La crisis qatarí

Qatar es uno de los países más pequeños pero, también, más influyentes del mundo debido a la riqueza petrolera que posee y la correcta gestión de este recurso natural-financiero que le permitió diseñar un plan de alto valor añadido en su misión diplomática y económica debido a que los recursos monetarios derivados del comercio del petroleo permitió la influencia del gobierno de Doha en el mercado internacional y, por ende, en las grandes naciones del mundo.

Sus acuerdos con Estados Unidos y Arabia Saudí permitieron una época de estabilidad política que originó la influencia del país dentro y fuera del mundo árabe-islámico a través de sus negocios, de la influyente familia real y de los medios de comunicación como la mítica Al Jazeera.

La intervención del bloque de países del golfo en los asuntos internos de estados como Iraq, Siria o Yemen, mención aparte, significó la acusación abierta hacia estos países de financiar el terrorismo como agentes vehiculares y aliados interpuestos en dos dimensiones, la primera contener el alzamiento de nuevas potencias regionales como Irán y, por otro, asegurarse el control geopolítico de su zona de confort regional.

Qatar, uno de los estados más importantes del eje del golfo y de la entente árabe en la región, sufrió un duro golpe cuando de repente Arabia Saudí, Baréin, Egipto, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, Libia (gobierno de Tobruk), Maldivas, Mauritania, Comoras y la República de Somalilandia rompieron todas las relaciones diplomáticas con este país e iniciaron una campaña de bloqueo y expulsiones de personal diplomático y civiles con nacionalidad qatarí. La ruptura de las relaciones políticas significaron un duro cruce de acusaciones entre Arabia Saudí, líder de los países que realizaron este golpe diplomática y Qatar (víctima del imperialismo saudí) que se ha cobrado su primera víctima en el golfo con el gobierno qatarí.

Esta jugada significó la acusación del gobierno de Riad hacia el de Doha de haber financiado grupos terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico y estar implicados en injerencias en los asuntos internos de sus países.

Lo más interesante de esta crisis diplomática se debe a que fue producida por medio del ciberespionaje cuando, en mayo de 2017, se reportó un ataque contra la Qatar News Agency dentro de un contexto de creciente tensión entre estados del golfo pérsico. De hecho el rastreo de la IP conducía directamente a los Emiratos Árabes Unidos. En este ataque se pudo conocer la opinión del emir de Qatar que, según decía en la información robada de forma ilegal en el ciberataque, quería explotar el resentimiento y el miedo creciente de Estados Unidos hacia Irán, así como las vinculaciones de Qatar con Hamás.

Rápidamente, y de forma muy conveniente, Arabia Saudí y los demás estados del Golfo pérsico iniciaron una campaña enfocada a hostigar al gobierno de Doha justo después de que, el mismo mes de mayo de 2017, Donald Trump visitara Arabia Saudí y se iniciara un acuerdo por el cual el país gobernado por los Saud empezarían una campaña contra los Hermanos Musulmanes, Estado Islámico y aconsejaran a los países árabes y sunitas no árabes que se unieran a la línea marcada por Arabia Saudí. Lo cual dejaba claro que, para Washington, el predominio en la región, aparte de Israel, sería para Arabia Saudí. Los países sobre los cuales pivota la política exterior estadounidense en la región.

Al mismo tiempo los esfuerzos de Qatar por desvincularse de la agresividad mostrada por Arabia Saudí en Yemen, contra la milicia chií Ansarullah (Huthies). El seis de junio de 2017 la agencia iraní IRNA anunciaba en una nota de prensa que: “Muhammad Abdusallam, presidente de Ansarullah, dijo que el régimen saudí y los Emiratos Árabes Unidos están tratando de quebrar la voluntad de los qataríes como intentan romper a los yemeníes, pero están fracasando“, y añadió “Las medidas de los saudíes y emiratos contra Qatar demuestran su agresiva intención de implementar los planes de expansionismo de Estados Unidos [en la región]” (nota de prensa: aquí)

Esta crisis demostró el poder mediático de Arabia Saudí cuando los medios de comunicación occidentales apoyaron el ataque diplomático contra el país árabe. Curiosamente nadie se preguntó si nos podríamos encontrar con información falsa elaborada como pretexto para poder iniciar un plan de ruptura política con Doha, recordemos que se ha elaborado información falsa contra Teresa May, Primera ministra británica, Vladimir Putin, Presidente de Rusia, Donald Trump, Presidente de Estados Unidos o contra Bashar al Asad, legítimo presidente de Siria, Muamar el Gadafi de Libia. Recordemos que la inteligencia falsa ayudó a justificar una guerra, la Guerra de Iraq de 2003.

Otro de los elementos, aparte de este ataque cibernético, fue el acuerdo entre Qatar y las milicias chiitas de Siria e Iraq para liberar a 26 rehenes qataríes (incluyendo miembros de la familia real) que habían sido secuestrados por las milicias chiítas y llevaban cautivos 16 meses y, asimismo, asegurar la ayuda humanitaria y el traslado de refugiados dentro del contexto de la guerra en Siria. Esto significó un acercamiento indirecto entre los gobiernos de Qatar e Irán. Según el Financial Times Qatar gastó $1bn en el pago del rescate (información aquí), lo cual le enfrentó a sus vecinos del golfo por el acercamiento entre Qatar, los chiítas de Siria e Iraq e Irán.

Al mismo tiempo la crisis fue usada por Arabia con doble intención, mostrar su poder e influencia en el mundo árabe-islámico teniendo el poder para bloquear a un país de primer peso mundial como Qatar y lograr que países como Jordania​, Yibuti, Senegal redujeran relaciones con el gobierno de Doha, después de lograr que nueve países rompieran relaciones a todos los niveles. Curiosamente Israel apoyó la política de bloqueo diplomático de Arabia Saudí.

Curiosamente Estados Unidos e Irán (entre otros) se mostraron neutrales, mientras que Turquía, Alemania y la Unión Europea apoyaron a Qatar. El país ha buscado nuevos aliados en Turquía, que desplegará tropas en el país y estarán junto con la sede avanzada del centro de mando de Estados Unidos para el Golfo pérsico. Curiosamente el gobierno qatarí, que necesita de abrir nuevos mercados comerciales urgentes después de esta crisis y, al mismo tiempo, reforzar sus acuerdos con sus aliados, ha mirado de forma muy tímida al vecino Irán, con el cual ha comenzado a restaurar relaciones diplomáticas (bajo mínimos desde 2016) en una clara alusión a su necesidad de expandirse y buscar nuevos aliados y apoyos en la región.

Arabia Saudí, que buscaba dar un ejemplo  a sus aliados con Qatar y usarlo como muestra de su poder en el mundo árabe-islámico se ha encontrado con un estado libre que no acepta el chantaje, las presiones ni los acuerdos pírricos que los saud desean imponer a Qatar, que es un estado soberano y libre que ahora se encuentra acosado por el imperialismo saudí al que ha plantado cara como en su momento hizo Yemen, Siria, Iraq o Irán. (Foto: Flickr)

 

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