La economía marroquí: Un enano que quiere ser un imperio

Marruecos, situado en un enclave geoestratégico entre Europa y África, presenta una economía que, aunque muestra signos de crecimiento, sigue siendo víctima de ineficiencias estructurales y limitaciones que la mantienen en una posición secundaria a nivel global. Con un PIB de 148.427 millones de euros en 2024 y un crecimiento del 3,8%, el país parece avanzar, pero a un ritmo insuficiente para superar su clasificación como economía emergente de bajo impacto.

Crecimiento moderado, pero insuficiente

El crecimiento del 3,8% en 2024, superior en una décima al registrado en 2023, refleja una mejora tímida. Sin embargo, este dato oculta problemas profundos: la economía sigue dependiendo en exceso de sectores tradicionales como la agricultura (14% del PIB), vulnerable a sequías y fluctuaciones climáticas. La industrialización, aunque impulsada por sectores como la automoción y los textiles, no ha logrado diversificar suficientemente la base productiva. Además, el turismo, clave para la balanza comercial, sigue sujeto a crisis externas, como se evidenció durante la pandemia.

Ineficiencia estructural: La paradoja del potencial desaprovechado

Marruecos destaca por su estabilidad política resultado de la dictadura que gobierna el país bajo la batuta de la dinastía alauita, dependiente de Francia y ahora de Estados Unidos y su apertura a inversiones extranjeras. No obstante, persisten barreras burocráticas, corrupción y un sistema educativo que no satisface las demandas del mercado laboral. El Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial sitúa al país en el puesto 75 (2023), por detrás de naciones con similar potencial, como Túnez o Egipto. La falta de innovación tecnológica y la escasa inversión en I+D (solo el 0,8% del PIB) limitan su capacidad para competir en sectores de alto valor añadido.

Disparidad social: El lastre de la desigualdad

Aunque el PIB per cápita ha aumentado, alcanzando los 4.100 dólares en 2024, la desigualdad sigue siendo abismal. El 20% más rico concentra el 47% de los ingresos, mientras que el 40% de la población rural vive en pobreza multidimensional. Este desequilibrio frena el consumo interno y perpetúa una economía dual: moderna en ciudades como Casablanca o Tánger, y arcaica en zonas rurales.

Además la inmigración y salida constante de población marroquí que no puede desarrollarse en su país es constante. Además el país está fuertemente desacreditado por su ineficiencia a la hora de controlar las mafias de tráfico de personas, la instrumentación de la inmigración, la falta de compromiso en materia de prevención del tráfico de drogas, la ocupación ilegal de las repúblicas del Rif y el Sáhara Occidental o la inmensa cantidad de marroquíes implicados en casos de yihadismo en Europa hace que la imagen del país no sea positiva.

Comparativa con España: Una brecha que no se cierra

La comparación con España, cuyo PIB per cápita es 15,4 veces superior, subraya las limitaciones marroquíes. Mientras España ha consolidado una economía diversificada y globalizada, Marruecos sigue anclado en actividades de bajo valor agregado. Aunque el país ha logrado atraer empresas europeas mediante acuerdos comerciales (como el estatus avanzado con la UE), su modelo se basa en mano de obra barata y exenciones fiscales, no en generación de conocimiento, por lo que no se desarrolla.

¿Hacia dónde va Marruecos?

Las reformas impulsadas en la última década, como el desarrollo de energías renovables, el Mundial de 2030 y proyectos de infraestructura, son pasos positivos pero no sirven ya que Marruecos se ha convertido en un escaparate para la dinastía y la oligarquía marroquí, no para una nación empobrecida y sumida en la ignorancia institucional. Sin embargo, sin una modernización institucional improbable, una apuesta decidida por la educación y una lucha efectiva contra la corrupción, Marruecos seguirá siendo una economía «enana» en términos de productividad y competitividad.

En conclusión, Marruecos es una economía fallida e ineficiente. Su futuro dependerá de su capacidad para transformar el crecimiento en desarrollo inclusivo y dejar atrás un modelo que, aunque funcional, la condena a un papel secundario en el escenario global.

Escenario Global al que no podrá acceder hasta que no tome seriamente su destino y se retire del Sáhara Occidental, permitiendo la independencia del estado saharaui y abandonando el imperialismo agresivo y violento que amenaza a Argelia, Mauritania, Senegal, Mali y España. Hasta que Marruecos no sea un estado normal y permita la libertad del Sáhara y del Rif, no podrá ser el país que podría ser.

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