¿Quién es el Ayatollah Ali al-Sistani?

Es el hombre más influyente y poderoso de Irak y uno de las personas con más influencia en Oriente Medio pero, en Europa y Estados Unidos, es casi un desconocido. Nació en el año 1930 en Irán, de familia persa, los investigadores no se ponen de acuerdo si nación en Sistán (provincia de Baluchistán) o en Mashdad (noreste del país).

Lo que se sabe de él es que creció en una familia de clérigos chiitas y que joven comenzó sus estudios islámicos primero en Mashdad y más tarde en la ciudad sagrada de Qom, donde años más tarde se instalaría Ruhollah Jomeini en 1979.

Su llegada a Irak, y su relación con el país de los dos ríos, comenzó en 1951 cuando se trasladó a la ciudad de Najaf, centro de estudios islámicos chiítas en Irak y ciudad sagrada donde reposan los restos del Imam Alí (yerno y primo hermano de Muhammad, profeta del Islam).

Allí entraría a estudiar bajo la autoridad de Abu al-Qasim al-Khoei, Gran Ayatollah de Irak y líder de esta comunidad en el país. Durante esta época será testigo de los cambios en el país y la revolución que derrocó a los reyes de Irak y la instauración de la República de Irak. En el periodo desde 1958 hasta 1979 la República el Baath intentaba modernizar el estado sin embargo tras la caída de Ahmed Hassan Al Bakr y la llegada al poder de Saddam Hussein los chiitas vivieron profundas persecuciones.

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Ayatollah Ali Sistani

Sin embargo debido a su cercanía a Al-Khoei impidió que fuera detenido o asesinado debido a que el líder chií iraquí, aunque tenía unas relaciones tensas con Saddam, este temía un alzamiento de los chiitas iraquíes (que representan el 60% de la población) en caso de atacarle o matarle de ahí que, aunque le presionaban, intentaban no hacerle daño.

Las persecuciones del Baath acabaron con la vida de Muhammad al Sadr, padre de Muqtada al Sadr, actual vencedor de las elecciones legislativas iraquíes (que siempre estuvieron enfrentados a Sistani). Tras la muerte de Khoei en 1992 será Sistani quién le suceda como Gran Ayatollah y heredará sus contactos, fuentes y redes y se convertirá en el nuevo líder de Irak que, siendo iraní, despertará las sospechas de Saddam, que ordenará clausurar su mezquita en el año 1994, que se mantendría cerrada hasta la invasión de Estados Unidos.

Tras la caída de Saddam Hussein y la llegada de los norteamericanos con el gobierno provisional y la construcción del nuevo modelo constitucional iraquí basado en el reparto del poder del estado en base a cuotas religiosas, serán los chiitas los grandes beneficiados. Los sunitas despertaban las suspicacias de Estados Unidos ya que consideraban que aquellos que no eran baazistas eran islamistas.

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Tropas estadounidenses en Irak

En todo caso Ali al-Sistani se involucró en el proceso de la era postsaddam pero de una forma diferente a Sadr. Mientras Muqtada al Sadr levantó una milicia (ejército de Al Mahdi) contra los estadounidenses y convirtió Saddam City (rebautizada como Sadr City) en un bastión antiestadounidense, Ali al-Sistani emitió una fatwa en el cual solicitaba a los clérigos chiitas que entraran en política para guiar al pueblo iraquí y combatir la guerra mediática de los grupos suníes, baazistas e islamistas (que se iban haciendo cada vez más fuerte en el verano de 2003).

De hecho Sistani fue cómodo para los estadounidenses debido a que les solicitaba la creación de una convención constitucional. La jugada era maestra, Sistani tenía el poder en Irak y no se oponía a la invasión sino que buscaba que la invasión y posterior ocupación de Estados Unidos fuera lo más rápida posible para crear un modelo de estado creando una República Islámica Chií de modelo iraní. De hecho será Sistani quién se convierta en la mano de los iraníes en Irak.

Por otro lado estaba Muqtada al Sadr que, en lugar de preocuparse de la marcha rápida de los estadounidenses buscando vías de negociación, se encerró en sus posiciones y declaró la guerra a las tropas de Estados Unidos, retrasando la pacificación del estado, enconando la guerra sectaria contra los islamistas radicales sunitas (ya convertidos en wahabistas y salafistas), mientras que Sistani pedía que los chiitas no contraatacaran a los terroristas porque eso provocaría la guerra civil, Al Sadr atacaba tanto a sunitas como al ejército de Estados Unidos.

El objetivo de Al Sadr era, por un lado, captar al máximo número de iraquíes para su causa y lograr el poder político en el país y derrocar a Ali Al-Sistani, que siempre fue visto por los Al Sadr como una amenaza (el padre de Muqtada, Mohamed al Sadr tenía tensas relaciones con Sistani).

Al final los estadounidenses bloquearon a Sadr tras llegar a un acuerdo con él y configuraron el estado siguiendo el modelo de los acuerdos de Taif. El presidente sería chií y el primer ministro suní. El presidente tendría poderes reales que ayudaría a balancear el poder del primer ministro. Una vez que los Estados Unidos se marcharon el Presidente, seguidor de Ali al Sistani, se alió con los iraníes.

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Qassem Soleimani

Eso significaba que Irán controlaba el vecino Irak desde hace años, con el apoyo de Qassem Soleimani, y los chiitas iraquíes de Al Sadr lo sabía, de ahí su cruenta oposición al nuevo modelo de estado.

La influencia de Sistani solo creció durante la época postinvasión hasta el momento de la Guerra contra el Estado Islámico cuando emitió una fatwa en la que conminaba a luchar contra el Daesh. En este momento las milicias chiitas iraquíes junto con Hezbollah en Irak se lanzaron a la guerra, sin embargo la milicia de Muqtada al Sadr no se destacó en la guerra sino en ayudar a su líder a desestabilizar aún más el país, como cuando tomaron al asalto el parlamento iraquí en Bagdad.

De todas formas y a pesar de la victoria de Al Sadr, las redes de Sistani trascienden Irak y se hunden en Irán, Siria, Líbano o Yemen y llegan hasta Europa o Estados Unidos debido a que, como líder religioso, es uno de los más considerados por los chiitas en el mundo por su honestidad.

De hecho su labor ha sido reconocida por los cristianos iraquíes que, incluso en el año 2006 quisieron nominarlo al premio Nobel de la paz por su defensa y protección de la comunidad cristiana, en el 2014 miembros del parlamento iraquí consideraron nominarlo al Nobel de la paz, incluso Thomas L. Friedmann en un artículo para Times en 2005 hablaba sobre que Sistani merecía el premio por su labor en la Irak de postguerra.

El Gran Ayatollah Ali Al Sistani aún vive en Najaf, ciudad de la que nunca se ha ido desde que llegó a Irak en el año 1951.

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