Inmigración y política: el problema turco y marroquí

En los últimos años, la inmigración ilegal ha emergido como un tema candente en el discurso político europeo interconectándose con las relaciones diplomáticas entre Europa y varios países del norte de África y Oriente Medio. Turquía y Marruecos se han posicionado en el centro de este debate utilizando el flujo de migrantes como un arma de presión política contra la Unión Europea. Examinaremos las tácticas empleadas por estos países y su impacto en la política europea.

A medida que los conflictos en el Medio Oriente, la inestabilidad en África y las crisis económicas continúan generando olas de migración, Europa se enfrenta a un volumen creciente de solicitantes de asilo e inmigrantes ilegales. En 2015 la crisis migratoria alcanzó un punto álgido cuando más de un millón de personas llegaron a Europa a través de Turquía cruzando el Egeo y los Balcanes rumbo a Alemania, Francia y Reino Unido se provocó un seísmo dentro de la Unión Europea del que aún no se ha recuperado la organización supranacional. Debido a la crisis provocada, unida a las crisis políticas tras la gestión de la Crisis de 2009 o el BREXIT la UE decidió implementar políticas más estrictas y negociar acuerdos con países de tránsito como Turquía y Marruecos.

Turquía se ha convertido en un país de tránsito clave para los inmigrantes que buscan ingresar a Europa. En 2020, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan amenazó con abrir las fronteras, permitiendo que cientos de miles de migrantes se dirigieran hacia Grecia y otros países europeos. Este movimiento no solo fue una expresión de frustración contra la falta de apoyo europeo en la cuestión siria que planteaba Turquía (apoyando a los yihadistas de Estado Islámico o de HTS – Al Qaeda), sino también una estrategia diplomática para obtener concesiones como más fondos de la UE para la gestión de los refugiados. Al final se intercambian vidas humanas por dinero en un comercio indecente.

En marzo de 2016, la UE y Turquía firmaron un acuerdo migratorio en el que Ankara se comprometió a frenar el flujo de migrantes a cambio de 6.000 millones de euros en ayudas. Sin embargo, este acuerdo ha sido criticado por su efectividad cuestionable y por la forma en que Turquía ha utilizado a los inmigrantes como una moneda de cambio, lo que se refleja en el informe de Human Rights Watch (2021), que expone violaciones de derechos humanos y la represión de migrantes en Turquía.

De hecho en las regiones fronteriza con Siria las tensiones sociales entre turcos y refugiados sirios ha acabado con ataques, xenofobia y racismo turco, no denunciado, contra estos inmigrantes y más si son de origen kurdo, donde hay que sumarle el racismo. Sin embargo Turquía, que tiene una red importante de apoyo social en Europa especialmente en Alemania o Austria, no ha sido criticada duramente ni se ha tratado el tema seriamente en el Parlamento Europeo.

Marruecos, por su parte, ha sido utilizado como un trampolín para los migrantes que buscan acceder a Europa, especialmente a través de la frontera con Ceuta y Melilla, dos ciudades españolas en el norte de África. El gobierno marroquí ha desempeñado un papel ambivalente: aunque ha colaborado con la UE en la gestión de la migración, también ha sido acusado de permitir que las redes de tráfico de personas operen libremente en su territorio.

En 2021, se registraron más de 40.000 intentos de cruzar la frontera hacia España desde Marruecos, muchos de los cuales fueron realizados por inmigrantes que se encuentran en condiciones extremadamente precarias y que llegan a las montañas del Rif desde el África negra, famosos son los asentamientos en el monte Gurugú a las afueras de Melilla a la espera de asaltar la ciudad o en los alrededores de Tánger y Castillejos para cruzar el estrecho o la frontera terrestre en Ceuta. El informe del Observatorio de Derechos Humanos de Ceuta y Melilla (2022) documenta cómo las fuerzas de seguridad marroquíes han utilizado la violencia para disuadir a los migrantes de cruzar, mientras que a menudo operan en connivencia con los traficantes de personas.

Además, Marruecos ha utilizado el miedo a la migración irregular como parte de su estrategia de negociación con la UE, amenazando con dejar que el flujo aumente si no recibe ayudas a cambio. En 2020, un alto funcionario de la UE criticó la táctica de Marruecos al describir estos actos como «chantajes».

Tanto Turquía como Marruecos han sido criticados por sus prácticas en la gestión de la migración, incluidas la corrupción y las actividades ilegales relacionadas con el tráfico de personas. En Turquía, el tráfico de migrantes ha florecido, facilitado por la corrupción entre las autoridades locales. Un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2021) señala que muchos migrantes son explotados por bandas organizadas que prometen cruzar a Europa a cambio de tarifas exorbitantes, muchas veces acompañadas de condiciones inhumanas.

Las estrategias europeas a menudo giran en torno a la externalización de la gestión de la migración, de ahí sus constantes fracasos en políticas migratorias, con acuerdos que, aunque benefician a corto plazo en la presión en las fronteras, perpetúan el ciclo de abuso y explotación. Al externalizar la seguridad de nuestras fronteras para evitar el coste político de las deportaciones lo que se hace es entregar, de forma tácita, la soberanía, al seguridad y la integridad de nuestros estados a terceros estados que se encuentran, de repente con un poder y unas capacidades (por dejación de funciones de los estados europeos) que van a aprovechar en beneficio propio.

Es como entregar las llaves de tu casa a un vecino…él tendrá el control sobre tu seguridad e intimidad y, de forma pasiva, sobre tus bienes y tu posesión. Permitimos que Turquía y Marruecos operen con total impunidad y hagan uso de las atribuciones que les hemos dado y que nos domina siendo, por lo tanto, muy difícil recuperar nuestra soberanía para defender nuestras fronteras no en regiones ajenas, sino en nuestra propia línea fronteriza llevando a cabo deportaciones masivas y rápidas de inmigrantes ilegales que violan las leyes con su forma ilegal, en manos de bandas criminales, de entrar en el país. La deportación de inmigrantes, por lo tanto, podría generar tensiones si Turquía y Marruecos no los aceptan de vuelta ergo habría que buscar terceros países y desincentivar la llegada masiva acabando con el efecto llamada y los beneficios que estos inmigrantes generan en la «cadena económica de inmigrantes ilegales» que aunque no lo parezca, genera pingües beneficios.

La presión sobre las fronteras europeas ha llevado a un aumento en el número de muertes en el mar Mediterráneo, así como a situaciones de abuso y explotación en los países de tránsito. Un informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR, 2023) indica que desde 2014, más de 20,000 personas han muerto intentando cruzar el Mediterráneo.

La situación de la inmigración irregular en Europa, en el contexto de los chantajes turcos y marroquíes, es un desafío decisivo para el futuro de la política europea. Para abordar esta cuestión, Europa tendría que considerar una estrategia más comprensiva que no solo se centre en la contención, sino que aborde las causas profundas de la migración.

Esto incluiría un enfoque en políticas que generen oportunidades en los países de origen de los migrantes, así como un compromiso más fuerte en la defensa de los derechos de quienes buscan asilo. La cooperación con países de tránsito debe ir más allá de meras ayudas económicas y debe centrarse en fortalecer los sistemas de protección y los derechos de los migrantes.

El uso de la migración ilegal como un juego de poder por parte de Turquía y Marruecos plantea importantes (y preocupantes) interrogantes sobre la ética, la eficacia y la humanidad de las políticas actuales de Rabat y Ankara así como la dejadez de función, políticamente calculado, para poder descargarse de responsabilidades sociales y políticas en materia de prevención de las oleadas de inmigrantes que llegan a Europa. El reto es claro: avanzar hacia una política que busque contener el flujo de inmigrantes ilegales, identificar los estados que se aprovechan de esta circunstancia y desmontar las estructuras que se aprovechan de ellos.

Fuentes Citadas

  1. Amnistía Internacional. (2022). Marruecos: Informe sobre la situación de los migrantes y solicitantes de asilo.
  2. Human Rights Watch. (2021). Turquía: Informe sobre los derechos de los migrantes y la respuesta del gobierno.
  3. Organización Internacional para las Migraciones (OIM). (2021). Informe sobre el tráfico de migrantes en Europa.
  4. ACNUR. (2023). Muertes en el Mediterráneo: Un informe sobre el costo humano de la migración irregular.
  5. Observatorio de Derechos Humanos de Ceuta y Melilla. (2022). Informe sobre la violencia en las fronteras.
  6. Parlamento Europeo. (2020). Informe sobre las políticas de migración y asilo en Europa. Foto: Wikimedia)

Deja un comentario