Los setenta: la convulsión afgana, del Imperio a la revolución de Daud

Para conocer Afganistán no sólo basta conocer su cultura, composición tribal (lo cual es de vital importancia) o sus tendencias religiosas sino su historia reciente. A los años setenta se les podría denominar como la génesis de la crisis afgana que sigue a día de hoy, casi cincuenta años después, saltándonos en la cara.


En 1934 sube al poder Mohamed Zahir Shah, el último emperador de Afganistán. Su reinado es complejo debido a la complejidad regional e histórica en la que se mueve, al llegar al poder con diecinueve años tras el asesinato de su padre su carácter tímido y suave le hace bailar en la política internacional de forma cautelosa, sobre todo tras la derrota de los voluntarios afganos que envía a ayudar en la creación de la Primera República del Turquestán Oriental a los kirguises y uigures que la proclaman.


La revuelta, que acabó en 1934, un año después de su proclamación como Shah le hizo ver la política de una forma interesante. Aliado del eje fue uno de los pocos países que se mantuvo estrictamente neutral, sobre todo tras la experiencia de la invasión de Irán por parte de los británicos para deponer al Shah Reza Pahlevi por su hijo, el manejable Mohamed Reza Pahlevi en 1941.


Lo ocurrido en Persia hizo que cerrara el país a cualquier aventura militar externa, sobre todo tras el impulso diplomático que dio en los años treinta para establecer relaciones internacionales, entrar en la Sociedad de Naciones y lograr establecer acuerdos a todos los niveles. Sin embargo uno de los hitos de su reina se produce con la independencia de la India Británica y el posterior conflicto entre India y Pakistán (convertida en República Islámica) en la cual habitan varios millones de pastunes, una de las etnias más importantes de Afganistán.


Frente a este proceso, las fronteras afganas se cargan no sólo de conflictos sino de procesos de modernización: la URSS tras la Segunda Guerra Mundial vive un proceso de modernización e industrialización notable, Pakistán intenta establecerse como estado fuerte para lidiar con India y defender sus derechos sobre Pakistán y en paralelo el Shah Mohamed Reza Pahlevi está en proceso de modernización de Irán.


Mohamed Zahir, por lo tanto, apoyado en sus tíos Mohammad Hashim Khan, Shah Mahmoud Khan como después en su primo Mohamed Daud Khan, decide emprender el camino del progreso de Afganistán contratando asesores externos que le ayuden en la tarea de acabar con el atraso del país a todos los niveles: social, económico, político y religioso.


Sin embargo Mohamed Daud Khan, que sería Primer Ministro del Emperador desde 1953 hasta 1963 cometió dos grandes errores: el primero fue intentar instrumentalizar a los pastunes de Pakistán y atraerlos a Afganistán fomentando y apoyando los movimientos irredentistas pastunes, especialmente la teoría del Pastunistán como estado independiente o como región integrada en Afganistán lo cual sumergió a Kabul en disputas y conflictos con el gobierno de Islamabad. El segundo error que cometió fue que, en sus ansias de poder, Mohamed Daud Khan sometió al emperador a un creciente aislamiento apartándolo de las tareas de gobierno y concentrando el poder.


Sin embargo, en un golpe de mano palaciego el Emperador depuso a Mohamed Daud Khan, retomó el poder y estableció relaciones cordiales con Pakistán abandonando de forma oficial la teoría del pastunistán. Será en 1964 cuando se dé el primer gran hito interno de Afganistán: se aprueba la constitución afgana en la cual da inicio una monarquía parlamentaria limitada por la cual la familia real queda fuera de casi todas las administraciones públicas, se reconoce la igualdad de todos los afganos independientemente de su sexo, raza y religión, se persigue la purdah (tradición de cubrir a las mujeres afganas) y se procede a la emancipación de la mujer otorgándole sufragio universal activo y pasivo, dándole derecho a la educación y el trabajo. La labor fue de tal calibre que se inauguró la primera universidad moderna del país: la Universidad de Kabul.

En lo político se intentó una serie de propuestas para mejorar las infraestructuras, el ejército y el mundo rural (masivo y abandonado durante décadas). Sin embargo, a finales de los sesenta el país sufrió una grave crisis económica y humanitaria por una sequía de tres años, la geopolítica imperial logró que países como la URSS o Estados Unidos colaboraran para ayudar a Afganistán en el único ejemplo de la Guerra Fría en el que ambos países ayudaron de forma directa al país imperial.


Durante este periodo el descontento de la clase aristocrática tradicional afgana unida al mundo rural apoyó un golpe de estado en julio de 1973 por el cual Mohamed Daud Khan, ex Primer Ministro, primo y cuñado del emperador, derrocó a Mohamed Zahir Khan mientras se sometía a una cirugía para curar su lumbalgia en Italia. La Revolución de Daud de 1973 sólo triunfó cuando el emperador abdicó un mes después, en agosto de 1973.


En su reinado vemos el intento de Mohamed Zahir por introducir a Afganistán en la Comunidad Internacional de como un estado normal y, al mismo tiempo, intenta modernizar social, política y culturalmente un país que heredó anclado en la edad media islámica: un país sometido a las tensiones de los líderes religiosos y tribales rurales que torpedeaban las medidas imperiales generando una desestabilización por las actividades facciosas de estos líderes lejanos a la capital, a lo que hay que sumar el poder de la aristocracia feudal afgana que tampoco aceptaba de buena gana estos movimientos.


Será, curiosamente, la pequeña clase media urbanita, los comerciantes y la aristocracia urbana los que verán estas reformas con buenos ojos. Curiosamente, serán las reformas de Mohamed Zahir Shah las que sentencien al gobierno de Mohamed Daud Khan debido a que las mismas serán un acicate para esa clase moderna urbana y liberal que desembocará en un partido comunista capaz de plantar cara al gobierno de la República Nacionalista y, al mismo tiempo, plegará sobre sus tradiciones y religión a la élite tribal y religiosa que no aceptó ningún proceso de secularización de su sociedad.


El ascendente de Mohamed Zahir Khan fue tal que ninguno de estos grupos se atrevió a plantar cara al emperador durante el periodo “revolucionario” sino sólo después de tres años de dura crisis económica y sequía. Hasta tal punto es el respeto que se tenía hacia el Shah que tras la caída de los talibanes en 2001 se barajó la opción de restituir la constitución de 1964 actualizada y restaurar la monarquía, a lo que tanto Estados Unidos como el propio Mohamed Zahir Shah se negaron aunque fue elegido para convocar la asamblea de notables que eligió a Hamid Karzai como Presidente de la República y, finalmente, fue declarado como padre de la patria. Murió en Kabul el 27 de julio de 2007 a los 92 años. (foto: Wikipedia)

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