Los memes, mucho más que una diversión

“Quien controla los memes controla el universo”.
Elon Musk.

Pocas son las personas que no han oído hablar o han utilizado los memes. Han proliferado al compás del surgimiento de las redes sociales, y son cada día más frecuentes. Pueden parecer graciosos, y de hecho lo son. Pero también son mucho más que una diversión.

Podemos definir memética como la transmisión social de ideas sintetizadas. Hay quienes la comparan con la difusión de enfermedades, en el sentido de que existe un individuo susceptible de ser contagiado, que queda expuesto a la enfermedad (información), el cual, tras enfermar, puede recuperarse (rechazar la información).

Por un ejemplo, un escritor puede leer sobre un tema que desconoce, contagiarse y esparcir el contagio entre sus lectores. Finalmente, puede reconsiderarlo y cambiar su visión y conclusión1. Aunque lo cierto es que no es lo habitual, pues a todas las personas les cuesta reconocer públicamente sus errores, y más si tienen cierto prestigio. Ya se sabe que rectificar no es de sabios, sino de políticos, acostumbrados a mentir con la excusa de adaptarse a las circunstancias.

Del mismo modo que se puede asimilar la difusión de memes -textos, imágenes o vídeos- por internet con la de los virus. Es habitual considerar el meme como imágenes con textos breves que, de manera satírica, transmiten una idea sintetizada a través de las redes sociales. Y aunque es cierto que las redes sociales han recuperado el meme como forma de propagación de ideas, el concepto ha sido empleado y analizado desde hace mucho tiempo.

Tiene su origen en la palabra griega mimema, que significa “algo imitado”. En el siglo XIX, se empleó para definir la evolución cultural. En 1870, el fisiólogo alemán Ewald Herin definió el término Die Mneme como “memoria orgánica”, una cualidad de la memoria para transmitirse y perpetuarse a través de generaciones. Años más tarde, en 1904, el zoólogo y biólogo alemán Richard Semon tituló a su obra sobre la memoria orgánica Die Mnemischen, en la que exponía que la información se codificaba en la memoria y que ésta se transmitía, por herencia biológica, de padres a hijos.

En el siglo XX, el biólogo británico Richard Dawkins presentó la herencia cultural como un proceso análogo a la transmisión genética, redescubriendo el concepto de meme. Yendo un paso más allá, lo dotó de un sentido evolutivo, de una capacidad replicadora de sí mismo cada vez que alcanza un nuevo huésped. Este biólogo sugiere que los memes “se propagan al saltar de un cerebro a otro mediante un proceso que, considerado en su sentido más amplio, puede llamarse de imitación”, y es precisamente a través de la imitación como los memes se reproducen2.

El concepto de imitación ya había sido analizado y definido por el sociólogo y psicólogo francés Gabriel Tarde en su obra Las leyes de la imitación, escrita en 1890, donde definía el aprendizaje social como una suerte de imitaciones lógicas e ilógicas. Las comparaciones biológicas de Dawkins van más allá, sugiriendo que un meme puede parasitar un cerebro y convertirlo en su vehículo de propagación, de la misma manera que puede hacerlo un virus.

El éxito del meme, en términos biológicos, dependerá de la capacidad de difusión que tenga. Si parasita y se esparcir por un numeroso grupo de cerebros, conseguirá reproducirse y sobrevivir.

Según Dawkins, el meme es una idea que sintetiza la esencia de un conocimiento más complejo, la idea fuerza de una teoría mayor puede agrupar el conocimiento de la teoría al complejo o ser la expresión de una parte. Si los memes dan sentido al todo, Dawkins sugiere agruparlos en uno solo, a la que denomina memeplexes o complejos de memes.

Al igual que en la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin, los memes luchan por su supervivencia, y solo los más aptos sobreviven. Un meme tiene que competir con otros para captar la atención del cerebro humano, y tiene que conseguir que éste decida hacerlo saltar a otro y así repetir el ciclo de la imitación, lo que se hace a expensas de memes rivales

Por supuesto, no es lo mismo un meme repetido incesantemente por radio y televisión, que otro que ha de sobrevivir de boca en boca, sin ayuda de una tecnología que le facilite su expansión en el tiempo y el espacio3. En realidad, no son los memes más “fuertes” –en el sentido de divertidos, originales, atractivos o sugerentes- los que sobreviven, sino los más útiles para quienes controlan los medios de difusión de ideas, tradicionales o digitales.

Al meme se le atribuye una naturaleza egoísta, pues no le importa la clase de información que transmite (positiva, negativa, neutra, verdadera o falsa); al meme tan sólo le interesa reproducirse.

El meme, según la escritora británica Susan Blackmore, es una manera imperfecta de transmitir información, ya que en cada copia suele haber variaciones con respecto al original. Así, cuando un meme ha instalado en un cerebro que a su vez lo reproduce, la copia no será exacta al original, sino que estará alterada por los sesgos cognitivos, ideológicos y biológicos del cerebro replicador.

El meme tiene diferentes elementos que atraen más la atención de unas personas que de otras, y cuando éstas lo transmiten tienden a omitir o tergiversar información. Uno de los efectos cognitivos más eficaces de los memes es que sustituyen a pensamientos complejos, haciendo que pensar se convierta en un ejercicio mental heurístico de interacción de memes. Como dice Blackmore, “los memes se han convertido en la herramienta con la que pensamos”4.

En este sentido, la teoría de memes se encuentra perfectamente integrada en el mundo digital, pues la naturaleza de la comunicación online se ajusta a los parámetros de la simplificación del pensamiento. Los memes no sólo nos son transferidos desde otros cerebros o plataformas, ya que nuestra propia consciencia puede crear memes. Pero para que nuestros pensamientos se conviertan en memes, ha de externalizarse su ciclo vital, de modo que, una vez fuera, se reproduzcan.

El proceso de cognición social por el cual se aprenden las normas sociales y se expresan las instituciones públicas puede verse como un enorme memeplex. El control social se puede ejercer mediante la distribución estratégica de un conjunto de memes, aprovechando que no sólo transmiten cultura, sino también modos de comportamiento. Por esta razón, observa que los memes tienen diferentes funciones, dependiendo de los efectos que produzcan en la mente receptora. La memética ofrece un modelo para comprender el proceso de la propagación social de opiniones, ideas y comportamientos5, pero no se puede asumir como una disciplina científica.

“Nadie sabe lo que es un meme”, así de contundente se expresa Robert Aunger en su libro The Electric Meme, quien añade que sólo los estados cerebrales tienen las necesarias características como para ser replicados. Según esta idea los memes, deberían estar en el cerebro, de una manera física.

Los estudios sobre la complejidad del cerebro indican que este órgano tiene una alta actividad eléctrica, y se supone que esta electricidad emplee algún sistema de transmisión de información.  Las propias neuronas se comunican entre ellas mediante electricidad, lo que lleva a pensar que esa comunicación codifique algún tipo de información. Por eso, la existencia de los memes estaría condicionada a una especie de neuromemes, con una red de conexiones físicas entre neuronas, y donde habitarían estas ideas-parasito.

La existencia científica de los memes hace que se puedan reducir a unidades analizables, y que, si tienen energía, se pueda medir y analizar cómo se transmite6.

El estudio de la memética ha quedado estancado por la imposibilidad de explicar científicamente como se sintetiza, almacena y transmite la información cerebral. Pero esto no ha sido impedimento para que se vea en el modelo de memes diferentes facetas de aplicación práctica eficaz.

Hoy en día, el meme se usa con profusión en las redes sociales. Se han creado páginas específicas de creación y almacenamiento de memes que albergan innumerables ideas sintetizadas, y la palabra meme se ha convertido en uno de las más buscadas en Google. En el ámbito de las redes sociales, el meme sigue siendo la información cultural sintetizada transmitida entre personas, con la nueva característica de viralizarse horizontalmente sin necesidad de una jerarquía tecnológica, de boca a boca, de retuit a retuit, de like a like, una nueva forma de reproducción mediante la imitación.

Los memes influyen en las estructuras mentales, creencias, conocimientos y comportamientos, y se generan en cerebros que transmiten el meme a otros cerebros o a plataformas de almacenaje y distribución. La analogía biológica de los memes más acorde al entorno digital es la del virus-idea, ya que la relación en red permite que la comunicación se difunda de forma más viral y más horizontal, aun a pesar de que hay nodos de conexión que influyen verticalmente.

Son numerosos los ejemplos de cómo una información procedente de una persona anónima se viraliza y a renglón seguido cientos de memes la replican inundando la red, casi siempre de manera jocosa o satírica, muchas veces con más éxito que el contenido original. Si un nodo de influencia genera un contra-meme, es muy posible que sea éste el que se viralice. Esta transmisión de ideas sigue las mismas pautas de difusión de las epidemias.

Los memes digitales tienen las características de ser información que circula de abajo arriba, y de que consiguen influenciar la macroestructura de la sociedad.

El estudio de la memética reviste gran importancia dentro del campo de las ciencias sociales y para lo que se ha llamado “cultura participativa”7. Los memes diseñados por especialistas han conseguido que las sociedades acepten leyes que han provocado un profundo cambio social a base de sintetizar y ridiculizar ideas adversarias. El reduccionismo al absurdo, la sátira y la exageración han resultado ser muy efectivos cuando se aplican a la transmisión memética de ideas.

LOS MEMES COMO INSTRUMENTO MILITAR

La influencia de la memética en las redes sociales, y por ende en la mente de la audiencia digital, no ha pasado desapercibida para los ámbitos militar y de inteligencia. De hecho, actualmente la mayor parte de los memes que circulan por internet están diseñados por equipos especializados en operaciones de información e influencia, en guerra psicológica.

Desde el año 2006, la empresa Robotic Technology trabaja para el Departamento de Defensa de Estados Unidos en el proyecto Military Memetics8. Con sede en Washington, persigue encontrar una base científica a la memética con el propósito de emplearla eficazmente en el actual escenario de guerra informativa planetaria. Para ello, analiza con detalle el alcance, persistencia y resultado de los memes, empleando algoritmos y métricas para determinar el impacto de los memes en un escenario de conflicto. En definitiva, conocer en profundidad -con el apoyo de psicólogos, filósofos y neurólogos- el funcionamiento de los memes, cómo afectan al comportamiento de forma predecible y qué utilidad pueden tener en cada fase del combate, tanto sobre la población civil como sobre los soldados.

Como suele ocurrir, la investigación se justifica con el hipotético alcance “pacificador” de los memes, en el sentido de emplearlos para una desescalada de la conflictividad. Pero la realidad es que busca otro instrumento para la guerra psicológica 2.0, influyendo en el cerebro y la cognición, de tropas y poblaciones, tanto propias como enemigas, en las redes sociales.

Una característica de los memes “militares” es que persiguen inmediatos, no a largo plazo. Por ejemplo, para cambiar la intención de voto se lleva a cabo una campaña de ridiculización en redes unos días antes de las elecciones, y para conseguir que una sociedad acepte una operación militar se lanza una intensa campaña de aceptación pocas fechas antes de su inicio, e incluso a veces una vez comenzada. (Foto: Wikimedia Commons)

Texto de: Pedro Baños, autor de “El Dominio Mental”, es Coronel del Ejército de Tierra especialista en geoestrategia, defensa, seguridad, terrorismo yihadista e inteligencia y autor, también, de “Así Se Domina el Mundo” (2017) y “El Dominio Mundial”(2018)


Bibliografía

Aunger, Robert. The Electric Meme: A New Theory of How We Think. 2002.

Blackmore, Susan J. The Meme Machine. Oxford University Press. 1999.

Conte, Rosaria. “Memes Through (Social) Minds.” Darwinizing Culture: The Status of Memetics as a Science. Oxford. 2001.

Dawkins, Richard. El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta. Salvat. Barcelona. 1993.

Gruhl, Daniel et al. “Information diffusion through blogspace”. Proceedings of the 13th international conference on World Wide Web. 2004.

Shifman, Limor. “Memes in a digital world: Reconciling with a conceptual troublemaker.” Journal of Computer-Mediated Communication 18.3:362-377. 2013.


1 Gruhl, et al (2004), pp. 491-501

2 Dawkins (1993), pp. 256 y 260

3 Ibid, p. 271

4 Blackmore (1999), pp. 7y 15

5 Conte (2001)

6 Aunger (2002), pp. 324 y 326

7 Shifman (2013)

8 https://robotictechnologyinc.com/index.php/military-memetics

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