Wadad Mohamed Fadel El Ouali es una investigadora saharaui y graduada en Geografía. En su trabajo académico, destaca por aplicar técnicas de teledetección para analizar el impacto ambiental de la minería y Otralectura.com ha podido entrevistarla.
Como mujer saharaui, Wadad Mohamed Fadel El Ouali compagina su rigor académico con un profundo compromiso social como activista por la libertad del Sáhara Occidental. Su labor no se limita al estudio geográfico, sino que utiliza su plataforma para visibilizar la lucha de su pueblo contra la ocupación y la explotación de los recursos naturales en los territorios ocupados.
Al integrar su conocimiento técnico con su activismo, Wadad denuncia las consecuencias ambientales y humanas derivadas de la extracción minera en su tierra natal. Su voz es fundamental en la diáspora, representando a una generación de jóvenes saharauis que utilizan la educación y la conciencia política como herramientas de resistencia pacífica para reclamar el derecho a la autodeterminación y la soberanía de su nación.
¿Cuáles son los mayores desafíos actuales para los derechos humanos en el Sáhara Occidental?
Uno de los mayores desafíos para los derechos humanos en el Sáhara Occidental es la falta de garantías para ejercer libertades fundamentales como la libertad de expresión, de asociación y de manifestación en los territorios ocupados, ya que ahí es donde realmente se debería de hacer la verdadera reivindicación.
Pero desafortunadamente, muchas personas que defienden el derecho a la autodeterminación se enfrentan a vigilancia, represalias o dificultades para hacer oír sus reivindicaciones. A esto se suma la situación de miles de refugiados saharauis que viven desde hace décadas en los campamentos de Tinduf, dependiendo en gran medida de la ayuda humanitaria y enfrentándose a numerosas limitaciones económicas y sociales que les limitan en muchos casos. Además, la ausencia de una solución política al conflicto mantiene una situación de incertidumbre que afecta a varias generaciones de saharauis.
¿Qué impacto tiene la falta de reconocimiento internacional en el activismo saharaui?
Desde mi experiencia como activista saharaui, la falta de reconocimiento internacional supone un obstáculo importante porque limita la capacidad de nuestra causa para llegar a determinados espacios políticos y de toma de decisiones. En muchas ocasiones sentimos que nuestras reivindicaciones no reciben la atención que merecen en la agenda internacional, a pesar de tratarse de una cuestión de descolonización pendiente.
Esta situación nos obliga a redoblar esfuerzos para explicar nuestra realidad, generar alianzas y mantener viva la defensa de nuestros derechos. Aunque me gusta pensar que esto también está fortalecido de alguna manera nuestra capacidad de organización y determinación para seguir trabajando desde la sociedad civil y a través de movimientos de solidaridad internacional.
¿Cómo logran visibilizar su causa las organizaciones juveniles frente al bloqueo mediático?
Las redes sociales se han convertido en un espacio clave para compartir testimonios, denunciar vulneraciones de derechos humanos y mostrar la realidad que vive nuestro pueblo de manera rápida y más visible a través de diferente tipo de contenido.
También la colaboración con organizaciones internacionales, universidades, asociaciones y medios independientes ayudan a amplificar nuestras voces. Además, solemos recurrir mucho a la cultura, el arte, la música y los eventos académicos como formas de sensibilización y de preservación de nuestra identidad. Frente al bloqueo mediático, la juventud saharaui tiene que demostrar una gran capacidad de adaptación y creatividad para seguir defendiendo su causa y mantenerla presente en la conciencia internacional.
¿De qué manera afecta la explotación extranjera de recursos al pueblo saharaui?
La explotación de los recursos naturales del Sáhara Occidental tiene un impacto directo sobre nuestro pueblo porque se realiza sin el consentimiento del pueblo saharaui, que es el titular legítimo de esos recursos según el derecho internacional. Los beneficios económicos obtenidos de la pesca, los fosfatos o las energías renovables no repercuten de forma justa en la población saharaui, mientras que muchos saharauis continúan viviendo bajo ocupación o en campamentos de refugiados.
Además, esta explotación contribuye a consolidar una situación política (BLANQUEANDO LA OCUPACIÓN) que impide nuestro derecho a la autodeterminación y dificulta que podamos decidir libremente cómo gestionar y aprovechar nuestras propias riquezas naturales. Además de eso, como no se están implantando medidas ni hay política ambiental, esa explotación está generan un gran impacto ambiental que afecta de manera irreversible al territorio.
¿Cuáles son los principales problemas ambientales que sufren los territorios ocupados?
Observo una creciente presión sobre ecosistemas especialmente frágiles. La extracción intensiva de recursos, la expansión de determinadas infraestructuras y actividades económicas impulsadas por el régimen marroquí generan impactos sobre los suelos, la biodiversidad y los recursos hídricos. También existe una falta de transparencia y de participación de la población saharaui en las evaluaciones ambientales y en la toma de decisiones sobre proyectos que afectan directamente a nuestro territorio. Todo ello además se produce en una región caracterizada por una gran vulnerabilidad ecológica debido a sus condiciones climáticas desérticas.
¿Cómo influye la ocupación del régimen marroquí en la gestión y explotación del agua, recurso vital, en la región?
El agua es un recurso estratégico y extremadamente escaso en el Sáhara Occidental. Como ambientóloga, considero que la ocupación condiciona profundamente su gestión porque las decisiones sobre la explotación de acuíferos, la distribución de recursos hídricos y el abastecimiento para actividades económicas son tomadas por las autoridades marroquíes.
Esto genera preocupaciones sobre la sostenibilidad a largo plazo de los recursos hídricos, especialmente cuando se destinan grandes cantidades de agua a actividades industriales, agrícolas o turísticas promovidas en un territorio donde el acceso al agua debería ser una prioridad para la población local. Por ejemplo, para la explotación del fosfato (que se hace de manera incontrolada) se utiliza muchísima agua y eso agota más rápidamente los acuíferos y afecta gravemente al ecosistema.
¿Es la explotación de la riqueza saharaui, no sólo la marítima sino los fosfatos o el turismo promovido por el régimen marroquí una forma de saqueo de recursos saharauis?, ¿Se investigan acciones en los tribunales internacionales contra eso?
Desde mi perspectiva, claramente es una forma de expolio o saqueo de los recursos saharauis, ya que se trata de actividades desarrolladas en un territorio pendiente de descolonización y sin el consentimiento del pueblo saharaui. El fosfato es un recurso no renovable y en Phosbucraa hay una gran reserva mundial que se está gestionando mal. Y en cuanto al turismo, ayuda a blanquear la ocupación, porque la gente que visita el territorio se queda con la idea de que es marroquí, cuando no es así.
Por otra parte, numerosas organizaciones de derechos humanos, como WSNS, han denunciado esta situación durante años. Además, existen procedimientos judiciales y acciones legales impulsadas por representantes saharauis y organizaciones de apoyo ante tribunales internacionales y europeos. En particular, las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea han reiterado en diversas ocasiones que el Sáhara Occidental posee un estatus separado y distinto de Marruecos y que cualquier acuerdo que afecte al territorio o a sus recursos debe contar con el consentimiento del pueblo saharaui.
¿Qué papel juega la comunidad científica española en la investigación de estos territorios?
Creo que la comunidad científica española tiene un papel muy importante, no solo por la proximidad geográfica e histórica de España con el Sáhara Occidental, sino también por su capacidad para generar conocimiento independiente y riguroso sobre la realidad del territorio. Desafortunadamente hay escasos investigadores españoles que hayan contribuido a estudios sobre biodiversidad, recursos naturales, cambio climático y derechos humanos que ayuden a comprender mejor los desafíos a los que se enfrenta el pueblo saharaui.
Además, para ello (dentro del ámbito académico) debe fortalecerse la colaboración entre universidades, centros de investigación y organizaciones solidarias que permitan visibilizar problemáticas que muchas veces quedan fuera de la agenda mediática y política. Desde mi punto de vista, la ciencia también puede ser una herramienta de justicia, porque aporta evidencias que ayudan a defender derechos y a promover una gestión sostenible de los recursos naturales.
¿Cómo conecta su formación en ciencias ambientales con el bienestar saharaui?
Hay un aspecto que considero especialmente importante y que muchas veces pasa desapercibido: la gestión de los residuos en los campamentos de refugiados saharauis. Se trata de un entorno con recursos limitados y donde históricamente ha existido poca información, infraestructura y medios para gestionar adecuadamente los residuos.
Esto puede generar problemas ambientales y sanitarios que afectan al bienestar de la población. Por ello, me gustaría que mi formación pudiera contribuir en el futuro al desarrollo de proyectos de educación y concienciación ambiental dirigidos a mejorar la gestión de residuos y promover prácticas más sostenibles dentro de los campamentos.
Por otro lado, también me interesa continuar investigando sobre la explotación de los recursos naturales del Sáhara Occidental y los impactos ambientales, sociales y económicos que esta genera.
Considero que la investigación científica puede aportar datos y evidencias fundamentales para comprender mejor estas dinámicas y para defender una gestión de los recursos que respete tanto el medio ambiente como los derechos del pueblo saharaui.
Para mí, la ciencia y el activismo no son ámbitos separados, sino herramientas complementarias que pueden ayudarme a alcanzar objetivos para mejorar la calidad de vida de mi pueblo.