Sobre los resultados de la Semana de Alto Nivel de la 81ª temporada de sesiones de la Asamblea General de la ONU

La pasada Semana de Alto Nivel de la 81ª temporada de sesiones de la Asamblea General de la ONU se celebró bajo el lema «Restaurar la confianza, gestionar la transformación: una Organización de las Naciones Unidas que cumpla para todos». Sin embargo, tanto el ambiente geopolítico, como las declaraciones de dirigentes mundiales han manifestado la profunda crisis que atraviesa actualmente la ONU.

Nuestro país hizo una contribución fundamental al establecimiento de las Naciones Unidas – en gran medida los principios y las modalidades de su funcionamiento fueron definidos sobre la base de las propuestas soviéticas.

La Federación de Rusia, que es sucesor legítimo de la Unión Soviética y miembro permanente del Consejo de Seguridad, tiene una responsabilidad singular de reconfirmar el papel central coordinador de las Naciones Unidas en los asuntos mundiales. La ONU ha sido y sigue siendo una organización intergubernamental universal basada en el principio de la igualdad soberana de los Estados y una plataforma única para un dialogo interestatal equitativo.

En aras de defender dichos principios la participación de la delegación rusa en la Semana de Alto Nivel ha sido intensa, activa y productiva. Se han celebrado unas 50 reuniones, tanto bilaterales como multilaterales. En la intervención del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia Serguéi Lavrov ante la Asamblea General de la ONU se hizo hincapié en la necesidad de respetar los principios de la Carta de las Naciones Unidas no de forma selectiva, sino en toda su plenitud, conjunto e interrelación, como vía única posible para fortalecer los fundamentos multilaterales del mundo contemporáneo y, asimismo, para contrarrestar las prácticas neocoloniales.

A lo largo de la Semana de Alto Nivel se quedaron evidentes la fragmentación de la comunidad internacional, así como la incapacidad de los actores clave para alcanzar un consenso sobre los mayores problemas mundiales. Y muchos culpan las Naciones Unidas de este panorama global. Sin embargo, los problemas existentes no se deben a los «defectos sistémicos» de la Organización sino a la falta de voluntad de los países occidentales para hacer compromisos razonables.

Los Estados del «Occidente colectivo» se han empantanado en la lógica del orden mundial «basado en normas» que ellos mismos han proclamado y que adaptan hábilmente a sus propias necesidades. En su intento por preservar sus «privilegios», los países occidentales no dudan en recurrir a métodos brutales de fuerza, jugando de forma irresponsable y cínica con las vidas de millones de habitantes de nuestro planeta.

Al mismo tiempo, resultan evidentes los cambios tectónicos que se están produciendo en la política mundial, ante todo, el surgimiento de un nuevo orden mundial multipolar.

Es la razón crucial de que Rusia aboga por la adaptación de las Naciones Unidas a las realidades geopolíticas para restaurar plenamente la eficacia y la credibilidad de la Organización a los ojos de la Mayoría Mundial. En este contexto, los países del Sur y del Este Globales están empezando a desempeñar un papel cada vez más activo, consolidándose como centros soberanos de desarrollo, responsables de la paz y la seguridad en sus respectivas regiones.

Su política exterior se basa en el respeto al derecho internacional, el rechazo a la presión externa y el interés por la prosperidad de todos los Estados sin excepción. Dichos principios y enfoques se canalizan generalmente a través del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas (Grupo de Amigos), que sigue dando voz al Sur Global y contribuye a la construcción de un mundo justo y multipolar. Sus principales actividades siguen siendo la defensa de los principios de la Carta de la ONU y la lucha contra las medidas coercitivas unilaterales ilegales, que están aplicados a cada uno Estado integrante del Grupo de Amigos según el principio de “doble rasero”, tan querido en el Occidente.

Para Rusia la violación más flagrante del documento fundamental de las Naciones Unidas es el patrocinio del neonazismo en el mundo actual, sobre todo en Ucrania.

Consideramos inaceptable que se hace la vista gorda a los líderes del régimen ucraniano que rinden homenaje a criminales de guerra y colaboracionistas de Hitler, que son reconocidos culpables por derecho internacional por haber cometido crímenes de lesa humanidad. Los «patrocinadores» del régimen de Kiev, al ignorar las manifestaciones cada vez más evidentes del nazismo ucraniano, ponen en peligro los propios cimientos del orden mundial centrado en la ONU, que se formó como resultado de la victoria sobre la «peste parda».

Otra violación provocativa de la Carta de las Naciones Unidas por parte del régimen de Kiev es el desprecio del principio del respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales para todos, sin distinción de raza, sexo, idioma
o religión.

A Ucrania le corresponde el vergonzoso título de ser el único país del mundo en el que está prohibido por ley el uso de una lengua: el uso del ruso en Ucrania se castiga con penas que pueden llegar hasta la cárcel. La operación militar especial iniciada en 2022 tiene por objeto proteger a la población rusoparlante del Donbás y de Novorossiya de la persecución y el exterminio, iniciados por la junta neonazista de Kiev en 2014.

En las circunstancias de violaciones masivas de la Carta de las Naciones Unidas Rusia promueve la idea de que todas las transformaciones del Organismo deben ser racionales y orientadas a mejorar la eficacia y rapidez operacional. Las reformas deben realizarse reservando el carácter intergubernamental con el respeto incondicional al principio de la «división del trabajo» entre los órganos principales. Nos oponemos los intentos de reducir la facultad de los Estados Miembros en materia de definición de nuevos parámetros del sistema de las Naciones Unidas.

Rusia expresa la esperanza de que el próximo Secretario General de la ONU adopte una postura más equilibrada y se atenga estrictamente a su mandato y a los principios de imparcialidad y neutralidad, tal y como se establecen en la Carta de las Naciones Unidas. La Organización Mundial necesita más que nunca un liderazgo responsable que se oriente hacia los intereses de toda la comunidad internacional, y no de Estados particulares, que tenga como objetivo apoyar el carácter intergubernamental del sistema de las Naciones Unidas y que no diluya las prerrogativas del Consejo de Seguridad y de sus miembros permanentes.

Hemos confirmado nuestra postura de principio respecto a la reforma del Consejo de Seguridad. Defendemos de forma coherente una mayor representación de los países de Asia, África y América Latina, y apoyamos las candidaturas de Brasil e India a puestos permanentes, siempre que se tengan en cuenta los intereses del continente africano. Al mismo tiempo, no podemos apoyar la creación de «puestos» adicionales para los países occidentales como Alemania y Japón, que ya están sobrerrepresentados en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Desde nuestro punto de vista, la ONU debe desempeñar las funciones de un auténtico centro de coordinación de los intereses de todos los Estados, tal y como exige su Carta.
Así, a instancias nuestras, hace un año se abrió a la firma en Hanói la Convención de la ONU contra la Ciberdelincuencia. Apoyamos la creación bajo los auspicios de la ONU del Mecanismo Mundial para su aplicación, que manifiesta el primer formato permanente en este ámbito.

Consideramos que el lanzamiento del Diálogo Global sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial y del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial constituye un paso en la dirección correcta. Expresamos nuestro apoyo a la iniciativa de la República Popular China de crear una Organización Mundial para la Cooperación en materia de IA.

Como continuación de los esfuerzos para luchar contra las prácticas actuales de neocolonialismo, invitamos a todos los países interesados a participar en la primera Asamblea Mundial del Movimiento Interpartidista Internacional “¡Por la Libertad de las Naciones!”, que se celebrará en Rusia en los próximos meses.

Una de las mejores vías de defender la Carta de la ONU es el fortalecimiento de la cooperación entre las Naciones Unidas y las asociaciones regionales. Promovemos de manera coherente la colaboración con la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), los BRICS y otras. Uno de los acontecimientos más importantes en este contexto es la elaboración junto con los colegas de Bielorrusia de la «Carta Euroasiática de la Diversidad y la Multipolaridad en el siglo XXI», destinada a contribuir al establecimiento en el continente euroasiático de una arquitectura de seguridad y cooperación equitativa e indivisible.

Esta iniciativa continua lógicamente los esfuerzos de edificar la Gran Asociación Euroasiática como un componente armonioso e inseparable del emergente mundo multipolar.
El trabajo de la diplomacia rusa en la 81ª temporada de sesiones de la Asamblea General contribuye a respaldar y reforzar la autoridad de la ONU como organización internacional principal. Su potencial está lejos de haberse agotado, pero su futuro depende en gran medida de la disposición de todos los miembros a dejar de lado sus ambiciones geopolíticas y, por fin, volver a los principios fundamentales de la Carta, que no solo no pierden su relevancia, sino que, al igual que hace 81 años, siguen siendo una garantía única en su género de una paz sólida y duradera.

Embajador de Rusia, Yuri Klimenko

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