Netanyahu salpicado por la corrupción

El futuro político de Netanyahu está en entredicho en Israel, no por su nefasta gestión de la ocupación palestina, las matanzas en la Franja de Gaza o la opresión en la ocupada Cisjordania. No, a Benjamin Netanyahu se le ha destapado una serie de casos de corrupción que amenazan seriamente su continuidad en el poder.

La policía israelí, en sus pesquisas contra la corrupción, presentó ante la fiscalía pruebas de cohecho en dos casos, aderezados por sospechas de tráfico de influencias. La policía se ha tomado muy en serio el problema de la corrupción política y financiera que está comenzando a azotar a la clase política del país y que tiene que ver con casos graves de ayudas al sector privado vinculado con cargos políticos de altura.

Por ejemplo, el caso 4000 investiga un caso de tráfico de información que benefició a la empresa israelí Bezeq con favores millonarios a cambio de una cobertura mediática positiva hacia el Primer Ministro y su esposa por parte del medio online Walla, de Shaul Elovitch que, al mismo tiempo, es el principal accionista de Bezeq. La información salió del Ministerio de Comunicaciones, que estaba dirigido por Netanyahu de forma directa hasta el año pasado. Shlomo Filber, excolaborador del Primer Ministro que fue detenido en relación a este caso ha decidido abandonar a su antiguo amigo y convertirse en testigo del estado.

Filber en los interrogatorios dejó claro que había actuado por orden de Netanyahu en la trama para ayudar a Bezeq de forma directa e indirecta por los servicios prestados al gobernante, servicios que ayudaron a ser reelegido en las elecciones de 2015.

Al mismo tiempo, el caso se complica con el intento de soborno a la jueza Hila Gerstel a la que, según las investigaciones de la policía, se le ofreció el cargo de fiscal general de Israel a cambio de archivar los casos vinculados a Benjamín Netanyahu. Según las fuerzas de seguridad de Israel se hizo a través del antiguo jefe de prensa de Netanyahu y diferentes círculos relacionados con ellos para proteger sus intereses, estrechamente dependientes del Primer Ministro.

Al mismo tiempo, un escándalo salpicó a Netanyahu cuando se filtró una conversación de su hijo Yair (26 años) con un amigo Ori Maimon, hijo del gigante energético israelí Koby Maimon. En este audio el joven decía lo siguiente: “Mi padre hizo un trato muy bueno para tu padre. Luchó por ello en la Knésset (…) Hermano, mi padre arregló 20.000 millones de dólares y no puedes prestarme 400 shékels (97 euros)?“.

Al mismo tiempo, Sara Netanyahu (esposa del Primer Ministro) fue acusada de inflar gastos privados y pagarlos con fondos públicos. El problema de Netanyahu se ha hecho casi insuperable e implica una grave tormenta en el estado judío debido a las simpatías y vínculos de Benjamín Netanyahu con poderosos hombres adinerados de Israel, Estados Unidos y países árabes (de sobra es conocida su buena relación con multimillonarios saudíes o de Emiratos Árabes Unidos), pero también su interés por acaparar los medios de comunicación y crear una corriente de opinión secundada por fieles seguidores que sólo refuerzan su poder mediante el uso exacerbado del ultranacionalismo, azuzando el miedo a los árabes y eternizando aún más el enquistado problema palestino haciendo oídos sordos a la comunidad internacional.

Al final el conflicto sirio, en el que ha intervenido ayudando a los terroristas antigubernamentales y las escaladas de violencia periódicas e innecesarias con los palestinos de Gaza y Cisjordania le sirvieron para blindarse ante las acusaciones de corrupción frente a una población israelí convenientemente manipulada y asustada que, en la estrategia de poder creada por Netanyahu, acabarían perdonando cualquier caso de corrupción en el cual estuviera implicado siempre que él fuera el protector de los israelíes frente a los árabes, provocados para capitalizar sus reacciones y reforzarse en el poder.

Pero tiene un grave enemigo enfrente y no es Mahmoud Abbas o los periodistas sino Roni Alsheich, Director General de la Policía israelí y ex miembro del servicio secreto israelí, Shin Bet, que no siente el más mínimo miedo ante la caída de Netanyahu y que, frente al Knesset (parlamento israelí) ha declarado que no tiene reparos en investigar esta trama corrupta como si fuera una organización criminal.

El ambiente social en Israel, cansados de la ocupación de Palestina, de años de pérdida de solvencia económica de los ciudadanos, de la radicalización política y militar en el país, que lo ha convertido en un estado policial, puede ser el fin de la era de la extrema derecha de Israel. La caída de Netanyahu conlleva la caída de los miembros del Likud, Yisrael Beitenu y Shas, los partidos que forman la coalición de gobierno y que representan el espectro de extrema derecha.

Este puede ser el momento por el cual, a la caída de esta administración, llegue al poder las tesis de centro-izquierda de otros partidos como Unión Sionista (la lista conjunta en la que van el Partido Laborista y Hatnuah) que aparte de defender la solución de los dos estados y la retirada del ejército y las colonias de la Palestina ocupada, defienden la desmilitarización de la política y la normalización social en el país y con sus vecinos, después de años de ultrajes, intervencionismo y asesinatos, de modo que la caída de Netanyahu podría ser la mejor noticia ocurrida en Oriente Medio en lo que llevamos de década. (Foto: President of Russia)

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