La base militar china en Djibouti

Muchas veces en la cuestión de la geoestrategia aparecen pequeños países, muy pobres y subdesarrollados que cambian la ecuación en toda una región, hasta tal punto que la configuran de nuevo.

Djibouti es un país pequeño y pobre que logró la independencia de Francia en 1977, se encuentra en el cuerno de África, entre Etiopía, Somalia y Eritrea, frente a las costas de Yemen por lo que su posición geográfica en en estrecho de Adén, uno de los puntos neurálgicos del comercio internacional y de las rutas de suministro de petroleo a Occidente. Controlar este país significa tener la puerta abierta al continente negro, asegurar bases de abastecimiento de barcos comerciales, petroleros y militares en pleno trayecto y como punto de control de los piratas de la región.

Djibouti, a pesar de su insignificancia política, posee una base militar estadounidense (Camp Lemonnier), Arabia Saudí posee otra y, ahora China, va a crear la suya. Además en la vecina Eritrea Francia tiene una base militar de la Legión Extranjera.

No olvidemos otra cosa, China ha realizado un profundo trabajo de ingeniería diplomática y política en África para atraerse hacia Pekín las dictaduras africanas, inmensamente ricas en materias primas e hidrocarburos de las que el país asiático carece o no posee en cantidad suficiente como para poder auto abastecerse, de ahí que acuda a los mercados y a las relaciones  internacionales, lo que no se posee en el territorio debe ser buscado en el mercado extranjero.

La profunda riqueza económica y poder financiero de China le ha permitido poder formar parte indispensable en el flujo de capitales mundial, al pasar de ser un estado de socialismo de estado al capitalismo de estado, esto le ha permitido tener una gran influencia, influencia que se ha mostrado en América Latina.

El predominio chino se basa en la capacidad de poder asegurar sus fuentes de recursos con países y rutas seguras que les permita poder mover sus mercancía e importar otras y para ello hace falta una logística fuerte y estable. No olvidemos que el complejo industrial en China es inmenso y ha inundado el mercado europeo, millones de productos made in China vienen cruzando el Océano Índico hasta penetrar en el estrecho de Adén y allí al Mar Rojo, rumbo al Canal de Suez y a Europa.

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Djibouti, en color rojo, (Foto: Wikipedia)

Asegurar esa ruta con una base militar en territorio africano es muy importante debido a que, aparte de la cuestión del abastecimiento de los buques, China logra una plataforma política, diplomática y logística que le permite proyectarse hacia los países del África oriental y central y por todo el corredor del Mar Rojo.

Además, Djibouti es colindante a Yemen, país al que ha ayudado en su guerra contra el Estado Islámico y la injerencia saudí, al mismo tiempo las necesidades chinas en Oriente Medio necesitan de una presencia militar que sea capaz de contener y solventar problemas regionales, a fin de asegurar su predominancia en la región. Si bien China no busca una proyección región a nivel político o de influencia, por el contrario busca una proyección comercial y financiera y, para ello, debe desplazar a los Estados Unidos.

El gobierno de Washington, debido a los años de dominio y supremacía internacional desde los años sesenta, vivió una progresiva agresividad en su política exterior, acentuada durante los mandatos de Bill Clinton, George Bush Jr y Barak Obama, pero la incapacidad de diálogo y la poca predisposición a ceder ante las demandas o necesidades de sus “socios” hizo que los estados aseguraran su posición tratando con la super potencia internacional hasta que la crisis económica y política, que está royendo los cimientos de Estados Unidos lentamente, ha ido debilitando la proyección exterior de Washington y en la corta legislatura de Donald Trump se está viendo esta decadencia.

De hecho la proyección china se ha ido produciendo de forma progresiva, influencia en el mercado, compra de activos públicos, expansión industrial y financiera y, por último, apertura de bases militares. La OTAN lo sabe y de ahí su intento por presionar a China en sus caminos naturales, el Océano Pacífico y el Índico, así como el progresivo desinterés por el polvorín medio oriental, relativamente asegurado para los intereses de Washington, y su creciente interés en el bloque Asia-Pacífico y la influencia china a nivel regional en el sudeste asiático pero, también, alrededor del mundo.

El gobierno de Pekín, en este contexto, ha sabido tomar conciencia del concepto de mundo globalizado y se hace valer como potencia internacional de primer orden en un mundo multilateral. (Foto: Wikimedia Commons)

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