La Doctrina Putin

Para lanzarnos a entender esta operación debemos ser capaces de entender realmente de lo que hablamos cuando empezamos a hablar tanto de Vladimir Putin como de su papel en su vecindario directo, ya sea en Asia Central como en el Cáucaso como en Europa del Este.

Moscú lleva varios años de sobresaltos fronterizos, desde los tira y aflojas de Ucrania y Georgia hasta el avance turco y azerbaiyano en Nagorno Karabaj y un Nikol Pashinián que enfriaba las relaciones Yereván – Moscú, todo eso sumado a las últimas protestas contra Lukashenko en 2020 en Bielorusia como las protestas en Kazajistán, que hizo que Rusia ya definitivamente decidiera entrar en el territorio desplegando a las fuerzas de la OTSC para estabilizar la situación, aunque acabaron retirándose al poco tiempo.

Todos estos sobresaltos hay que leerlos juntos: frente a la operación exitosa en Siria para la defensa del Presidente Bashar al Asad existe un empuje turco en el Cáucaso bastante peligroso que atenaza a Armenia, de hecho este conflicto hizo que Rusia desplegara tropas para vigilar el alto al fuego.

En paralelo tenemos la base de Tayikistán, donde Rusia ha enviado soldados y material mandando un mensaje claro a los talibanes de que no van a permitir una aventura en el país Centroasiático como la que corrieron tras la retirada de la URSS de Afganistán y la posterior guerra en el país. Por otro lado el tema de Crimea y Donbass, región esta última donde no se aplicaron los términos de los acuerdos de Minsk y donde las milicias ultranacionalistas ucranianas, que no forman parte del ejército ucraniano ergo “actuaban por libre”, tenían choques con las milicias de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk.

En paralelo a todo esto las sanciones económicas, el rearme de la OTAN en el este de Europa, especialmente los países bálticos y el centro-este de Europa. Rusia, en este contexto, sabe que su posición es delicada y que una revolución de color: sólo una revuelta exitosa puede poner en extremo peligro Rusia.

Estos avisos le llegaron con las citadas revueltas en Minsk 2021 y Nursultán 2022. Lo cual hizo que Moscú decidiera pasar a la ofensiva; las razones son estas:

El arco Bielorusia – Kazajistán (donde está Ucrania-mar negro- Cáucaso, apuntalado con Abjasia y Osetia del Sur- Kazajistán) es sagrado. Ucrania es, sin embargo, la gran brecha de ese muro de seguridad que Occidente se ha empeñado a través de sus agentes ucranianos en romper al ser el eslabón más débil mientras que los agentes de Rusia en la región lo han intentado evitar.

En segundo lugar viene la percepción de Rusia de que nunca ha sido vista como un igual sino como un enemigo derrotado en los noventa, un creciente rival en el 2000 y una peligrosa amenaza en el 2010. Esta sencilla ecuación es la que explica: a ojos del Kremlin, las cinco oleadas de ampliación de la OTAN hacia el este y el creciente cerco.

Por otro lado esto implica de que Occidente jamás les vio ni como socios ni como amigos sino como un rival y esa percepción occidental es una amenaza para Rusia que siempre ha exigido garantías y que las mismas sean consignadas en acuerdos de obligado cumplimiento (El Memorándum de Budapest de 1994 (que estudiaremos en otro artículo), El Tratado Rusia – OTAN de 1997, La Declaración de Estambul de 1999, la Declaración de Astaná de 2010 o los Acuerdos de Minsk I y Minsk II).

Al ser violadas estas declaraciones Rusia entiende que dejan de tener efecto vinculante.

La Doctrina Putin podríamos establecerla como una forma de dialéctica político-militar de Rusia frente al primer avance de Occidente y la militarización de su espacio estratégico y de seguridad que tiene como resultado la tensión en las relaciones, la injerencia en sus estados vecinos para cortar la amenaza creciente y asegurar su defensa acabando en conflictos.

La Doctrina Putin, que tiene como eje central la seguridad, no se circunscribe a su propia seguridad sino al sostenimiento de los gobiernos a su alrededor, los estados tapón, que definen un espacio de seguridad estratégico y lo importante, sin embargo, es obtener la adhesión, la neutralidad o, en su defecto, el cambio de gobierno sin importar el proceso sino el resultado que al ser no sólo particular sino colectivo, porque del resultado se beneficia el bloque acorde con Moscú, el esfuerzo es compartido aunque sea Moscú la que domine y coordine.

Según la escuela norteamericana el poder se detenta por los actores, de ahí la necesidad de introducir las nociones de influencia, autoridad y poder y los movimientos geopolíticos estadounidenses. Frente a esto está la posición rusa, derivada de la soviética, y que está mucho más cerca de la idea de Marx y Engels de que el poder es la capacidad de imponerse y eso implica que un estado puede ser dominado por otro estado y eso implica una realidad y es que el estado dominante impone sus condiciones al estado dominado que lo acepta bien por adhesión ideológica, por propia voluntad o acepta la voluntad y ejecuta el hecho debido a su incapacidad de imponerse o evitarlo.

En este caso es Rusia la que pretende imponer, mediante el uso de la fuerza, las condiciones necesarias para asegurar su propia seguridad y para ello el dominado: Zelensky, debe aceptar (tras perder la capacidad de resistirse) lo impuesto y ejecutarlo: ser, como mínimo, neutral y no unirse ni a la OTAN ni a la UE. Eso implicaría un dominio por incapacidad de evitarlo.

La caída de Zelensky y la instauración de un gobierno proruso haría esto mismo por adhesión a Moscú por lo que no necesitaría aceptar la orden y ejecutarla por su incapacidad de negarse sino que en el sentido ideológico esa orden es un comando que se procesa como natural, al existir la adhesión por lo que la relación dominado-dominante sería fluida y sin necesidad de fuerza como ahora.

Eso significa que si un país pasa de la órbita de Rusia a la de Occidente, comprometiendo su seguridad, Rusia se reserva el derecho a actuar tanto con presiones como con la penetración como hasta con la guerra y esta doctrina de Putin establece también que este país que se cambia de bando no es sólo un problema de Rusia sino que es un problema para todos los estados u organizaciones locales que forman parte de la esfera de Rusia: de ahí la implicación de Bielorusia, Kazajistán o Chechenia en esta guerra.

La Doctrina Putin, para acabar, no es una veleidad del Presidente de Rusia sino una realidad frente al amenazante y peligroso avance de la OTAN y la UE que compromete la seguridad, la soberanía y la integridad territorial del país y sus aliados. Es un ejercicio que dota de una razón filosófica, política y social a una campaña militar para separarla de las guerras por recursos o contra el terrorismo, esas guerras para implantar sistemas abstractos como “la libertad”, modificar sistemas internos sin ninguna razón llevando la “democracia” o el libremercado a favor de Washington al llevar el “capitalismo”.

Rusia no hace guerras abstractas ni para implantar sistemas administrativos o políticos como la no menos abstracta democracia y libertad, que requiere de explicaciones extremadamente complejas para justificar estos ataques. La Doctrina Putin es orgánica, natural y sencilla, resumible en un par de frases, es una doctrina que sirve para identificar amenazas muy concretas y actuar, en diferentes niveles y de forma progresiva, para sostener su propia seguridad

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