El programa nuclear sirio que destruyó Israel

Durante la primera mitad de la década de 2000 hasta 2010, Siria era un estado estable con un Bashar al Asad que se iba consolidando como Presidente legítimo del país y sucesor de Hafez al Asad dentro de un contexto de inestabilidad política regional generalizada.

En primer lugar los sirios tuvieron que desarrollar un nuevo modelo político socialista y aperturista siguiendo las lineas internacionales aperturistas de comienzos del siglo XXI y la guerra contra el terrorismo que, desde el 11S, Estados Unidos llevaba a cabo en Afganistán y el Irak. El radicalismo había penetrado en las sociedades del medio oriente gracias a la desestabilización generalizada y al poder adquisitivo de las monarquías del golfo pérsico.

Mientras Hezbollah continuaba su desarrollo político-militar que les llevaría a una guerra contra Israel en el 2006 y la segunda intifada palestina convertía el conflicto con los israelíes en algo irresoluble que se agravó con el bloqueo total de la Franja de Gaza convirtiendo a los gazatíes en los actores de un genocidio cuando fueron encerrados en el campo de concentración más grande de la historia (donde residen en 385KM3 casi dos millones de personas en condiciones precarias).

Los sirios (que aún tienen bajo ocupación militar los Altos del Golán, en contra del derecho internacional) decidieron desarrollar un programa nuclear durante el primer lustro del siglo XXI, seguramente el proyecto era previo. Convertir a Siria en una potencia militar significaba perder la desventaja frente a la única potencia nuclear de Oriente Medio, el genocida Estado de Israel, que posee su central en Dimona.

El reactor fue construido en Dir al Zhur (noreste de Siria), en el más absoluto de los secretos. El proyecto avanzó sin interferencias debido a que los servicios secretos sirios habían dado un paso atrás tecnológico, habían decidido que todo el proyecto sería gestionado sin utilizar ningún medio electrónico de comunicación, todo sería por escrito y usando correos humanos. Esto se extendía a los otros dos países que colaboraron con Siria en el levantamiento del proyecto.

La central fue financiada entre el gobierno sirio y el iraní, los expertos en energía nuclear que supervisaron dicha empresa y construyeron el reactor eran científicos norceoreanos enviados allí por Kim Jong Il en un acto de apoyo a su aliado socialista sirio. La cooperación militar y tecnológica entre Corea del Norte y Siria empezó en 1990 tras una visita de Kim Il-Sung a Hafez al Asad.

El Mossad quedó aterrado cuando descubrió el proyecto nuclear y lo avanzado del mismo después de la desaparición de Ali Reza Asgari, un general iraní que desapareció en Turquía, las primeras fuentes hablaban de una deserción pero la realidad era otra, el general fue secuestrado en una operación conjunta de la CIA y el MOSSAD, torturado confesó y fue llevado a la prisión israelí de Ayalón (Israel), donde murió a pesar de los esfuerzos del gobierno iraní por conocer su paradero y que fuera liberado.

El ministro Ali Akbar Salehí envió una carta a las Naciones Unidas en la cual pedía ayuda a Ban Ki Moon para la liberación de su general, acusando a Israel de secuestrar a un ciudadano iraní (lo cual viola el derecho internacional).

 

                      Central nuclear siria antes y después del ataque sionista

En todo caso los israelíes descubrieron que los sirios tenían casi acabado el reactor, las conversaciones entre el primer ministro Ehud Olmert y el Presidente Bush eran constantes. Israel quería que Estados Unidos atacara el reactor nuclear sirio usando la presión directa y los lobbys sionistas que parasitan la Casa Blanca pero el Presidente Bush se negó, es más le aconsejó a los israelíes que usaran la presión diplomática y se enfrentaran a los sirios pero que no atacaran el reactor.

Las pruebas entregadas mostraba el progreso de la obra, el diseño de la central (idéntica a la de Yongbyong) y a los científicos norcoreanos, pero Washington no quería verse arrastrada a otro conflicto internacional después de los desastres en Afganistán e Irak y los roces con Irán, Corea del Norte, Rusia o Venezuela (corría el año 2007), además era un ataque imposible de justificar diplomáticamente.

Olmert, en aquel momento, reunió al servicio de inteligencia y los generales del ejercito y comenzó la preparación la operación. Israel actuaría en solitario para acabar con el programa nuclear sirio después de su fracaso a la hora de arrastrar a Estados Unidos para que hicieran el trabajo sucio, lo que más tarde solicitó israelí y amenazó con hacer con el legítimo programa nuclear iraní o que usó Estados Unidos para intentar amedrentar a Corea del Norte.

El 5 de septiembre de 2007 Israel atacó la central nuclear en Siria y la destruyó. Rápidamente Olmert llamó a Erdogan para que avisara a Bashar al Asad de que Israel no quería una guerra pero no toleraría que Siria fuera un potencia nuclear. Israel es un estado terrorista que destruye (o intenta destruir) los países que tienen dignidad y no se rinden ante el sionismo.

La operación siria para el levantamiento de la central era secreta, de ahí que el gobierno no hiciera publicidad del ataque ni denunciara a Israel ante la ONU u otros organismos internacionales, la reacción sería otra. El general sirio Mohamed Suleiman, arquitecto de todo el programa nuclear sirio y que tuteló el proyecto no se daba por vencido y continuó con el proyecto manteniendo la misma estrategia de apagón tecnológico en las obras de la central.

Meses después Estados Unidos e Israel descubrieron que la central estaba siendo reconstruida, que seguían habiendo científicos norcoreanos y que tanto el gobierno de Teherán como el de Damasco seguían apostando por una Siria independiente energéticamente. En respuesta al tesón del gobierno del Presidente Bashar al Asad y del General Suleiman el Mossad (una mafia asesina internacional) decidió asesinar al general pero era casi imposible de localizar y atacar debido a la férrea seguridad que poseía.

El 2 de agosto de 2008, mientras el general ofrecía una cena familiar con amigos frente al mar mediterráneo cerca de la base rusa en Tartous unos terroristas israelíes del Kidon (la brigada de asesinos y secuestradores del Mossad), le dispararon usando rifles de francotirador, los impactos le dieron en la cabeza y el cuello, matándole en el acto. Desde ese momento Siria abandonó su programa nuclear.

Este asesinato hay que enmarcarlo en la guerra que el régimen sionista de Israel lanzó usando a sus terroristas contra científicos iraníes, sirios y norcoreanos violando los derechos fundamentales y el derecho internacional que prohíbe las ejecuciones extrajudiciales pero, recordemos, que Israel es un estado que goza de un tratamiento especial gracias a las infames gestiones de sus lobbys, servicios de inteligencia y diplomacia.

Este proyecto nuclear unido a la negativa de Bashar al Asad de permitir el paso por su territorio del gasoducto árabe desde Qatar hasta Turquía (a beneficio de la Unión Europea, Estados Unidos e Israel) y su apuesta por el gasoducto islámico que beneficiaba a Irán (país del que partía la tubería) y a Rusia (país donde se embarcaba el gas y el petróleo en la base de Tartous), empujaron a Occidente a derrocarle usando mercenarios y grupos terroristas como Al Qaeda y el Estado Islámico, usando para ello los medios de comunicación como agentes propagandistas para justificar la agresión contra la nación soberana siria y su legítimo presidente Bashar al Asad.

 

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