La paz y la confianza en Asia: condiciones indispensables para el desarrollo sostenible

La tercera década del siglo XXI se está convirtiendo en un periodo complejo, pero también lleno de nuevas oportunidades para el sistema de relaciones internacionales.

En este contexto, la confianza puede considerarse hoy una especie de capital para el desarrollo. Allí donde existe confianza política, se amplía la cooperación económica, mejora el clima de inversión, se desarrollan las conexiones de transporte y logística y se acelera el intercambio científico y tecnológico. Y, lo que es más importante, los Estados comienzan a buscar soluciones a los problemas comunes no de forma aislada, sino sobre la base de la cooperación.

El papel de Asia Central como espacio de paz, confianza y cooperación ha obtenido reconocimiento internacional, también en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En 2025, la delegación de Uzbekistán ante las Naciones Unidas subrayó que el fortalecimiento de la confianza mutua en Asia Central, la ampliación de los vínculos económicos y humanitarios y los esfuerzos conjuntos dirigidos a garantizar la estabilidad están configurando una nueva agenda regional basada en la igualdad de derechos, la solidaridad y la responsabilidad mutua.

Como continuación lógica de este proceso, en mayo de 2026 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución destinada a reforzar la cooperación regional y la integración económica con vistas a garantizar el desarrollo sostenible de Asia Central. En ella se presta especial atención al fomento de la innovación, la creación de nuevos puestos de trabajo, la consecución de un crecimiento económico sostenible a largo plazo y el desarrollo ulterior de las relaciones de buena vecindad entre los Estados de Asia Central.

En la política exterior actual de Uzbekistán, la transformación de Asia Central en una región pacífica, estable y próspera se considera una de las prioridades. Las reuniones consultivas de los jefes de Estado de Asia Central se han convertido en un importante mecanismo para coordinar posiciones, impulsar iniciativas comunes y fortalecer la confianza mutua sobre una base institucional.

La Asia contemporánea es uno de los principales centros mundiales de actividad económica, industria, innovación y desarrollo tecnológico. Sin embargo, las perspectivas a largo plazo del continente no dependen únicamente del ritmo de crecimiento económico. El verdadero potencial de Asia depende, en gran medida, de la capacidad de los Estados con sistemas políticos, económicos y culturales diferentes para cooperar en torno a intereses comunes. Desde esta perspectiva, también está cambiando el significado del concepto de «interconectividad» en las relaciones internacionales contemporáneas. Si antes se entendía principalmente en términos de rutas de transporte y comercio, hoy constituye un fenómeno integral que abarca el transporte, la energía, las infraestructuras digitales, la ciencia, la educación y los vínculos entre las personas.

Una innovación tecnológica desarrollada en un país puede mejorar la eficiencia económica de otro Estado, mientras que una investigación científica conjunta puede ofrecer una solución a un problema que afecta a toda la región. Por ello, el nuevo modelo de Asia debe sustentarse no solo en la circulación de bienes y capitales, sino también en el libre intercambio de conocimientos, tecnologías y capital humano.

Un ejemplo prometedor en este sentido es la cooperación entre Asia Central y la República de Corea. En la primera Cumbre Asia Central–República de Corea, celebrada en Seúl en septiembre de 2026, se abordaron como ámbitos prioritarios la seguridad, la cooperación económica práctica y los intercambios humanitarios. La parte uzbeka destacó especialmente el carácter abierto, pragmático y constructivo de esta cooperación.

El valor de este tipo de formatos reside en que complementan las relaciones diplomáticas tradicionales con proyectos concretos de carácter económico, tecnológico, científico y educativo. Como resultado, la confianza mutua trasciende el ámbito de las declaraciones políticas y comienza a traducirse en resultados prácticos tangibles.

Una de las bases más sólidas de una paz duradera es el entendimiento mutuo entre las personas. El papel de la educación, la ciencia y la cultura en su construcción difícilmente puede sobrestimarse.

Los acuerdos políticos establecen las bases jurídicas e institucionales de las relaciones entre los Estados. Sin embargo, la confianza duradera entre países se fortalece, ante todo, gracias a las personas que conocen y comprenden mutuamente sus lenguas, historias, culturas y valores.

Por eso, hoy ya no basta con considerar las universidades únicamente como instituciones educativas dedicadas a la formación de profesionales. La universidad contemporánea es un espacio donde surgen ideas científicas, se encuentran e interactúan distintas culturas, los jóvenes adquieren experiencia internacional y se forjan vínculos intelectuales duraderos entre los Estados.

La cooperación entre Uzbekistán y la República de Corea en el ámbito educativo ofrece una experiencia digna de atención en este sentido. Se está ampliando la colaboración en materia de educación superior, formación profesional, ciencia y tecnología, y la educación se está convirtiendo en uno de los ámbitos más importantes de las relaciones bilaterales para el desarrollo del capital humano. En particular, cobra cada vez más importancia la necesidad no solo de importar tecnologías modernas, sino también de formar especialistas capaces de comprenderlas, adaptarlas a las condiciones locales y seguir desarrollándolas.

La importancia conceptual de este enfoque radica en que la cadena «educación–ciencia–innovación–producción» garantiza no solo el desarrollo económico, sino también la sostenibilidad de la cooperación internacional. Los laboratorios científicos conjuntos, los intercambios académicos, la movilidad del profesorado y del alumnado y los proyectos internacionales de investigación generan confianza profesional entre los Estados. Con el tiempo, esta confianza profesional se transforma en confianza entre las sociedades. En este sentido, la cooperación internacional en materia educativa puede considerarse una inversión a largo plazo en la paz.

Si tomamos como ejemplo Bujará, podemos apreciar una continuidad singular entre la historia y la actualidad. Como uno de los cruces más importantes de la Gran Ruta de la Seda, Bujará fue durante siglos un centro no solo de comercio, sino también de ciencia, educación, cultura e intercambio de ideas.

Esta experiencia histórica sigue teniendo una gran relevancia en la actualidad. Bujará, que en la Antigüedad conectaba pueblos y civilizaciones a través de las rutas de las caravanas, puede contribuir hoy al desarrollo del diálogo entre distintos Estados mediante la educación internacional, la cooperación científica y la diplomacia académica.

Desde esta perspectiva abordamos la cooperación internacional en la Universidad Estatal de Bujará. Los programas educativos conjuntos con instituciones extranjeras de educación superior, la investigación científica, las conferencias internacionales, la movilidad académica y los intercambios de profesores y estudiantes no son ámbitos independientes de la actividad internacional de la universidad. Todos ellos responden a un objetivo común: acercar a los pueblos a través del conocimiento y fortalecer la confianza mutua mediante la cooperación científica.

Los jóvenes desempeñan un papel especialmente importante en este proceso. El estudiante que hoy participa en un programa académico internacional puede convertirse mañana en científico, ingeniero, empresario, diplomático o especialista en administración pública. La experiencia que adquiere hoy al relacionarse con representantes de otros países y culturas influirá también en sus futuras decisiones profesionales.

Por tanto, no basta con evaluar los resultados de la cooperación entre universidades atendiendo únicamente al número de memorandos firmados o de proyectos ejecutados. Su resultado más importante es la formación de una nueva generación de personas capaces de comprenderse mutuamente y cooperar para alcanzar objetivos comunes.

Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, la construcción de sociedades pacíficas e inclusivas también se define como una condición indispensable para el desarrollo sostenible. Este planteamiento no es casual. Allí donde no hay paz, resulta difícil realizar inversiones a largo plazo; en un entorno inestable, la investigación científica y la innovación se ralentizan; y cuando escasea la confianza, los Estados se ven obligados a destinar recursos no al desarrollo, sino a la gestión de riesgos. Por ello, al hablar del desarrollo sostenible de Asia, es necesario considerar como un conjunto tres conceptos interrelacionados: paz, confianza y capital humano. La paz crea un entorno estable para el desarrollo. La confianza amplía la cooperación entre Estados, instituciones y sociedades. El capital humano, a su vez, transforma estas oportunidades en resultados científicos, tecnológicos, económicos y sociales.

El respaldo otorgado en 2026, en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a la iniciativa de fortalecer la cooperación regional y la integración económica en Asia Central confirma también de manera clara el vínculo indisociable entre la paz, las buenas relaciones de vecindad y el desarrollo económico sostenible.

En las condiciones actuales, el futuro de Asia no depende únicamente de los éxitos de cada Estado por separado, sino también de la capacidad de los países de la región para encontrar conjuntamente soluciones a los problemas comunes. El cambio climático, los recursos hídricos, la seguridad medioambiental, la energía, el abastecimiento alimentario, la transformación digital y el desarrollo tecnológico son cuestiones que trascienden las fronteras nacionales. Su resolución requiere asimismo una cooperación transnacional.

Por ello, la época actual nos exige entender la paz no simplemente como la ausencia de conflictos, sino como un entorno sociopolítico activo que genera oportunidades de desarrollo. La confianza, por su parte, debe concebirse no como una categoría abstracta de las relaciones diplomáticas, sino como un mecanismo práctico de cooperación económica e intelectual.

El desarrollo de Asia en el siglo XXI dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad para fortalecer la confianza entre los Estados, establecer un diálogo eficaz y situar los intereses comunes por encima de la competencia.

El nuevo entorno de cooperación que se está configurando en Asia Central ofrece una experiencia importante en este sentido. El diálogo abierto, las buenas relaciones de vecindad, la integración económica y los intercambios científicos y humanitarios están elevando las relaciones entre los Estados a un nivel cualitativamente nuevo. El siguiente reto consiste en profundizar aún más esta confianza mediante instituciones sólidas, proyectos económicos y científicos conjuntos, intercambios académicos, diálogo cultural y cooperación juvenil. Al fin y al cabo, la paz no es solo la tranquilidad del presente, sino también la oportunidad que se crea para el desarrollo del futuro. La confianza es la fuerza que permite hacer realidad esa oportunidad. La paz genera confianza, la confianza amplía la cooperación y la cooperación crea una base sólida para el desarrollo sostenible y el bienestar común.

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