La Soberanía Española no es Negociable y el Rif es un Espejo de la Realidad Magrebí

Señoras y señores,

Me dirijo a esta asamblea no con el lenguaje edulcorado de la diplomacia de pasillo, sino con la claridad que exige la defensa de los intereses supremos de España y del Rif por nuestro vínculo histórico y la deuda contraída con el pueblo amazigh del Rif tras 1956. España es una nación con fronteras milenarias, y sin embargo, asistimos atónitos a un escenario donde se cuestiona, de manera directa o mediante tácticas de presión híbrida, la soberanía sobre nuestras ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, así como sobre nuestro archipiélago canario.

Seamos claros: el uso de la migración como arma de chantaje, la proyección de sombras sobre nuestras aguas territoriales y la constante erosión de la estabilidad en nuestra frontera sur son actos inaceptables. España no es una potencia colonial que busca expandirse; España es un Estado soberano que simplemente exige que sus vecinos respeten el derecho internacional y la realidad histórica que define nuestras plazas de soberanía. Aquellos que, desde Rabat, orquestan campañas de hostigamiento contra la integridad de nuestra nación, deben entender que la paciencia de España tiene límites y que nuestra determinación para proteger cada metro de suelo español, ya sea en el norte de África o en el Atlántico, es inquebrantable.

Resulta irónico, y hasta cómico si no fuera por la gravedad de la situación, observar cómo ciertos sectores del gobierno marroquí predican sobre la «integridad territorial» mientras ignoran la realidad interna de su propio Estado. Si tanto preocupa la integridad de las fronteras, ¿por qué esa obsesión enfermiza con mirar hacia España mientras se reprime, con mano de hierro y censura absoluta, a quienes en la región del Rif claman por una identidad propia?, ¿Y los saharauis?

Con Isabel Valero, Carlos Paz y Carlos Sánchez.

El Rif es la prueba viviente de las contradicciones de quienes nos acusan. Allí, en una región con una historia de resistencia que precede a la propia estructura administrativa que intenta asfixiarla, vemos el reflejo de una política de negación. Si el Gobierno marroquí siente el derecho de reivindicar lo que es indiscutiblemente español, ¿con qué autoridad moral niega a sus propios ciudadanos rifeños la capacidad de decidir su camino? Es el doble rasero en su máxima expresión: exigir respeto a las fronteras propias mientras se dinamita la paz de las fronteras ajenas y no sólo las del Reino de España sino también con Argelia, de la que reclaman esa entelequia llamada “Sáhara Oriental” o la totalidad de Mauritania, partes de Mali y Senegal.

España no busca desestabilizar a nadie. Pero que no se equivoquen: no seremos el saco de boxeo de aspiraciones expansionistas ni permitiremos que el desprecio por nuestros valores fundamentales —la indisolubilidad de España, la libertad de nuestro pueblo y el respeto a la ley— se convierta en una moneda de cambio en las relaciones internacionales. España es un país consolidado; no nos intimidan los silencios cómplices de los grandes bloques ni las bravuconadas de quienes creen que el orden internacional es un tablero de juego para sus ambiciones personales.

Queremos una relación de vecindad basada en el respeto mutuo. Pero el respeto es una calle de doble sentido. Si desde el sur se pretende cuestionar nuestra soberanía en Ceuta, Melilla y Canarias —tierra española, sin ambigüedades—, entonces España tiene todo el derecho, y la obligación, de recordar al mundo que la estabilidad en el norte de África pasa necesariamente por el reconocimiento de las realidades históricas y culturales atropelladas en 1956 con la entrega del Protectorado español del Rif, reforzada sobre la República del Rif fundada por Abdelkrim Jatabi que no buscó luchar contra España y Francia por el Sultán del Marruecos francés sino la consolidación institucional y la modernización de la eterna independencia de las cabilas rifeñas.

Esto nos obliga a recordar la, olvidada por España, legítima aspiración del pueblo rifeño a no ser un apéndice silenciado de una administración central que prefiere la confrontación externa en lugar de hacerse cargo con seriedad de la realidad de dos ocupaciones: Rif y el Sáhara Occidental.

Mohamed Douhri, presidente del PNR en España y los analistas internacionales Carlos Paz y Carlos Sánchez.

La historia ha demostrado que los imperios y las ambiciones que se construyen sobre la negación de los derechos ajenos terminan colapsando bajo el peso de sus propias contradicciones. España estará siempre abierta al diálogo, pero no a la capitulación con nadie. No estamos aquí para pedir permiso para ser España. Estamos aquí para garantizar que nuestra soberanía sea respetada y para señalar, con la crudeza que la situación requiere, que quien siembra hostilidad en casa ajena no puede esperar tranquilidad en la propia.

El tiempo de las medias tintas ha terminado. España no aceptará ninguna forma de coacción. Quienes pretenden debilitar nuestra posición olvidan una lección fundamental: la dignidad de un pueblo no se negocia ni se vende por intereses comerciales o de seguridad. España defenderá sus fronteras con la firmeza que dicta nuestra historia y con la seguridad que nos da el derecho internacional.

Esa misma firmeza y esa misma legitimidad la enfocaremos en solventar de manera satisfactoria los errores que la presencia y salida española de África dejó así como el sufrimiento provocado a generaciones de rifeños y saharauis que cayeron en las garras del ilegítimo régimen marroquí que, también, oprime a su propio pueblo.

Muchas gracias.

Deja un comentario