchos más. La situación es clara…entre los que desertaron porque no querían luchar y los que se pasaron al bando talibán el mensaje es claro: de forma tácita y expresa, el pueblo afgano rubrica la llegada al poder del Emirato Islámico de Afganistán y tan inevitable era que Estados Unidos llevaba negociando con ellos desde 2018, Rusia y China también.

Tan conscientes eran en Washington de que la República Islámica de Afganistán se sostenía por la presencia occidental que sólo el anuncio de la retirada provocó la caída y el surgimiento del Emirato, tanta ansiedad hubo que Kabul cayó en paralelo a la evacuación del personal extranjero.

En definitiva, lo que para nosotros es la caída de Afganistán para muchos afganos es la restauración y la vuelta del país a su estado histórico original e inalienable: el Emirato Islámico de Afganistán. (Foto: Captura de Pantalla)

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