La presa etíope que Israel quiere

Etiopía es uno de los países más importantes de las regiones orientales de África, su situación estratégica cerca de Somalia, Sudán, Eritrea y Yibouti así como su cercanía al estrecho de Bab el Mandeb, frente a la costa yemení, sitúa a Etiopía como una de las nacionales más importantes de esta región.

Es un país mayoritariamente cristiano, perteneciente al cristianismo copto (que tiene una sede patriarcal en Addis Abeba) pero, también, con Israel debido a las vinculaciones de este cristianismo copto sui generis y al hecho de que su dinastía está, supuestamente, emparentada con el mítico rey Salomón. De hecho, y de forma más cercana, hay una gran cantidad de judíos etíopes en Israel que han colonizado las regiones ocupadas a Palestina.

Sin embargo, Etiopía es importante por otro hecho, por su territorio discurre el río Nilo, básico para toda África y, sobre todo, para Egipto, un aliado inestable de Israel que ya asustó al régimen sionista y a Occidente con la llegada de Mohamed Mursi al poder.

Sin embargo Etiopía, con la construcción de la presa Gran Renacimiento, podrá abastecer de agua la seca tierra etíope y de energía a su país en desarrollo, lo que ha levantado los grandes miedos de Egipto que, como la guerra de Siria y Turquía por el agua, amenaza gravemente la estabilidad del país de los faraones.

El gobierno de Al Sisi teme que la construcción de esta presa, una obra comparable a la presa de Asuán que creó el lago Nasser (en la parte egipcia, ya que los sudaneses la llaman el lago de Nubia), pueda restar capacidad hidrológica al río y afectar tanto al suministro de agua para el consumo humano, la agricultura y ganadería así como del suministro de energía.

Israel, por su parte, ha estrechado lazos con Etiopía para asegurar que estas relaciones diplomáticas permitan que si Egipto, en un futuro, vira su posición geopolítica hacia posiciones enfrentadas a Israel o si el comportamiento del estado egipcio se vuelve hostil, los etíopes, como aliados de Israel, puedan cerrar el tránsito del río y afectar de esta manera a la arteria básica del país.

Para evitar esto, Abdelfatah al Sisi se reunió en 2018 con Abiy Ahmed, presidente de Etiopía declaró que: “Quiero decir al pueblo egipcio: Tememos a Dios, somos vecinos y no tenemos intención de dañar al pueblo egipcio” y firmó un acuerdo para mantener intacta la cuota hidrológica del Nilo.

Sudán, por su parte, enfrentada a Egipto por el conflicto de Hala´ib ve con buenos ojos el proyecto etíope (que está pagando en solitario) ya que se beneficiará de la regulación del río y de la energía, ya que Etiopía una vez finalizada la obra se convertirá en el mayor exportador de energía de África. Sin embargo, Egipto teme también porque las buenas relaciones entre Tel-Aviv y Addis Abeba desemboquen en un cerco que use el agua como chantaje ante movimientos soberanos y legítimos de Egipto que molesten a Israel. (Foto: Wikimedia Commons)


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