Festival Mundial de la Juventud de Sochi, (parte 3):»lo que más voy a recordar son las personas que dotaron al festival de alma propia»

Como ya hemos ido viendo en Sochi, Rusia, se celebró el pasado marzo una gran conferencia y festival que involucró a miles de jóvenes menores de 35 años. La organización no sólo fue un éxito general sino que ha impactado en la vida de muchos jóvenes que fueron allí. Otralectura.com ha podido contactar y recopilar los testimonios de algunos de los asistentes.

Ekaterina Sainz, estudiante de último curso de Traducción e Interpretación en Madrid.

Cuesta describir con palabras lo mucho que superó mis expectativas el Festival Internacional de la Juventud: su magnitud me impactó desde el primer momento, especialmente el grandioso concierto de inauguración y la impresionante oferta artística, pues había todo tipo de espectáculos de los mejores artistas de Rusia.

Cada día teníamos que tomar una decisión muy complicada: ¿a qué vamos? En el programa había más de cien eventos al día, todos de la mano de grandes expertos en una variedad de actividades impresionante: historia, arte, tecnología, deporte, ciencia, política, ecología… Además, había exposiciones muy interesantes, tales como la exposición sobre la historia de la OTAN y varios pabellones con temáticas diversas: en uno se podía explorar los puestos de todas las regiones de Rusia —allí Pushkin me recitó un poema y me habló del significado de mi nombre—; en otro, los participantes internacionales compartían la cultura de sus países, cantaban, bailaban y vendían sus productos nacionales; sin embargo, el pabellón más impresionante era el «aeropuerto», que tenía terminales con todo tipo de eventos, además de puestos de empresas como Rosatom o Aeroflot.

Después del festival, tuve la suerte de poder ir al programa regional, gracias al cual visité Krasnoyarsk y pasé dos días en Moscú. Nos llevaron a lugares únicos en el mundo, como la colosal presa de Krasnoyarsk o la planta de procesamiento de metales preciosos Krastsvetmet, donde pude ver cómo vertían oro en moldes y sujetar un lingote de 12 kilos de oro de 24 quilates. Además, descubrí que la ciudad destaca por tener algunos de los mejores restaurantes de Rusia y tuve la oportunidad de visitar la facultad de cocina de la Universidad de Siberia y comer en los mejores restaurantes de la ciudad.

Aunque todo lo que vi fue impresionante, lo que más voy a recordar son las personas que dotaron al festival de alma propia, con un ambiente repleto de curiosidad por conocer culturas y puntos de vista diferentes, de amor por compartir proyectos vitales propios y conocer los ajenos, y de agradecimiento por haber tenido la suerte de formar parte de esta experiencia inolvidable.

Parte primera: Introducción

Parte segunda: testimonio de Garin Moreno Mazadiego

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