El colapso francés en África

El África francesa es una de las regiones más inestables y pobres del mundo, la gestión de la región es una tarea inmensa que requiere la colaboración de la Comunidad Internacional en todos los sentidos. La revitalización del interés en el África francesa a nivel geopolítico con la nueva política de influencias llevada a cabo por países como Rusia, China o Turquía ha ido sellando el destino de la región.

Desde 1990 el 80% de los golpes de Estado llevados a cabo en África se han dado en el África francesa. La vastedad de los territorios, la pobreza endémica, la incapacidad de la actualización económica y financiera, el problema de habitabilidad o a la casi inexistente modernización de estos países a nivel industrial anuncia el desastre.

Los líderes africanos, en su mayoría incapaces, corruptos, tiranos tendentes al abuso de poder y la constante violación de la ley, estados donde el imperio de la ley no existe y el pacto social es inexistente han generado, desde hace décadas, la imposibilidad de tejer un sistema administrativo y, por ende, un país normal. El mal gobierno crónico, el amaño de las elecciones y la visión tribal o étnica del poder hace que esta región no sólo sea la más pobre y atrasada sino también la más difícil de integrar en el sistema de democracia liberal y libre mercado, de ahí que en la teoría de Barnett expuesta en El Nuevo Mapa del Pentágono, que identificaba estos países con la «brecha desconectada» del sistema internacional.

Estos países, convertidos en meras minas de extracción o en territorios de paso estratégico para otras empresas u objetivos, se caracterizan además por una inestabilidad constante por la presencia de guerras tribales recurrentes, el auge del yihadismo de toda clase, desde el salafismo y el wahabismo más radical hasta DAESH o Al Qaeda y grupos locales subsidiarios leales a uno u otro grupo que controlan zonas enteras de territorio del Sáhara y el Sahel.

Además, debemos ser capaces de entender que la cuestión de la masificación de inmigrantes africanos ilegales que se agolpan en los estados del sur del Mediterráneo (especialmente Marruecos y Libia), tienen en la situación socioeconómica de sus estados la razón para emigrar a Europa. Estados realmente fallidos donde la administración no está presente: ni sanidad, economía o educación, muchos de estos servicios que deberían de ser dados por el estado están subcontratados ONG´s occidentales.

Con la seguridad pasa otro mismo: la inefectividad y los medios anticuados en labores de defensa frente a grupos terroristas y auténticas milicias yihadistas o tribales ha hecho que muchas empresas opten por la seguridad militar privada para operar en esos países. Francia, que mantuvo su influencia en la región tras la independencia de estos estados durante la década de los sesenta encontró la forma de retener influencia determinante con acuerdos de presencia militar o con el Franco CFA, vinculado al euro y dependiente del tesoro francés, que arroja unos 400 millones de euros al año al gobierno de París.

La ineficiencia de Francia, que ha actuado de una manera pasiva frente a toda suerte de golpes de Estado durante décadas y que no ha intervenido para evitar la putrefacción política y la aparición de elementos de radicalismo islámico de rigorismo africano en estas sociedades y que sólo reaccionó de forma contundente pero ineficaz tras la operación Serval, que acabó con la victoria militar francesa.

Las posteriores operaciones Barkhane y Takuba así como la creación del G5 del Sahel demostraron que el objetivo militar de acabar con el terrorismo no sólo no era viable sino que, posiblemente, no fuera el mayor problema de esta región francesa y apunto más, si es el más grave el resto de problemas no son menores. El contagio de la visión estadounidense de la Guerra contra el Terrorismo, basado en responder militarmente frente a la táctica terrorista alrededor del mundo carecía de profundidad más allá de responder al ataque.

Los franceses no pudieron, supieron o quisieron usar la operación Barkhane y Takuba para forzar un cambio de la política y la administración interna porque, entre otras cosas, no era su objetivo. La derrota francesa, de hecho no se llevó a cabo por ningún grupo terrorista sino por la propia situación, en este sentido recuerda a la retirada soviética de Afganistán en 1988; la incapacidad de asegurar un gobierno coherente, las masas geográficas del estado sin gobierno, perteneciendo sólo en los mapas ya que los poderes locales habían ocupado el nicho correspondiente al estado y el renacimiento de estructuras islámicas como los emiratos y los sheijs así como territorios tribales controlados por líderes leales a sus propios intereses y tribu horadaron cualquier intento de reconducción.

Sin embargo, no podemos caer en el simplismo de las tribus, los grupos terroristas y milicias así como la corrupción generalizada y la falta del estado, que no logra ocupar todo el territorio del país. La criminalidad transnacional que implica a varios continentes como el tráfico de drogas proveniente de Hispanoamérica, la creación de narcoestados como Guinea-Bissau que han contagiado al resto de la región estableciendo mafias internacionales para el transporte de drogas hasta Europa sin contar con la producción de drogas autóctonas como el hachís o la marihuana.

El tráfico de armas, que cubre toda la región sahariana y saheliana desde el Atlántico hasta el Índico y que mueve cientos de millones de dólares en regiones como Sudán, Somalia, Chad, Burkina Faso o Mali o el comercio de personas, el esclavismo para trabajar en campos, minas o en prostitución de prisioneros de guerra, casos de esclavitud sexual de mujeres llevada a cabo por grupos como Boko Haram, el ISWAP o el JNIM.

Así como las mafias de tráfico de personas hacia Europa, un flujo constante de embarcaciones que asaltan regiones de Italia o España desde Libia, Mauritania o Marruecos y que son interceptados por ONG´s o patrulleras que no les expulsa por entrada ilegal, sino que les introduce en el país. Este fracaso del imperio de la ley en materia de inmigración ilegal pero también de las labores de patrullaje de las fuerzas navales de estas aguas, así como de las misiones internacionales como las operaciones SOPHIA (2015-2020) e IRINI (2020-presente).

Esta situación explotada política y mediáticamente tiene su origen en estos estaos fallidos sin economía y sin capacidad de reprimir estas mafias que facturan miles y miles de millones en un esquema en red que conforma una criminalidad compleja y que amenaza con quebrar no sólo África sino también Europa.

Los golpes de Estado sucesivos entre 2020 y 2021 en cinco países africanos: Chad, Malí (dos veces), Guinea, Sudán y Níger fue un síntoma de un cambio en la región y el declinar del poder francés en el África francesa. El cansancio de ciertos sectores de estos países frente a la inefectividad del modelo occidental propuesto y sus gravosas exigencias en materias de derechos sociales generaron un sentimiento antioccidental y más específicamente antifrancés.

A día de hoy estos países bajo regímenes militares han ido poniendo fin a sus acuerdos militares con Francia que ha ido saliendo de la zona desmontado el G5 del Sahel, antes compuesto por Mauritania, Chad, Mali, Burkina Faso y Niger y que ahora sólo cuenta con los dos primeros siendo en este momento una organización zombi sustituida por el CEMOC argelino con sede en Tanmassert, sur del país, y con un centro de información en Argel.

La salida de Francia ha dejado un hueco rápidamente cubierto por los acuerdos de estos nuevos estados con Rusia, que busca esquivar las sanciones occidentales, y de China que está interesada en recursos y estabilidad, así como Turquía, que desde Libia pretende reforzarse en África sin embargo es Argelia la que ha conseguido mayor peso geopolítico: Mali, Mauritania, Níger y Argelia se reúnen cada seis meses en reuniones sobre el estado del CEMOC, cuyas funciones eran las mismas que el G5 del Sahel.

Junto con la cuestión saharaui, el rechazo a Francia y el aislamiento a Marruecos Argelia intenta convertirse en el hegemón geopolítico de la zona por historia, recursos, población y tamaño. En paralelo la entrada de Rusia en la zona con acuerdos comerciales y de entendimiento refuerza el papel ruso en la zona apuntalado con el despliegue de la PMC Wagner.

En definitiva una zona perdida por Francia pero absolutamente necesaria para Europa a la hora de obtener recursos para el mercado europeo pero también para garantizar la seguridad del continente y su estabilidad ya que un terremoto político y social en esta región puede hacer mucho daño a una Europa tensa y preocupada por su frontera avanzada que ahora está siendo dominada por una Rusia que sabe que posicionarse en el flanco sur de Europa y la OTAN puede debilitar al viejo continente y reforzar no sólo a Moscú sino a la propia región del Sáhara – Sahel. (Foto: Wikimedia)

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