El genocidio blanco en Sudáfrica

La situación en Sudáfrica cambió tras el fin de Apartheid. Este sistema (que significa separación en afrikaans) se institucionaliza en 1948 y acaba en 1994, en ese periodo el país ve un gran desarrollo económico pero, al mismo tiempo, una creciente inestabilidad por la cuestión racial en el país. La población africana de raza negra se dividía en diferentes tribus (zulúes, khosa etc…) con tradición guerrera y fuertes rencores.

Entre los sudafricanos blancos existían dos grupos: los bóeres, descendientes de holandeses, belgas, alemanes etc….que se fueron estableciendo en las regiones desde el siglo XVIII y que fueron, desde las deshabitadas regiones de Ciudad del Cabo, penetrando hasta encontrarse con los africanos de la región.

Curiosamente los bóeres se organizaron como comunidades de granjeros y ganaderos fuertemente armados que creaban comunidades cerradas e, incluso, estados como Transvaal o el Estado Libre de Orange que fueron conquistados por los británicos.

Las dos guerras anglo-bóer significó el fin de estas repúblicas blancas en Sudáfrica y la sumisión de las tribus africanas negras y los bóeres al poder del Reino Unido. La segregación natural entre las comunidades, que vivían aisladas en territorio étnicamente homogéneos (como hoy en día ocurre en Namibia que hay comunidades desperdigadas por el territorio con poca mezcla) se convirtió en una segregación institucional debido a que el modelo urbano británico propició una emigración de los campos a las grandes ciudades.

Los blancos, británicos y bóeres, se convirtieron en el poder económico y político que se sustentaba sobre población urbanita concentrada en los anillos exteriores y en guetos de negros sudafricanos como Soweto (al suroeste de Johannesburgo) y guetos de trabajadores blancos pobres como Munsieville (al este de Johannesburgo).

La élite anglo bóer del país, tras los procesos descolonizadores pusieron en marcha un plan de institucionalización de la segregación por barrios que afectaban desde el transporte hasta el uso de playas, recintos sanitarios o colegios, de tal manera que el gobierno, que se había militarizado en exceso, establecía un control férreo para que no se produjeran mezclas de ningún tipo entre las comunidades.

Esto provocó pobreza, falta de recursos y oportunidades para los negros sudafricanos y el inicio de una escalada de tensión y revueltas constantes que se transformó en una situación insostenible que provocó un grave problema de terrorismo; Nelson Mandela, un importante terrorista en su juventud, fue detenido y encarcelado por más de treinta años.

Stephen Biko fue asesinado o la lucha de Desmond Tutu, cardenal católico sudafricano, por la lucha contra el Apartheid. Esa lucha pretendía la igualdad de las comunidades y el acceso a las instituciones sociales, políticas, militares etc…De los negros, en pocas palabras; buscaban una transición en el que las comunidades sudafricanas tuvieran igualdad ante la ley.

Por esto Sudáfrica vivió en el ostracismo internacional, sufrió sanciones y presiones hasta que Frederik De Klerk, Presidente de Sudáfrica, inició los trámites para una normalización de la situación liberando a Nelson Mandela, permitiendo la creación de partidos políticos negros (como el Congreso Nacional Africano) y su acceso a todos los estamentos del país.

La llegada al poder de Nelson Mandela en 1994 significó la normalización internacional de Sudáfrica, la integración y la creación de un nuevo modelo de estado, de hecho incluso cambió la bandera pero, la violencia, no acabó.

En los periodos de lucha anti-apartheid grupos armados africanos asaltaban las granjas y asesinaban a los granjeros blancos violando a sus hijos y esposas para matarlos después, provocando sabotajes y actos de terrorismo. Aunque las revueltas y los atentados cesaron desde 1994 los ataques no, aún hoy los granjeros blancos sudafricanos sufren ataques regulares en sus comunidades, ataques que acaban en asesinatos, quema de sus hogares, violaciones, torturas, mutilaciones etc…,

A los granjeros, aparte de estos ataques ante los cuales la policía hace la vista gorda, nos encontramos con una serie de leyes enfocadas en la expropiación masiva, sin justiprecio ni compensaciones a los granjeros blancos, medidas que no afectan a los granjeros negros ya que algunas veces se venden estas medidas como compensaciones o resarcimiento por los años de dominio británico y del apartheid avocando a un amplio sector de los ciudadanos blancos sudafricanos a la pobreza y a la marginalidad.

Todo ello mediante la institucionalización de un racismo anti blanco con predicadores importantes como Julius Malema, un peligroso político radical sentenciado por delito de odio contra la población blanca.

Al mismo tiempo los políticos blancos sudafricanos que defiende a los miembros de su comunidad atacados sufren campañas de desprestigio acusándoles de ser racistas, perpetuar un discurso de odio blanco y querer volver al apartheid.

Sin embargo la situación de los blancos en las zonas urbanas de Sudáfrica no es mejor que en las zonas rurales ya que al existir líderes populistas y anti blancos con tanto poder en Sudáfrica como Julius Malema los ataques contra comunidades urbanas, clubes y demás instituciones de sudafricanos bóeres o descendientes de ingleses son atacadas y las agresiones racistas anti blancas van in crescendo.

Estas agresiones, ataques y asesinatos son constantemente pasadas por alto por el gobierno cuya pasividad ante los hechos les convierte en partícipes por omisión de estas masacres cuando no en sus alentadores. Las marchas para la expropiación de tierras en manos de granjeros blancas tengan el lema “Land or Death” (Tierra o muerte).

Las tensiones provocadas han hecho que los blancos, especialmente los bóers, muy vinculados a su tierra hayan comenzado a emigrar dentro del país a regiones tranquilas donde la mayoría blanca sea aplastante y puedan vivir en paz pudiendo, en caso de ataque, poder defenderse. Existen milicias y grupos armados de autodefensa y supervivencia como los Suidlanders y el nacimiento de un proyecto político separatista llamado “Orania” cuyo objeto sería la de separarse de Sudáfrica y constituirse en un estado independiente y racialmente homogéneo blanco que sea el refugio y proteja a las comunidades blancas no sólo en Sudáfrica sino también en países como Namibia o Zimbabue.

En Zimbabue , llamado Rodhesia bajo el gobierno de Ian Smith, tomó su modelo de estado de Sudáfrica y los blancos controlaba el país (en los años sesenta y setenta los blancos de Zimbabue representaban el 40% de la población total). Tras los acuerdos de Lancaster que puso el poder del país en manos de la población negra con el líder Robert Mugabe como jefe, que había combatido contra Smith, generó una serie de problemas ya que en el acuerdo se establecía un cupo de diez votos para la comunidad blanca y el respeto de las posesiones en manos de granjeros blancos.

Las políticas dictatoriales y brutales de Mugabe provocó no sólo la caída del país en la miseria, que afectó a blancos y negros, sino la eliminación del cupo de diez votos y una política de expropiación, copiando el modelo de cleptocracia de Mobutu en el Zaire que obligó a la salida, sobre todo en los años ochenta y noventa, de la población blanca del país y que sería un preludio de los problemas que sufrirían los blancos sudafricanos poco después.

Sin embargo la caída de Mugabe, la reestructuración de la economía y la falta de una conflictividad entre comunidades ha hecho que una gran parte de los blancos emigrados hayan vuelto a Zimbabue al cesar el acoso y tras una serie de campañas por parte del nuevo gobierno para que los emigrados de la comunidad blanca vuelvan al país ya que, en los últimos años del gobierno de Mugabe, era prácticamente inexistente.

En todo caso la problemática de los países del cono sur africano contra los blancos ha provocado la salida masiva de estos principalmente a Australia (donde son bien recibidos), Estados Unidos y Reino Unido por el acoso, las expropiaciones, el rechazo, racismo, persecución y asesinato.

El genocidio blanco en Sudáfrica se ha cobrado la vida de miles de bóers y anglo descendientes desde 1994. 

Ataques

1996–97: 84 muertos y 433 ataques

1997–98: 142 muertos y 490 ataques

1998–99: 144 muertos y 827 ataques

1999–00: 144 muertos y 823 ataques

2000–01: 147 muertos y 908 ataques

2001–2: 140 muertos y 1.069 ataques

2002–3: 103 muertos y 903 ataques

2003–04: 88 muertos y 773 ataques

2004–5: 82 muertos y 694 ataques

2005–6: 88 muertos y 636 ataques

2006–7: 86 muertos y 794 ataques

2010–11: 80 muertos y 532 ataques

2011–12: 56 muertos y 523 ataques

2012–13: 59 muertos y 566 ataques

2013–14: 57 muertos y 517 ataques

2014–15: 60 muertos y 490 ataques

2015–16: 49 muertos y 446 ataques

2016–17: 74 muertos y 357 ataques

2017-18: 54 muertos y 433 ataques

2018-19: 57 muertos y 552 ataques

En total: 1.794 muertos y 12.766 ataques (Fuente: AfricaCheck).

Esta población está siendo masacrada por bandas y criminales, hostigada y perseguida  por el gobierno por razón de su raza pero, al contrario de otras comunidades y otros conflictos parecidos, los blancos de Sudáfrica no tienen cobertura mediática, ONG´s que muestren su sufrimiento ni organizaciones internacionales que denuncien, presionen y protejan a estas comunidades que, si no se pone remedio, desaparecerán del país. Foto: Wikimedia Commons

Por Koldo Salazar López

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