Rawán: «Mis raíces provienen de una cultura siria laica, de convivencia pacífica interreligiosa y con derechos femeninos consolidados»

Rawán, es una chica de sonrisa limpia y mirada afilada que es muy activa en las redes sociales tratando desde el genocidio palestino hasta la situación política actual, es una comentarista joven y fresca que dice las cosas claramente.

Nomen est Omen decían los romanos, tal vez esa claridad tenga que ver directamente con el suyo, porque Rawán, un nombre de Oriente Medio, significa agua cristalina. Comenta en la entrevista que cree que eso influye mucho en su forma de ser: directa, clara y sincera. A veces le viene bien serlo, otras veces no tanto.

Trabaja en el mundo del medicamento, soy la encargada de gestionar una farmacia en España, a la vez, soy maquilladora profesional en mi tiempo libre y creadora de contenido en TikTok.

Nacida en Madrid, hija de inmigrantes sirios de Al-Bab en Alepo, mi padre médico pediatra, se graduó en la universidad complutense de Madrid y cuidó de la salud de miles de niños en este país durante años.

Hablamos con ella para conocer de primera mano cómo se vive desde España la situación actual en el siempre complejo Oriente Próximo y cómo se ha ido moldeando en los últimos tiempos el imaginario colectivo español y europeo hacia el mundo islámico en general y los musulmanes en particular.

Otralectura va tenido el placer de entrevistarla.

1.Rawan, al navegar entre tus raíces sirias y tu vida actual en España, ¿cómo logras articular una crítica hacia las estructuras de poder occidentales manteniendo, al mismo tiempo, una integración sana y constructiva en la sociedad que te acoge?

Aunque sea nacida en España pero mis raíces e identidad familiar están en Siria, un origen que ha moldeado mi sensibilidad y mi vocación de servicio en la farmacia. Como mujer hispano siria, entiendo la integración desde una ciudadanía activa y crítica; rechazo el silencio complaciente por el simple hecho de ser hija de inmigrantes y ejerzo mi derecho a señalar injusticias como el racismo o la islamofobia.

Mi identidad suma y no fragmenta, porque siento que mis dos mundos se enriquecen mutuamente. Por un lado, mis raíces provienen de una cultura siria laica, de convivencia pacífica interreligiosa y con derechos femeninos consolidados, como el voto y la participación en la alta política, tanto en la siria de antes de la caída de la dictadura de Al-Assad como con el nuevo gobierno sirio donde incluso las minorías se ven representadas en el gobierno.

Por otro lado, la vida en España me otorga el marco de libertades democráticas, religiosas y derechos civiles para alzar la voz. Demuestro que se puede pertenecer plenamente a esta sociedad con el corazón en la fe, las manos en el servicio público y la aportación al país y el pensamiento crítico completamente despierto.

2.Tu contenido aborda temas de alta sensibilidad como la islamofobia y el ejercicio del poder. ¿Cuál es tu filosofía al elegir las palabras o el tono para que tu mensaje genere una reflexión crítica en tu audiencia, en lugar de provocar una reacción defensiva o confrontativa?

Abordar la islamofobia o el abuso de poder en internet es como caminar por un campo de minas, si entro con confrontación, la conversación muere. Mi regla de oro es clara, mi objetivo no es ganar una discusión, sino abrir una mente. Para lograr que mi audiencia reflexione en lugar de ponerse a la defensiva, sigo varios principios fundamentales, por ejemplo, en muchas ocasiones intento sustituír la acusación por la educación, desarmando los prejuicios sin señalar de forma agresiva para que el espectador baje la guardia y escuche. Por otro lado intento buscar los puntos comunes y valores universales, como la justicia o la dignidad humana para situarnos en el mismo bando. A su vez mantengo una rigurosidad con calma frente a un algoritmo que premia el conflicto, elijo la serenidad porque es lo único que desarma al troll y genera un espacio seguro. En definitiva, entiendo que mi contenido requiere ser suave con las personas pero implacable con las injusticias para que el mensaje cale profundo.

3. A menudo, las voces musulmanas que critican el poder occidental son malinterpretadas o etiquetadas erróneamente por los medios. ¿Qué aspecto de tu postura moderada crees que es el que más le cuesta entender a quienes desconocen tu contexto, y cómo intentas aclarar ese punto?

Lo que más cuesta entender a quienes desconocen mi contexto es que mi postura no es una contradicción, sino una coherencia. Para muchos parece imposible concebir que pueda ser profundamente musulmana, crítica con las políticas occidentales y, al mismo tiempo, una ciudadana pacífica e integrada. Cuando me etiquetan erróneamente, asumen que criticar a Occidente significa defender agendas extremistas como es el Isis o Al-Qaeda o regímenes autoritarios como es el iraní. Para tender puentes, rechazo el binarismo y me niego a elegir un bando; en mis vídeos denuncio la islamofobia en Europa con la misma fuerza que los abusos contra los derechos humanos en países de mayoría musulmana. También comparto mi opinión y mis interacciones positivas con personas de todas las creencias, incluso comparto vídeos de monjas, sacerdotes y personajes como el Papa Francisco que en paz descanse y del actual Papa León XIV donde veo que sus mensajes se asemejan al mío.

Por lo tanto, al humanizar mi realidad, demuestro que mi postura es mi forma natural de habitar el mundo. En definitiva, mi crítica no es hostilidad, sino la mayor prueba de que me importa el lugar en el que estoy, pongo como ejemplo el caso de Mari Carmen, que ha conmovido a medio mundo, nos hemos unido todos en contra de su desahucio y compartí personalmente contenido referente a su caso, y lloré su pérdida como si fuese parte de mi familia.

4.Teniendo en cuenta tu experiencia personal, ¿de qué manera crees que tu labor como creadora de contenido puede servir de puente real para que tanto musulmanes como no musulmanes encuentren un terreno común en la lucha por los derechos humanos y la justicia, más allá de las narrativas dominantes?

En las redes he aprendido que el algoritmo nos divide, pero mi labor como creadora no es convencer a nadie, sino desenterrar la empatía. Rechazo los discursos políticos que nos dividen como personas, e intento romper esa ilusión de rivalidad entre musulmanes y no musulmanes.

Hablo sobre el dolor humano sin filtros ideológicos, conectando desde la dignidad universal para que un seguidor de otra cultura empatice con la situación que estoy enfocando. Por otro lado, visibilizo alianzas reales dando voz a activistas y famosos, tanto musulmanes como no musulmanes, por ejemplo, Javier Bardem, Pep Guardiola, Lamine Yamal, Alba Flores, el presidente del gobierno Pedro Sánchez, y muchas personas más y creadores de contenido que defienden y dan voz a las mismas causas que yo defiendo mostrando cómo nos involucramos juntos en causas globales como darle voz al genocidio que ejerce Israel en contra de los Palestinos, e intento crear un espacio seguro para la curiosidad donde la ignorancia no se castiga, sino que se educa con paciencia y respeto. En definitiva, recuerdo a todos que la justicia no tiene religión; el terreno común ya existe y mi trabajo es dar un poco de luz para que ambos lados puedan verlo.

5.El activismo en redes sociales puede ser emocionalmente exigente, sobre todo cuando te expones a críticas constantes. ¿Cómo gestionas tu propia paz mental y aseguras que el deseo de crear un cambio positivo no termine consumiendo tu bienestar personal?

Cuidar la salud mental es la parte más invisible de mi actividad en las RR.SS, pero la         más crucial, ya que el activismo digital absorbe demasiada negatividad. Entendí que no puedo sanar el mundo si me destruyo a mí misma, por lo que aplico varios límites sagrados para mantener el equilibrio, hago el intento distinguir entre crítica, ignorancia y odio, agradezco la crítica constructiva que muchas veces aprendo gracias a los comentarios de mis seguidores, respondo con paciencia a la ignorancia sincera, pero bloqueo y olvido el odio puro o la islamofobia visceral. Por otro lado, me anclo en mi espiritualidad y mi comunidad real con la que convivo a diario, la oración, la confianza en Dios, y como musulmana recuerdo en todo momento por lo que ha tenido que pasar nuestro amado Profeta Muhammad que la paz y bendiciones de Dios estén con él, para llevar a cabo el mensaje de Dios, por lo que lo mío, realmente no es nada, es más, para ser sincera, solo recibo hate en Redes Sociales, en la vida y en mi día a día no sufro de ningún tipo de discriminación gracias a Dios. He aprendido que cuidar de mí misma también es una forma de activismo sostenible para seguir compartiendo desde el amor por la justicia y no desde el agotamiento. No obstante he de reconocer que los baneos y los intentos de silenciar mi cuenta me vienen bien a veces para obligarme a realizar un Standby o desconexión aunque me acabe fastidiando.

6.¿Si pudieras proyectar un cambio concreto en la sociedad española a través de tu trabajo, cuál te gustaría que fuera? ¿Qué pequeña transformación en la mirada del otro te haría sentir que tu mensaje está logrando su objetivo real?

Si tuviera que proyectar un cambio concreto en la sociedad española, en este caso quiero ser el altavoz de toda la comunidad musulmana en España, sea inmigrante o españoles y españolas regresados/as al Islam, me gustaría que fuera el fin de la mirada de la eterna sospecha. A menudo, las personas musulmanas nacidas o crecidas aquí sienten que se les exige un examen constante de integración.

Mi sueño es que llegue el día en que un musulmán que trabaja y aporta a España sea visto, simplemente, como un español más. Me gustaría que un ciudadano no musulmán, al ver a una mujer con Hiyab (Velo islámico) su pensamiento no sea el prejuicio, sino que la reconozca como una igual con autonomía, estando en un país libre como es España ¿qué menos que ejercer la fe libremente? Y en cuanto a la juventud musulmana española, deseo que se sientan orgullosos de quiénes son, de sus orígenes, hablando su lengua española y participando en debates sin sentirse inferiores por ser hijos o nietos de inmigrantes.

El día en el que los españoles y españolas sientan que compartimos las mismas preocupaciones por el futuro de nuestra sociedad, ahí sabré que el puente se ha construido.

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