Inseguridad y peligro en Guatemala

Guatemala es uno de los países más inseguros del mundo, situado en Centroamérica tiene uno de los índices de asesinatos que más han aumentado en los últimos años. Todo ello debido al auge de la criminalidad que se aúna con la situación de pobreza, desamparo, miseria, desempleo y carestía de la vida que ha generado la ruptura de la paz social, todo ello aunado al auge de las maras en todo el territorio centroamericano.

Los datos arrojan unas cifras preocupantes ya que el índice de asesinatos se sitúa en cerca de 40 muertos por cada 100.000 habitantes, esto significa que Guatemala, después de El Salvador y Honduras, es el país más peligroso de la región. Debemos centrarnos en estos datos

De los 14 millones de guatemaltecos, según datos de FUNDESA, mes a mes son víctimas  de los siguientes ataques:

  • 355 homicidios por arma de fuego;
  • 450 robos de motocicletas;
  • 290 desapariciones;
  • 70 violaciones;
  • Q40mm cobrados vía extorsiones.

PIB Per cápita de Guatemala: en 2013 fue de 2.619€ euros, por lo que si ordenamos los países en función de su PIB per cápita, se encuentra en el puesto 114, por lo que sus habitantes tienen, según este parametro, un bajo nivel de riqueza en relación a los 183 países del mundo.

Esperanza de vida de Guatemala: en 2012 fue de 71,66 años. Está en el puesto 99 de los 182.

IDH de Guatemala: el país se encuentra en el 119º puesto del ranking de IDH formado por 178 países.

De modo que podemos hacer una correlación entre los datos demográficos, sociales y económicos para poder detectar el por qué del auge de la violencia en este país. Y la encontramos en el desplome de la sociedad puesto que en los datos publicados sobre Guatemala en el año 2002 el numero de asesinatos se situaba en torno a 30 de cada 100,000 habitantes.

Frente a esta situación social debemos entender también que la autoridad política no ha sabido actuar contra la delincuencia común y el crimen organizado, que en la región cristaliza en forma de maras, grupos de pandilleros, y ha perdido el control razón por la cual los espacios reservados a la policía fue ocupado por el ejército a fin de poder mantener la paz social. Debido a eso Guatemala se ha convertido durante la primera década del siglo XXI en un lugar sumamente peligroso y violento que se traduce en una situación de ingobernabilidad eral que polariza a la masa social contra la masa política que no puede hacerse con el control efectivo del estado. Que se ha traducido en una violencia social polarizada en varias ramas

Maras y feminicidio

El número de mujeres asesinadas en Guatemala se disparó durante esta década. La violencia contra las mujeres se ha traducido en un aumento ingente de ataques contra las mujeres (2,500 mujeres asesinadas en un breve periodo de tiempo). Este tipo de violencia se manifiesta en la forma de asesinatos pero también de secuestros y violaciones.

Limpieza social

Este es un concepto que se acerca peligrosamente a los conceptos de genocidio o crímenes masivos de odio que se traducen en estructuras de grupos de delincuentes que se dedican a la ejecución de personas (hablamos de estructuras con capacidad financiera, logística etc…), cuya función es la eliminación de grupos de pandilleros, bandas de delincuentes pero sobre todo maras, existen supuestamente dos tipos de grupos, los que actúan de motu proprio tratando de eliminar grupos rivales y otras que actúan a sueldo.

Una de las funciones de estos grupos es también la de forzar desapariciones, que se vuelven a reportar dentro de los ingobernables territorios centroamericanos donde gobiernan las maras.

La violencia cuesta dinero

Según los estudios de Fundesa a Guatemala la situación de violencia e inseguridad generalizado le cuesta 9.8 millones de dólares al año, lo que podríamos traducir en un costo general del 11,3 % de su PIB. De modo que la violencia es cuestión de dinero, a menor seguridad menos ingresos y un estado necesita seguridad para ingresar más y financiarse mejor. Es más curiosamente el banco mundial (en el año 2011) declaró que una bajada del 14% en los homicidios del país centroamericano generaría un crecimiento de un 1% en su PIB anual.

El intento del gobierno, incapaz aún de un control efectivo sobre toda la situación, es buscar el consenso para un plan estratégico de seguridad y justicia. Aunque eso para que no sean bonitas palabras y brindis al sol debería cristalizar en medidas legales, de desarrollo y mejora económica y financiera así como programas de reinserción social de segmentos de la población excluida por su situación de pobreza que permita una reconciliación social y una cohesión que puedo unir de nuevo a la sociedad guatemalteca en un entorno seguro.

Las maras, agresión y violencia

Las maras generan violencia contra la mujer, estos grupos de agresiones se originaron en centroamerica, donde se han expandido a todo el mundo. Son organizaciones ilegales que se dedican a actos ilícitos basados en la agresión a la sociedad. Sus actividades van desde el tráfico de drogas, armas, blanqueo de capitales, secuestros, asesinatos, robos, extorsiones etc. La palabra mara viene de la palabra marabunta, un tipo de hormiga que lo consume todo y daña el entorno donde se encuentra.

Las maras no solo atacan a los hombres sino que también ejercen la agresión contra la mujer y cualquier tipo de violencia contra la mujer gustando sobre todo los abusos sexuales y la violación como una forma de amedrentar a las mujeres y a las parejas de estas mujeres. El maltrato contra la mujer no es solo hacia la mujer que está fuera de las maras sino contra las mujeres pertenecientes a las propias maras.

Violencia contra la mujer

El doble papel de la mujer dentro de la pandilla es ser violenta y violentada. Hay dos formas de entrar. Una ser la novia de un pandillero o la segunda, decidir entrar. Hay que entender que las maras tienen un fuerte arraigo en las zonas deprimidas de las ciudades de américa central y se nutren de jóvenes de familias pobres que viven en la miseria dentro de los barrios más conflictivos de estas ciudades donde la violencia contra la mujer ha sido moneda de uso corriente.

Familias desestructuradas o inexistentes en lugares donde la presencia del estado es sustituidas por estas bandas que ven en estos entornos viveros de jóvenes “soldados” como se denominan a sí mismos. Hay que entender que la edad de ingreso en estas maras se encuentra, de media, en los diez años y muchos no llegan a sobrevivir más allá de los veinte debido a las constantes reyertas entre bandas.

Estas reyertas no se solucionan a base de arma blanca sino que este tipo de agresión suelen llevarse a cabo con armas de fuego cortas, como pistolas, aunque se ha detectado armas de guerra como fusiles de asalto AK 47 o M16, entre otras. En todo caso este tipo de violencia afecta también a las mujeres violando los derechos humanos de la mujer que se verá obligada a realizar labores de tráfico de drogas, armas o incluso la prostitución. Muchas de ellas serán vejadas sexualmente por sus “superiores” que ven en ellas también la forma de mantener relaciones sexuales incluso con el consentimiento de sus parejas.

Muchas de estas mujeres acabarán siendo infectadas de enfermedades de transmisión sexual o acabarán con embarazos prematuros. Las actividades de estas maras, que incluye el sicariado, llevarán a las mujeres a la cárcel. En prisión el maltrato contra la mujer continúa entre las presas, muchas de ellas de maras rivales y la violencia irá vendrá también de parte de los funcionarios de estas prisiones.

Dentro de las pandillas se espera que la mujer sea igual que el hombre en sus comportamientos y su trato en las tareas a acometer es similar al de los hombres pero a la vez las mujeres deben llevar a cabo labores del hogar, limpiar, cuidar a los niños, los hombres y los enfermos. La iniciación de los nuevos pandilleros es mediante una paliza aunque las mujeres pueden elegir entre recibir una paliza (por parte de otras mujeres) o mantener relaciones sexuales con los hombres de la pandilla. Esta violación “consentida” dura el mismo tiempo que la paliza que rechaza. El problema es que la mujer que se somete a la paliza estará mejor considerada que la que se somete sexualmente, hasta el punto que está última deberá acceder a los deseos sexuales, es decir serán acosadas y deberán soportar la agresión.

Las novias de los pandilleros entran de forma automática y son respetadas aunque deben tolerar las infidelidades de su pareja pero si ella es infiel puede llegar a ser asesinada. Si un pandillero sospecha de su novia o que esta sabe demasiado de él y puede delatarle si rompe la relación, él la abandona a sus compañeros que la violarán y asesinarán después.

Las mujeres que desean salir de las pandillas sufren el mismo tipo de vejaciones, castigos y acoso que los hombres aunque los motivos difieran. Normalmente las mujeres abandonan las pandillas al quedarse embarazadas ya que deciden intentar dar una vida mejor a sus hijos. Esta ofensa puede ser castigada con la muerte por parte de la estructura de las maras, que no entienden de los derechos de la mujer que, en estas organizaciones, son consideradas como soldados u objetos.

El maltrato contra la mujer se dará incluso fuera de la pandilla, pudiendo ser asesinadas por sus antiguos compañeros o compañeras, este acoso las obliga al ostracismo en el lugar donde viven aunque las sociedades latinoamericanas tampoco les darán oportunidades de reinserción debido a la, casi, imposible capacidad de abandonar del todo la imagen pandillera debido a los frecuentes tatuajes y marcas que las delatan como pandilleras o expandilleras de modo que la violencia contra la mujer transciende la organización de la mara y llega hasta la sociedad que, asustada por estas personas, llegan a negar cualquier reinserción a estas mujeres victimas de su mala suerte, del sistema y de las temibles maras.

Las maras generan violencia contra la mujer, estos grupos de agresiones se originaron en centroamerica, donde se han expandido a todo el mundo. Son organizaciones ilegales que se dedican a actos ilícitos basados en la agresión a la sociedad. Sus actividades van desde el tráfico de drogas, armas, blanqueo de capitales, secuestros, asesinatos, robos, extorsiones etc. La palabra mara viene de la palabra marabunta, un tipo de hormiga que lo consume todo y daña el entorno donde se encuentra.

Las maras no solo atacan a los hombres sino que también ejercen la agresión contra la mujer y cualquier tipo de violencia contra la mujer gustando sobre todo los abusos sexuales y la violación como una forma de amedrentar a las mujeres y a las parejas de estas mujeres. El maltrato contra la mujer no es solo hacia la mujer que está fuera de las maras sino contra las mujeres pertenecientes a las propias maras.

Violencia contra la mujer

El doble papel de la mujer dentro de la pandilla es ser violenta y violentada. Hay dos formas de entrar: ser la novia de un pandillero y la segunda decidir libremente entrar. Hay que entender que las maras tienen un fuerte arraigo en las zonas deprimidas de las ciudades de américa central y se nutren de jóvenes de familias pobres que viven en la miseria dentro de los barrios más conflictivos de estas ciudades donde la violencia contra la mujer ha sido moneda de uso corriente.

Familias desestructuradas o inexistentes en lugares donde la presencia del estado es sustituidas por estas bandas que ven en estos entornos viveros de jóvenes “soldados” como se denominan a sí mismos. Hay que entender que la edad de ingreso en estas maras se encuentra, de media, en los diez años y muchos no llegan a sobrevivir más allá de los veinte debido a las constantes reyertas entre bandas.

Estas reyertas no se solucionan a base de arma blanca sino que este tipo de agresión suelen llevarse a cabo con armas de fuego cortas, como pistolas, aunque se ha detectado armas de guerra como fusiles de asalto AK 47 o M16, entre otras. En todo caso este tipo de violencia afecta también a las mujeres violando los derechos humanos de la mujer que se verá obligada a realizar labores de tráfico de drogas, armas o incluso la prostitución. Muchas de ellas serán vejadas sexualmente por sus “superiores” que ven en ellas también la forma de mantener relaciones sexuales incluso con el consentimiento de sus parejas.

Muchas de estas mujeres acabarán siendo infectadas de enfermedades de transmisión sexual o acabarán con embarazos prematuros. Las actividades de estas maras, que incluye el sicariado, llevarán a las mujeres a la cárcel. En prisión el maltrato contra la mujer continúa entre las presas, muchas de ellas de maras rivales y la violencia irá vendrá también de parte de los funcionarios de estas prisiones.

Dentro de las pandillas se espera que la mujer sea igual que el hombre en sus comportamientos y su trato en las tareas a acometer es similar al de los hombres pero a la vez las mujeres deben llevar a cabo labores del hogar, limpiar, cuidar a los niños, los hombres y los enfermos. La iniciación de los nuevos pandilleros es mediante una paliza aunque las mujeres pueden elegir entre recibir una paliza (por parte de otras mujeres) o mantener relaciones sexuales con los hombres de la pandilla. Esta violación “consentida” dura el mismo tiempo que la paliza que rechaza. El problema es que la mujer que se somete a la paliza estará mejor considerada que la que se somete sexualmente, hasta el punto que está última deberá acceder a los deseos sexuales, es decir serán acosadas y deberán soportar la agresión.

Las novias de los pandilleros entran de forma automática y son respetadas aunque deben tolerar las infidelidades de su pareja pero si ella es infiel puede llegar a ser asesinada. Si un pandillero sospecha de su novia o que esta sabe demasiado de él y puede delatarle si rompe la relación el pandillero abandona a su ex pareja a sus compañeros que la violarán y asesinarán después.

Las mujeres que desean salir de las pandillas sufren el mismo tipo de vejaciones, castigos y acoso que los hombres aunque los motivos difieran. Normalmente las mujeres abandonan las pandillas al quedarse embarazadas ya que deciden intentar dar una vida mejor a sus hijos. Esta ofensa puede ser castigada con la muerte por parte de la estructura de las maras, que no entienden de los derechos de la mujer que, en estas organizaciones, son consideradas como soldados u objetos.

El maltrato contra la mujer se dará incluso fuera de la pandilla, pudiendo ser asesinadas por sus antiguos compañeros o compañeras, este acoso las obliga al ostracismo en el lugar donde viven aunque las sociedades latinoamericanas tampoco les darán oportunidades de reinserción debido a la, casi, imposible capacidad de abandonar del todo la imagen pandillera debido a los frecuentes tatuajes y marcas que las delatan como pandilleras o expandilleras de modo que la violencia contra la mujer transciende la organización de la mara y llega hasta la sociedad que, asustada por estas personas, llegan a negar cualquier reinserción a estas mujeres victimas de su mala suerte, del sistema y de las temibles maras. (Foto: Flickr)

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