Fairuz: La Voz eterna del Líbano

Fairuz, cuyo nombre de nacimiento es Nuhad Haddad, es mucho más que una cantante; es un ícono cultural, una leyenda viviente y la voz inconfundible del Líbano para el mundo árabe y más allá. Considerada «La embajadora de las estrellas», «La Embajadora de los árabes», «Vecina de la Luna» y «La voz de los ángeles», su carrera, que abarca más de siete décadas, ha dejado una huella imborrable en la música y la identidad libanesa. Su profunda y emotiva voz ha trascendido generaciones, convirtiéndola en la cantante viva más famosa y querida de todo el Mundo Árabe.

Nacida el 21 de noviembre de 1935 en una modesta familia asiria de religión sirio ortodoxa, en Beirut, Líbano, Nuhad Haddad creció en un ambiente humilde. Su padre, Wadi Haddad, era originario de Mardin (actual Turquía) y su madre, Lisa al-Bustani, era maronita libanesa. La familia residía en una única habitación en el barrio de Zuqaq al-Blatt. Desde pequeña, Nuhad mostró un apego especial por la vida sencilla de la aldea de Debbiyye, donde pasaba los veranos con su abuela. Fue en este entorno, cantando mientras ayudaba en las tareas domésticas, donde su talento comenzó a florecer.

A la edad de 10 años, su hermosa voz ya era reconocida en la escuela. Su destino musical dio un giro decisivo en febrero de 1950, cuando Mohammed Fleifel, un renombrado músico y profesor del Conservatorio de Música del Líbano, la escuchó cantar en un festival escolar. Impresionado por su talento, Fleifel le aconsejó inscribirse en el conservatorio. Aunque su padre se mostró reacio al principio, finalmente accedió con la condición de que su hermano la acompañara. Fleifel, de manera paternal, la guio en la recitación de los versos del Corán, sentando las bases de su técnica vocal. Poco después, Halim El Roumi, jefe del departamento de música de la emisora de radio del Líbano, la escuchó y quedó maravillado por la flexibilidad de su voz, capaz de interpretar tanto temas orientales como occidentales. Fue Halim El Roumi quien la nombró «Fairuz», que en árabe significa «turquesa», un nombre que pronto se convertiría en sinónimo de excelencia musical.

La década de 1950 marcó el inicio de una colaboración legendaria. Fairuz fue presentada a los hermanos Rahbani, Assi y Mansour, músicos que también trabajaban en la estación de radio. La química fue instantánea. Assi Rahbani comenzó a componer canciones para ella, y «Itab», su tercera composición para Fairuz, se convirtió en un éxito rotundo en todo el mundo árabe. En 1955, Fairuz y Assi contrajeron matrimonio, y Fairuz, posteriormente, se convirtió a la ortodoxia griega. Juntos, los hermanos Rahbani y Fairuz revolucionaron la música árabe, fusionando modos orientales con influencias occidentales, especialmente de la música sudamericana, creando un estilo innovador que expresaba el amor y la nostalgia por la vida en las aldeas libanesas.

En 1957, Fairuz ofreció su primer gran concierto en el Festival Internacional de Baalbek, bajo el patrocinio del presidente libanés Camille Chamoun. Durante años, sus musicales y operetas agotaron todas las localidades, consolidándola como la cantante más amada del Líbano. La década de 1960 la vio convertirse en la «Primera Dama del canto libanés», con los hermanos Rahbani componiendo cientos de sus canciones más famosas, operetas y películas. Sin embargo, su compromiso con el pueblo quedó patente en 1969, cuando el gobierno libanés prohibió su música durante seis meses en las radios nacionales por haberse negado a cantar en un concierto privado para el presidente argelino Houari Boumédienne. Fairuz afirmó que no cantaba para reyes ni presidentes, sino para la gente, un principio que solo fortaleció su popularidad.

La década de 1970 fue crucial para su reconocimiento internacional. Sus giras por América del Norte y América Latina en 1971 fueron recibidas con gran entusiasmo por la diáspora árabe. Muchos consideran esta década como la cumbre de su carrera, tanto por el potencial de su voz como por la prolífica producción musical de los hermanos Rahbani. Durante la devastadora guerra civil libanesa (1975-1990), Fairuz se negó a abandonar el Líbano, aunque dejó de dar conciertos en su país, a excepción de la opereta «Petra» en la dividida Beirut en 1978. Su dolor por la situación y la destrucción del país la llevaron a no querer cantar más en el Líbano. A pesar de esto, sus giras internacionales continuaron con gran éxito. En 1976, rechazó cantar para el Shah de Irán y, posteriormente, para los reyes y jefes de estado reunidos en El Cairo.

La década de 1980 marcó un nuevo capítulo en su carrera. Tras el «divorcio artístico» con los hermanos Rahbani en 1979, Fairuz comenzó a colaborar con su hijo, Ziad Rahbani, un talentoso músico y compositor. Juntos, y con el letrista Joseph Harb y el compositor Philemon Wehbe, produjeron álbumes exitosos que demostraron la evolución continua de Fairuz. Ziad introdujo elementos de jazz, renovando su repertorio de manera original. En 1985, ofreció un concierto masivo en Siria que congregó a unas 150.000 personas. En 1988, fue nombrada Comendadora de las Artes y las Letras por el presidente francés François Mitterrand, y en 1997, recibió la Máxima distinción artística de Túnez, cuyas ganancias destinó a la caridad.

La década de 1990 y el nuevo milenio consolidaron su estatus de leyenda. En 1994, realizó un histórico concierto en Beirut, marcando el resurgimiento de la ciudad tras la guerra civil. Su canción «Li Beirut», adaptada del «Concierto de Aranjuez», se convirtió en un himno de esperanza. En 1998, regresó al Festival de Baalbek tras 25 años de ausencia. Otro éxito masivo fue su concierto en Las Vegas en 1999, al que asistieron más de 16.000 inmigrantes árabes de todo el mundo. El alcalde de Las Vegas proclamó oficialmente el día del concierto como «Fairuz Day».

Desde el año 2000, Fairuz ha continuado trabajando exclusivamente con su hijo Ziad Rahbani, aunque ha manifestado que su arte está abierto a otras colaboraciones. Ha realizado conciertos en prestigiosos festivales de todo el mundo. Su presentación en Damasco, Siria, en 2008, generó controversia en el Líbano, pero Fairuz se mantuvo firme, recibiendo una cálida bienvenida de 7.000 seguidores en la frontera siria. Su mensaje al pueblo sirio en ese momento, enfatizando la importancia de Damasco como ejemplo de arte y cultura, resonó profundamente.

En la actualidad, Fairuz sigue siendo la cantante viva más destacada del mundo árabe. Su estilo innovador, que fusiona la poesía árabe tradicional con ritmos orientales y occidentales, es inconfundible. Su presencia escénica, digna y serena, donde la emoción se expresa puramente a través de su voz, la distingue de otros artistas. Rara vez concede entrevistas o aparece en televisión, lo que acentúa su aura mística.

A lo largo de su carrera, ha recibido innumerables distinciones, incluyendo la Medalla de Caballero de Honor, la Orden del Mérito, la Orden de los Cedros, la Legión de Honor y la llave de numerosas ciudades, simbolizando el aprecio y el reconocimiento de su público. En 2018, la revista Forbes la colocó a la cabeza de su lista de «Estrellas árabes en el escenario global» bajo el título de «Grande por siempre». En 2020, el presidente francés Emmanuel Macron le otorgó la Orden Nacional de la Legión de Honor, subrayando su importancia como símbolo de unidad para el Líbano.

Fairuz ha protagonizado obras teatrales musicales, películas como «Biyya’ El Khawatem» (1965) y «Safar Barlek» (1967), y programas de televisión. Su discografía es vasta, con más de 1500 canciones, abarcando géneros que van desde la música folclórica sirio-libanesa (Dabke) y la música clásica árabe, hasta cantos patrióticos, marchas, música sacra y adaptaciones de clásicos occidentales en diversos idiomas, incluyendo el siríaco, latín, griego e inglés.

Su impacto va más allá de la música; Fairuz es un faro de estabilidad y esperanza, especialmente en tiempos de conflicto en la región. Su voz, que ha sido descrita como un refugio romántico, continúa elevando el espíritu de millones de personas, recordándoles la belleza y la resiliencia del alma libanesa. Fairuz no solo es una artista excepcional, sino un verdadero símbolo de unidad y una figura atemporal que sigue inspirando a generaciones.

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