La lucha de poder en el seno de Irán

Desde hace años existe una importante tensión entre los centros de poder dentro de Irán. Los centros de poder se reparten en un tándem entre las ciudades de Mashdad y de Qom, que representan el ala revolucionaria iraní más jomeinista y confesional siendo, como es, la cuna del poder sobre el que se sostiene el jefe de estado iraní: el líder supremo Seyyed Alí Jameni.

Qom es una ciudad sagrada dentro del Islam chiita duodecimano y centro de estudios de los religiosos de esta corriente en paralelo a la sacralidad de Najaf y Kerbala en Irak. De hecho prominentes imames, sheijs y ayatollahs han estudiado en estas ciudades, sin embargo para los chiitas persas normalmente ha sido Qom la ciudad donde han comenzado y desarrollado sus estudios hasta el final, convirtiendo esta pequeña ciudad al sur de Teherán en una ciudad profundamente religiosa y tradicional donde se ubican, además, los centros espirituales de las mezquitas de Jamkarán y el Santuario de Fatimah Masumeh.

Mashdad es otra ciudad muy importante ya que alberga el santuario del Imam Reda (octavo imam, líder de los chiíes) siendo, como es, el santuario más grande e importante del país, centro de peregrinaje así como núcleo sociocultural y político. Los santuarios en Irán no sólo contienen la tumba y una mezquita sino una serie laberíntica de bibliotecas, centros de estudios, seminarios, salas de conferencias, universidades e incluso cementerios o baños públicos. Son los centros históricos donde se ha desarrollado la vida intelectual del país, de ahí que sean algo más que meras tumbas.

El poder de estos santuarios en el plano espiritual, político, intelectual y social es similar al peso del bazar en la vida social, económica y cultural del país. Resumiendo: santuarios y bazares son las dos caras de la moneda iraní. Sin embargo el santuario de Mashdad es un santuario que mueve una gran cantidad de dinero y poder a todos los niveles. Sin embargo la ciudad de Mashdad está al nordeste, cerca de la frontera con el Turkmenistán, lejos del centro de poder en Teherán aunque tiene la ciudad de Qom para pivotar y acercarse al poder.

Estos poderes enclavados en sendas ciudades tienen un alto ascendente dentro de la vida religiosa, política, económica y cultural del país pero, también, militar representando el alma de los Pasdarán (la Guardia Revolucionaria Iraní). Como tal todo este entramado es totalmente leal al líder Jamenei. Curiosamente los dos grandes exponentes del poder del Tándem Qom-Mashdad lo representaba el general Qassem Soleimani (como líder político-militar) y Seyyed Ebrahim Raisí fiscal general de Irán, magistrado presidente del tribunal supremo y miembro de la asamblea de expertos (que representa el poder político-religioso) y del que se rumorea que podría suceder a Jamenei tras su deceso.

Este poder fue muy potenciado durante la era de Ahmadineyad cuya gestión dio más poder aún a los Pasdarán y a los centros religiosos de Qom y Mashdad hasta la llegada de Hassan Rohaní. Rohaní representa el ala moderada de la República Islámica de Irán, más abierta a la modernidad aunque sin abandonar las raíces chiitas de la revolución sino que, por el contrario, intenta modernizarla y adaptarla a los nuevos tiempos reinterpretándola. El centro de poder de estos ayatollah y políticos es fundamentalmente Teherán y las ciudades grandes del país apoyándose sobre todo en la juventud y en las crecientes clases medias aunque, todo haya que decirlo, sus desaciertos hayan provocado disturbios, oposición y problemas.

Frente a la oposición de sectores sociales, no siempre opositores al sistema en sí pero si descontentos con la gestión gubernamental, se encuentra el apoyo de amplias capas de la masa social sobre todo al demostrar su pericia a la hora de negociar la crisis nuclear y la traición patente de Estados Unidos a sus gestiones que siempre fueron honestas (lo que le reforzó frente a la opinión pública que le apodó como “el sheij diplomático“) pero acrecentó la separación entre las sección que él abanderaba y la de la sección más tradicionalista gobernada por Jamenei, Soleimani y Raisí.

Curiosamente en las elecciones de 2017 se enfrentó a varios candidatos quedando en la segunda vuelta frente a Raisi. Desde Qom, Mashdad y Teherán se hizo campaña a favor de Raisi y todo daba a entender que él era el candidato de Jamenei, sin embargo perdió frente a Rohaní que se alzó con el poder e inauguró su segundo mandato. Sin embargo las protestas sociales continuaron y fueron reprimidas por los Pasdarán, a pesar de que Rohaní siempre pretendió limitar el poder de este grupo. Las últimas acciones se dieron en noviembre cuando el gobierno decidió aumentar los impuestos al combustible y estallaron los problemas.

El asesinato de Qassem Soleimanisignificó un respiro para Rohaní ya que si bien Raisi no tiene un gran carisma ni ascendente entre la sociedad sí es cierto que Soleimani sí y si este se veía tentado a presentarse a las elecciones era, de todos sabido, su victoria total. Además como líder de los Pasdarán estaba abiertamente alineado con Jamenei y era un rival (políticamente correcto y respetuoso) de Rohaní. El asesinato del general permitió a Rohaní usar el dolor y la ferviente unión de los iraníes para reiniciar el diálogo con el pueblo tras los fracasos económicos y los disturbios del año pasado, sin embargo al mismo tiempo que reforzaba su posición se produjeron los ataques a las bases estadounidenses en Irak de Erbil, Ain Al Asad y el derribo del vuelo PS752 de Ukranian Airlines esa misma noche.

Rohaní rápidamente anunció el éxito de la operación y se otorgó la victoria como Presidente de la República Islámica de Irán declarando que habían vengado el martirio de Qassem Soleimani frente a Estados Unidos, lo cual le reforzó sin embargo se distanció del derribo del avión. Las horas de confusión y duda entre las teorías del fallo mecánico o el derribo y la presión internacional dio horas suficientes a Rohaní para guardar la calma dentro y fuera de las fronteras.

El descubrimiento de que el avión fue derribado permitió a Rohaní bifurcar las consecuencias de esa noche. Los ataques a las bases eran obra suya y de sus asesores militares por lo que de él era la victoria, el prestigio y el triunfo mientras que el derribo del avión se produjo por un error militar de la cadena de mando dependiente de los Pasdarán y no del ejército regular. El torrente de acontecimientos, todos al mismo tiempo, comenzó cuando Rohaní pedía disculpas oficiales a Occidente a través de las redes sociales y acto seguido comenzaron las dimisiones de generales, las comisiones de investigación, la visita del enviado de Qatar (que se comprometió a pagar las indemnizaciones a las víctimas del vuelo derribado) y las acciones diplomáticas entre Rohaní y su homólogo canadiense Justin Trudeau. Todo esto le permitió salir del ojo del huracán tanto a nivel interno como internacional dejando en el centro a Jamenei, Raisí y los Pasdarán contra los que se desató la ira de los iraníes en estos pasados días de disturbios.

De hecho las proclamas apenas mencionaban a Hassan Rohaní sino que protestaban contra los Pasdarán, la dimisión del líder Jamenei y el fin del sistema religioso en el país. Para frenar las protestas el gobierno desplegó a los “Basij” (los antidisturbios de los Pasdarán). La falta de apoyo de Rohaní a estos últimos, que han perdido poder a ojos vista desde el asesinato del líder carismático Qassem Soleimani y el desprestigio tras el derribo accidental del avión ha hecho que este grupo se haya resentido por la desidia políticamente interesada de Hassan Rohaní a la hora de protegerles, lo que confirma que la lucha de poder en el seno de la República Islámica de Irán está más viva que nunca ya que se está jugando el futuro de la revolución de 1979.

Las protestas en Irán se han calmado usando el cuadragésimo día tras el asesinato de Qassem Soleimani (tradición que se da en Irán, recordar al fallecido tras cuarenta días de su muerte) ha servido para reafirmar a un sistema que cuenta con un amplio apoyo social pero que necesita reformas dentro del sistema para acomodar a una nueva generación de jóvenes que desean cambios al mismo tiempo que son profundamente nacionalistas y religiosos. (Foto: Wikimedia Commons)

Por Koldo Salazar López

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