Tráfico de mujeres

Las mafias de la inmigración que operan en África se encargan de suministrar personas a Occidente. Viajan tras un sueño de progreso, libertad y riqueza que se les ofrece previo pago. Las razones de la inmigración masiva de personas desde África hasta Europa arrojan dos grandes causas: la pobreza y la guerra.

El inmigrante que no puede acceder a visado que le permita desplazarse de forma legal decide ponerse en manos de las mafias de trata de personas del centro y oeste de África. Las mujeres, aparte de pagar el doble, de dinero por, en muchos casos, morir de hambre y sed en el desierto del Sahara o ahogadas en el Mediterráneo deberán pagar con su cuerpo.

Las violaciones y los favores sexuales durante la travesía serán constantes. De las tres rutas existentes ahora una corre por la fachada occidental del África, denominada “fachada atlántica” es, digamos, la única ruta que no atraviesa las zonas más duras del desierto ya que esta ruta costea hasta las bases en la costa de Senegal, Mauritania y el Sahara desde donde se lanzan cayucos hasta las costas de Canarias (recordad la oleada de cayucos desde esta zona hasta las islas Canarias durante la década de 2000 hasta el 2008), que llegó a saturar a las autoridades Españolas en la zona.

La segunda ruta atrae a los inmigrantes del centro y este de África hasta el norte de Malí, atravesando el circulo saheliano donde operan diferentes grupos terroristas como el AQMI, MUYAO, Ansar Dine etc… En este negocio, que genera pingües beneficios, los grupos terroristas obtienen una fuente de su financiación, no olvidemos que el tráfico de personas es el tercer negocio más rentable del mundo tras el tráfico de armas y el de drogas. Desde ahí estas personas son enviadas hasta las ciudades de Ceuta y Melilla atravesando el territorio marroquí. Las avalanchas de inmigrantes que usan esta ruta saturaron desde los años 2005 hasta el presente a las autoridades Españolas en estas ciudades.

La tercera ruta, y ahora la más importante, envía directamente a los inmigrantes hasta Libia, ya que después de la caída del coronel Gadafi se produjo una ruptura de los acuerdos de control de la inmigración. Ahora Libia está controlado por dos gobiernos “oficiales” enfrentados, señores de la guerra, grupos guerrilleros localistas y grupos yihadistas han visto en el comercio humano otra de sus fuentes de financiación para sus planes expansionistas y de chantaje para Europa y occidente. Este chantaje se traduce en la llegada masiva de inmigrantes a las costas italianas, dichas oleadas han causado una emergencia humanitaria que ha llegado al punto de que la ONU, la UE e incluso la OTAN han decidido intervenir para cortar este drama.

Mujeres e Inmigración

El futuro de la mujer que logra pasar los filtros de seguridad y se cuela en Europa no es, desde luego, el flamante viejo continente. Estas mujeres serán usadas para la explotación económica y sexual.

La explotación sexual de mujeres, que son vendidas a las mafias de la prostitución o que simplemente pasan a una nueva “sección” de la mafia que las trajo hasta aquí. En este momento todo se traduce en malos tratos, violaciones, uso de drogas para obligarlas a trabajar, en muchos casos se las obliga a consumir cocaína para crearles la adicción a esta sustancia y así pagar a la mujer explotada en droga, logrando también la sumisión de la mujer a la mafia y asegurándose que de esta forma no va a huir. Se han reportado también casos de mujeres aterrorizadas por que para chantajearlas se las había amenazado con rituales vudú. Una práctica común para evitar fugas y denuncias consiste en amenazar a la mujer con represalias contra su familia si se escapan. Amenazas reales debido a los internacionales tentáculos de estas mafias.

Estas mujeres son obligadas a ejercer la prostitución en los polígonos y a las afueras de las ciudades, con el riesgo hacia su seguridad personal, siempre en condiciones de esclavitud, a veces incluso son obligadas a practicar sexo sin protección con el consecuente riesgo para la salud.

Otras son encerradas en clubs, que son auténticas fortalezas en algunos casos. En esos clubs viven secuestradas, no pueden salir solas y deben prostituirse. Negarse significa palizas y maltrato.

Las niñas, muchas de ellas, son también destinadas a la prostitución y también se las compra en occidente estando el valor intrínsecamente vinculado a la situación sexual de la niña, es decir, si es virgen prácticamente se puede pedir por ella lo que el traficante desee.

Otras mujeres, junto con los hombres, son destinadas a la explotación laboral en Occidente. En este caso el porcentaje de mujeres es muy inferior al de hombres ya que las mafias tienden a compartimentar las actividades dependiendo del sexo, prostitución para las mujeres, ventas ilegales, delitos menores y menudeo de droga para los hombres.

La inmigración masiva es una postura incomprensible para toda aquella persona que seriamente defienda los Derechos Humanos. El sistema capitalista general necesita de un mundo descompensado, un mundo cuyos “neoesclavos” no tengan que ser buscados y traídos a Europa sino que sean ellos mismos los que vengan y paguen por sufrir una odisea que muchas veces acaba con su vida en el desierto o en el mar.

El sistema del que nos nutrimos nace de inmigrantes

Mano de obra necesaria en un sistema neoesclavista que encuentra en el inmigrante ilegal la panacea, ya que con él logra obtener el mínimo gasto y el máximo resultado, el precio por su trabajo es menor al de un trabajador europeo por la misma actividad y, además, no están sujetos a ningún tipo de leyes de protección oficial ya que el trabajador inmigrante ilegal no existe.

Por otro lado el sistema económico en el que vivimos usa a estos inmigrantes para oradar los pilares del sistema de protección laboral europeo revisando a la baja la remuneración y los derechos de los trabajadores.

El inmigrante se les ofrece como el chivo expiatorio perfecto ya que los autóctonos verán al inmigrante como el causante de sus males económicos en lugar de ver que el verdadero enemigo del ciudadano es el sistema económico actual, que se nutre de la ilegalidad y de la violación de los derechos humanos más básicos.

Asimismo los grandes defensores de la inmigración masiva son, sin saberlo, los grandes agentes y los pilares sociales del sistema capitalista salvaje actual. La inmigración hoy en día es sinónimo de mafia, explotación y abusos sexuales así como de financiación del terrorismo.

La inmigración masiva genera desarraigo en los inmigrantes, de ahí que se creen los guettos donde tratan de reproducir sus lugares de procedencia. Este desarraigo es mutuo ya que el occidental se ve a si mismo ante una situación que no conocía de antes.

El sistema económico tiene doble cara

La que vemos en nuestras calles y la que no vemos y esa solo tiene una denominación: explotación y violación de los Derechos Humanos. El mundo occidental hoy, en pleno siglo XXI, se yergue sobre la espalda de los esclavos.

La realidad del funcionamiento actual se basa en la necesidad de mantener estas mafias, que no son otra cosa que los suministradores de la tan ansiada mano de obra barata generadora de riqueza para las altas esferas y miseria y pobreza para el conjunto de la sociedad. Pero, sobre todo, necesitan de puntos de exportación de inmigrantes, la pobreza extrema y la inseguridad de muchos lugares del mundo es necesaria para el correcto funcionamiento económico actual ¿sino cómo iba a ser el tráfico de personas el tercer negocio más rentable del mundo?. (Foto: Pixabay)

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