Bolsonaro, Brasil y la crisis de Venezuela

Jair Messias Bolsonaro se convirtió en el Presidente de la República de Brasil el día 1 de enero de 2019 tras vencer en unos comicios marcados por el atentado que él mismo sufrió. De ideología liberal, ha dado un golpe de timón a los años del gobierno del Partido de los Trabajadores de Luiz Inácio Lula da Silva y de Dilma Rousseff que fue destituida por Michel Temer, presidente de Brasil tras derrocar a esta última, durante el periodo 2016-2018.

Bolsonaro es un político que, nada más llegar, purgó al funcionariado de ideas comunistas y de izquierdas y vendió 700.000 inmuebles propiedad del gobierno que fueron “liberalizados“, es decir, privatizados. Es fuertemente capitalista y nacionalista dentro de los márgenes del capital, ya que desprecia profundamente los movimientos nacionalistas de clase trabajadora.

Asimismo está posicionado como un líder de recortes del estado para hacerlo más delgado y menos fuerte frente a la iniciativa privada que, con sus políticas, no vendrán del pueblo brasileño sino de la iniciativa privada internacional. Está muy cercano a Estados Unidos y a Israel, de hecho se ha declarado abiertamente sionista y en contra del presidente de Venezuela Nicolás Maduro.

La posición de Jair Bolsonaro era vital para los Estados Unidos, que no podía asaltar América Latina hasta que los países más importantes del continente no estuvieran bajo control. Colombia, que siempre fue estado en la órbita estadounidense quedó solo cuando, uno tras otro, los gobiernos de Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay o Argentina se declaraban socialistas y abrían nuevas vías de desarrollo geopolítico cercanos a China y Rusia.

El kirchnernismo argentino, el poder de Lula en Brasil, el evomoralismo en Bolivia, que tuvo que hacer frente a un intento de revuelta interna y asesinato por parte del agente de la OTAN Eduardo Rózsa, o el sandinismo en Nicaragua y, como punto y eje central de estos movimientos, el bolivarianismo en Venezuela.

Todos esos gobiernos, poco a poco, fueron cayendo. El kirchnerismo fue sustituido por Mauricio Macri, liberal y capitalista pero de línea suave en comparación con Bolsonaro, en Ecuador la transición de Rafael Correa a Lenin Moreno no ha sido positiva y se está desahaciendo gran parte del legado del anterior presidente y, obviamente, para apuntalar y atenazar el Caribe (que es donde se está proyectando Estados Unidos tras tomar el control del cono sur), necesitaban Brasil.

Colombia sola no podía atenazar a una Venezuela que tuviera un aliado o un Brasil neutral. Ahora con un radical como Bolsonaro en el poder que, incluso, ha movido tropas aumentando consecuentemente su presencia militar en la frontera venezolana han logrado encajonar al gobierno de Caracas entre unas hostiles Colombia y Venezuela y una Guyana realmente atenta a lo que pueda pasar pero, en silencio, alineada con Estados Unidos.

También ha sido interesante el despliegue de 130 soldados de Israel en Brasil con el pretexto de ayudar en una operación de rescate en Brumadinho por el colapso de una represa de residuos mineros. De hecho las vinculaciones de Bolsonaro y Netanyahu son manifiestas y cercanas. De hecho Bolsonaro, nada más llegar al poder, ha trasladado la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén-Al Quds, ciudad ocupada ilegalmente desde 1967.

Este guión nos puede dejar entender que en esta guerra de cuarta generación preparada por Estados Unidos con sus dos grandes pivotes en la región del Caribe, Colombia y Brasil, han comenzado la primera fase con el inicio de protestas y actos subversivos seguidos por la proclamación de un líder que atraiga tanto a los sectores de la oposición de Venezuela como el foco mediático internacional.

Al mismo tiempo, en esta guerra híbrida, lo segundo es poner el foco y realizar complejos programas mediáticos compuestos de desinformación o información a medias que no coincide con la realidad a fin de manchar la imagen de un país usando, como ariete, la información antes de pasar a un tercer nivel.

El tercer nivel consiste en la infiltración de elementos subversivos desde santuarios preparados a tal efecto dentro de las regiones fronterizas y militarizadas de Colombia y Brasil, como ocurrió en Siria con las fronteras de Turquía o Jordania, estados aliados a Occidente que reforzaron sus fronteras militarmente para dar cobertura a los terroristas que se infiltraban en Siria a través de redes Stay Behind.

El vicepresidente de Bolsonaro ha comunicado que Brasil estás dispuesta a liderar a las fuerzas de paz tras la victoria del golpe y la caída de Maduro.

Redes que existen en Venezuela y que pueden ser usadas por los agentes catalizadores que pueden ir desde voluntarios hasta mercenarios y paramilitares que, protegidos por los ejércitos colombiano y brasileño, se integren en las regiones de Venezuela y ayuden a aumentar la espiral de violencia arrastrando al país a la guerra civil abierta como hicieron en Libia, Siria, Yemen o Ucrania. (Foto: Wikipedia)


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