El infierno en Gaza

En el año 2005 fuimos testigos de una de las mejores operaciones de marketing político de la historia cuando Ariel Sharon, al acabar la II Intifada, anunció a la prensa y a la comunidad internacional que la ocupación de la Franja de Gaza iba a acabar y, por ende, Israel iba a comenzar a respetar la normativa internacional que prohíbe la anexión de territorios bajo el uso de la violencia militar. La Franja de Gaza iba a quedar bajo mando palestino, las fuerzas israelíes se retirarían y Gaza iba a ser dueña de su destino desde 1967, cuando fue conquistada.

La realidad era muy diferente ya que no se producía una descolonización sino una desconexión completa entre la Franja de Gaza y el resto del mundo, incluida Cisjordania. El territorio, que comprende unos 385 km² alberga en sus entrañas a toda la población de refugiados palestinos desde Ashkelón hasta Beersheva, aparte de los propios gazatíes, por lo que malviven en Gaza entre 1,5 y 1,8 millones de personas dando una densidad de población de 4167 hab./km² sitiados por tierra, mar, aire y subsuelo.

Todas estas personas están encerradas en el mayor campo de concentración de la historia, con unos acuíferos contaminados resultando, por ende, que el 97% del agua en este territorio no es potable, según un informe de la UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development), el 65% de la población activa está en el paro, el sueldo de los que trabajan ronda entre los 75 y 100 Dólares al mes, 868.000 personas dependen de la distribución de alimentos por parte de la ONU y de otras ONG, el nivel de impuestos es altísimo, los gazatíes deben pagar impuestos tanto a Hamás como a Fatah. Sin contar los daños producidos por las constantes agresiones israelíes que han dejado decenas de miles de muertos, 550 millones de dólares en pérdidas agrícolas, la destrucción de 300 centros comerciales, 247 Factorías destruidas y más de 33 millones de dólares en daños a escuelas, destruidas total o parcialmente.

El suministro energético en Gaza es de subsistencia, por lo que la pobreza de los gazatíes también es energética. La compañía Electricity Distribution Company, que es la que entrega energía a la franja, no puede asegurar un suministro constante de energía de modo que los cortes son la tónica común.

La situación es desesperada, aún así la decisión de Sharon fue inapelable y, si bien se vendió entre la opinión pública israelí como un paso hacia la paz y la seguridad debido a que por un lado se cumplía con una parte de las exigencias de la comunidad internacional y la OLP, por otro se sacaba de la continuidad territorial israelí el mayor foco de violencia armada anti israelí, en aquel momento fiscalizada por Hamás que tenía y tiene su gran centro neurálgico en la Franja de Gaza. Si bien la sociedad israelí lo vio como una traición, los colonos ofrecieron una gran resistencia aunque fueron al final desalojados y el ejercito desplazado al muro de contención, las imágenes de los soldados desalojando sinagogas y casas de colonos judíos terminaron de hundir la reputación de Sharón que recibió incluso, en la televisión, una maldición por parte de rabinos que, al parecer, le costó la vida.

De todas formas hoy la situación enquistada entre Hamás y el gobierno de Israel, la polarización de los contendientes y, al mismo tiempo, de los implicados secundarios y terciarios (potencias regionales y mundiales, respectivamente) hacen que este conflicto, clavado en la médula de oriente medio, sea a día de hoy totalmente irresoluble. (Foto: Israel Defense Forces)

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