Ucrania y la Doctrina Woke de Biden

Analizar el actual conflicto que se vive en Ucrania implica un compromiso con la realidad de lo que está pasando en estas regiones, las antípodas de nuestra soleada España, y es que en las estepas ruso-ucranianas se cuece no sólo la posible guerra entre Rusia y la OTAN con Ucrania como escenario sino que se juegan muchas más cosas en este entramado.

El tándem medios de comunicación y política exterior no siempre son un matrimonio bien avenido pero en este caso la situación es diferente. Frente al laconismo de los funcionarios y diplomáticos rusos (y anteriormente los soviéticos) vemos por parte de Estados Unidos una diplomacia “woke” basada en las “Social Network” entendiendo esto el bombardeo mediático y el continuo seguimiento de los actos diplomáticos convertidos en pasarelas más que en reuniones geopolíticas.

Ucrania desea volver a tener su integridad territorial e integrarse en organizaciones occidentales (UE-OTAN y muchas otras). Sin embargo las hubiera tenido si hubiera decidido cumplir con sus compromisos de Minsk I y II. Rusia teme la militarización otanista de sus fronteras y la consecuente inseguridad de las mismas basadas en la expansión de la OTAN hacia el este (y el incumplimiento de los acuerdos internacionales como el Acuerdo Rusia – OTAN de 1997, el Documento de Estambul de 1999 o la Declaración Conmemorativa de Astaná de 2010).

La actuación de Estados Unidos en Europa nos deja ver que no son meras relaciones bilaterales entre Washington y los estados continentales sino que se está aplicando una especie de revisión para Europa de la Doctrina Monroe de “América para los americanos”, especialmente tras el resurgir ruso y las posibilidades de unas relaciones bilaterales beneficiosas para Rusia y el resto del continente. De hecho el celo de EEUU a cualquier intervención en Europa de agentes como Rusia o China recuerda al Corolario Rutherford Hayes para América Latina.

La Doctrina Monroe para Europa no sólo implica el enfrentamiento con terceros países sino dominio sutil de los estados europeos y las injerencias en los mismos si estos se vuelven díscolos (caso del ataque al NordStream II para que Alemania no pudiera reaccionar ni plantearse una revisión de las sanciones energéticas a Rusia). Esto hace que Washington domine la soberanía a través de la integración en organizaciones multilaterales e internacionales de corte regional (OTAN-UE-OSCE etc…) que permite la oposición estadounidense a permitir a otras potencias (Rusia y China) actuar política y económicamente en Europa arrogándose el derecho a actuar militarmente si las presiones no funcionan.

Esta Doctrina Monroe-Biden supedita nuestras relaciones con Rusia a nivel geopolítico, comercial, militar y estratégico a lo que Washington entiende dentro de su estrategia. ¿Una Europa libre que luchara por su soberanía haría que Estados Unidos hiciera lo mismo que hizo en América Central en los años ochenta?, desde luego que sí. Europa está dominada políticamente por instituciones como la OSCE y la UE y la OTAN es la justificación para la ocupación militar estadounidense en Europa, sin contar con la estrategia estadounidense del dominio económico a través de la crisis con el euro, la paridad con el dólar y el disfrute de la actual crisis europea que va a hacer que las economías, industrias y grandes empresas europeas sean absorbidas por empresas norteamericanas confirmando su total dominio con la consecución de la dominación económica sobre el continente, totalmente dominado en este punto y ya sin capacidad de reacción.

Dentro de esta situación, que contamina nuestras relaciones con el vecino directo, es una fuente de conflictos totales con Moscú en las líneas de fractura de ambos mundos “Occidente y Rusia” y esa línea de fractura es el río Dniéper, de ahí que el conflicto tras la caída de Yanukovich no se diera en todo el territorio nacional sino en las regiones orientales del país y Rusia esté llevando a cabo operaciones en esas regiones.

La “Doctrina Biden”, que se está ahora mismo desarrollando se basa en los puntos de ver en Rusia un enemigo al que arrinconar a través del ejercicio de la influencia regional tratando de aislarla y acaparar los recursos europeos (en este caso el mercado y la influencia, un bien tan preciado como el oro para una superpotencia como Estados Unidos), por otro lado eso implica que todas las maniobras que se hagan son en beneficio de Washington y no de los aliados europeos, entendidos como meros asistentes.

De hecho el tratado de la Unión Europea debe revisarse ya que los estados miembros están secuestrados por la UE, que decide intervenir y realizar declaraciones belicosas, imponer sanciones a Rusia en detrimento de los intereses de los estados miembros (amenazando a aquellos estados de la UE que no sancionen a Rusia también), estableciendo que la UE es un supra estado que está yendo contra los intereses del conjunto de los estados de los que forma parte sin legitimidad ninguna.

La intervención deliberada de la UE en la Guerra de Ucrania sin una declaración de guerra por parte de los estados miembros, secuestrados a través de las altas esferas políticas de los países miembros (totalmente europeístas y atlantistas salvo casos puntuales como el de Orbán) hace que la UE sea un grave peligro para los estados Occidentales…arrastrados a una guerra no declarada por parte de una institución internacional no democrática.

Por otro lado la “Doctrina Biden” ha provocado que Washington se enriquezca con la exportación de la ideología norteamericana…esa doctrina “woke” de la que hablo más arriba, un sistema de creencias elevadas a la categoría de pseudodoctrina de estado, mediatizado a través de los medios de comunicación y usados para contraponer nuestra sociedad con la sociedad de Rusia, sin embargo el ataque a la sociedad rusa es un ataque a la sociedad tradicional de Europa occidental ya que la sociedad rusa es vista como un residuo actual de la antigua cultura europea que ya ha sido destruida pero que sigue siendo denostada.

Un objetivo para destruir la sociedad rusa era creyendo que la fascinación soviética y postsoviética hacia Occidente haría que la propia sociedad oriental iniciara un camino interno que desestabilizara a Rusia pero eso no ha pasado, al ver la degeneración occidental los rusos se reafirmaron en su cultura. A día de hoy a los rusos no les importa como son percibidos porque han encontrado un refugio ideológico dentro de sus propias fronteras…y eso que en Rusia no faltan las teorías políticas aunque todas provienen de la experiencia natural o histórica.

El pilar woke tiene como objetivo el dominio de las sociedades occidentales y el condicionamiento político interno en base a lo “políticamente correcto” para sus conclusiones subjetivas sean reforzadas como una nueva doctrina social y eso, en los medios, se ha usado contra Rusia no ya como estado sino como nación y acusando a la sociedad rusa de reaccionaria, antigua, de homofobia etc…, de hecho la mayoría de las críticas contra Rusia ni siquiera son objetivas sino que se basan en la detección y comparación de las diferencias en términos woke de ambas sociedades criticando los “déficit” rusos en esta escala de valores.

Esa beligerancia social y política ha hecho que Moscú deseche Europa y lo vea como un territorio que no le cause problemas porque el verdadero aliado de Rusia a nivel geopolítico es China. El tándem Moscú-Pekín es vital mientras que Europa es un patio estadounidense molesto que provoca malestar en Moscú, razón por la cual intentan controlar sus espacios naturales como el Mar Negro, Báltico o Bielorrusia y el Cáucaso.

Mientras tanto, la actual situación de crisis artificial propuesta por Biden busca reconfigurar el mapa geopolítico tras la salida bochornosa de Afganistán ya que según los acuerdos de Doha; Washington abandonaba el país o el incumplimiento acabaría en una segunda guerra americano-afgana con el consecuente aumento de tropas de forma masiva.

La Doctrina Woke Biden o (Doctrina Monroe europea) viene a querer reescribir los treinta años de unilateralismo y fracasos (Yugoslavia, Afganistán, Irak, Siria, Yemen, Libia etc…) para un mundo multipolar que se está configurando en bloques y busca debilitar a las dos partes del tándem Rusia-China. Mientras USA enviaba toneladas de armas a Ucrania hacía lo mismo en Taiwan enojando al gobierno de Pekín. El reparto de tareas es OTAN (liderados por USA) contra Rusia en el campo europeo y Estados Unidos contra China.

Es la estrategia del palo y la zanahoria confiando en las rondas de negociaciones para hacerse notar aunque la realidad es que en el escenario actual el enemigo ya no son los terroristas, el enemigo son las dos potencias rivales y sus esferas de influencia política y económica que USA pretende forzar para lograr acuerdos temporales con los que debilitar, en la medida de lo posible, a sus rivales (Rusia en esta crisis) y ganar tiempo para recuperar el aliento.

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