¿Quiénes son los sufíes?

Se habla mucho de las tendencias del Islam, especialmente de la guerra entre sunitas y chiitas en Oriente Medio pero, sin embargo, no se ha hecho especial hincapié en el papel de los sufíes.

Los sufíes son los místicos del Islam, sujetos que rompen con las normas legalistas y establecen una unión más íntima con Allah llegando a estados místicos y ascéticos que fueron conocidos ya al principio de la era islámica. Uno de los grandes sufíes es Hussein Mansur Al-Hallaj (nacido en el siglo VIII-muerto en el siglo IX. Era persa sunita, memorizó el Corán muy joven, se casó con una mujer chiita y cogió el hábito de los sufíes. Sin embargo sus experiencias místicas le llevaron a altos grados de conocimiento.

Curiosamente Hussein Mansur se lanza a la poesía mística de forma directa e inaugura la tendencia de los sabios místicos poetas. El sufismo es visto como un movimiento místico ortodoxo, heterodoxo por ciertos colectivos e, incluso, hereje por parte de los más radicales (sobre todo tras la contaminación New Age de los años sesenta).

Realmente es una “tariqa” o camino que es común a sunitas, chiitas o ibadíes y en la cual se experimenta una relación directa con Dios dentro de unos principios de vida simple y espiritual atendiendo al noúmeno más que a la substancia fenomenológica, por lo que trasciende los legalismos y rigorismos de las escuelas juridico-teológicas (Madhabs) para relacionarse con la sustancia ontológica de forma más directa.

Para ello es muy común la ceremonia del dikr que, dependiendo de la tariqa, puede ser mediante movimientos repetitivos mientras se repite un dikr (lo que sería una jaculatoria católica o un mantra) o, como en el caso de los derviches giróvagos, mediante la música y la danza.

El misticismo tiene un primer arraigo en Persia, siendo muy importante el papel de Rumi, Hafez de Shiraz, Saadi, Kajo, Omar Jayyam o Firdusí. Sin embargo el gran impulso lo dan los otomanos. Sobre todo con la tariqa Bektashi (orden religiosa a la que pertenecían los jenízaros y que era de adscripción mística chií-aleví). De hecho en Turquía es donde se encuentran los grandes grupos místicos, esotéricos o sincréticos.

El sufismo se derramó en Europa sobre todo en los balcanes, siendo las modernas Albania y Bosnia Herzegovina las garantes del bektashismo en la Europa balcánica y, por otro lado, en el Cáucaso: modernas Chechenia y Daguestán, en este caso sobre todo Naqshbandi. Curiosamente estas poblaciones fueron intoxicadas con las ideologías wahabistas en los años noventa durante las guerras de Chechenia y los Balcanes.

Curiosamente todas tienen a su líder fundador que se remonta al profeta Muhammad pero hacen descender su silsila (cadena iniciática) o de Alí Ibn Abu Tálib (primo, yerno de Muhammad y, según los chiitas, su legítimo sucesor)…y otras como la tariqa Naqsbandi, se hace retroceder hasta Abu Bakr (amigo y suegro de Muhammad y según los sunitas su sucesor legítimo). Sin embargo más allá de esta cadena iniciática, el sufismo tiene especial fijación por su fundador histórico, cuya tumba es muy respetada (aunque, a pesar de las mentiras que se vierten, no se les adora o venera). Sus actuales que son personas de reconocido prestigio, dedicación mística, diligencia y seriedad.

En Marruecos es muy importante la Tariqa Budshishiyya o la Qadiriya, radicada sobre todo en Fez y en Ouchda, así como la Naqshbandi, que está dispersa por todo el mundo o la orden Bektashi que tiene su sede en Tirana, Albania.

Han sufrido una dura persecución por parte de los regímenes islamistas desde los años setenta pero, sobre todo, por parte de los grupos terroristas yihadistas al considerarlos kuffar, politeístas o herejes. De hecho es práctica común el hacer takfir, reconocerles como no musulmanes, para poder de esta manera asesinarlos y destruir toda la herencia cultural e histórica que estos místicos han dado al Islam.

También han sufrido la apropiación de su estética por parte de movimientos sectarios nacidos en Occidente o de grupos New Age cuyo fin ha sido captar miembros y ganar dinero a costa de hacerse pasar por estas organizaciones o denominarse a si mismos sufíes.

De todas formas es un colectivo muy importante, rico y perseguido que ha dado mucho al mundo islámico. (Foto: Wikimedia Commons)


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