Moulay El Hassan es el heredero al trono alauí, y provoca olas de adulación en los medios marroquíes. Sin embargo, tras esta fachada de celebraciones se esconde una realidad más preocupante: la gestión del actual régimen y el riesgo de que el joven príncipe perpetúe un sistema marcado por la desigualdad, la corrupción y la violación de los derechos humanos.
Hay que tener en cuenta sus conflictos familiares. De entrada el joven príncipe, mucho más conservador que su padre, el actual rey Mohamed VI, seguiría una linea basada en el patriotismo y el islamismo que define a la monarquía alauita marroquí (el rey el comendador de los creyentes). No sólo desaprueba la dejadez de funciones de su padre sino también sus amistades peligrosas con mediáticos luchadores y otros personajes pintorescos tanto de Marruecos como de la comunidad marroquí inmigrantes en Europa.
Por otro lado ve con malos ojos los años de tensiones internas internas entre sus tías, las hermanas de su padre, contra su madre. Es vox populi que las hermanas intentaron siempre desprestigiar en palacio a la reina consorte, ahora divorciada y residente en Grecia según se dice.
Al mismo tiempo esto hace que Muley Hassan, que cuenta con el apoyo del estado vea como buenos ojos a su tío, Muley Rachid, el número dos en la linea de sucesión al trono por su serio compromiso (más que su padre) con el gobierno del reino y que, según se dice, no competiría por el trono sino que sería un escudo del príncipe contra las supuestas conspiraciones de sus tías frente a la incapacidad, por ahora, de su madre y la dejadez de su padre.
De hecho uno de los grandes temores de las hermanas del rey es la llegada al trono de Moulay Hassan, futuro Hassan III, y con ello la revalorización de la figura de su madre y un posible ajuste de cuentas.
Un Príncipe Marcado por la Cuna Real
Moulay El Hassan ha sido preparado desde temprana edad para asumir el trono. Se destaca su educación en prestigiosas instituciones, su participación en eventos oficiales y su apego a las tradiciones monárquicas. Sin embargo, esta formación privilegiada contrasta fuertemente con la dura realidad que enfrenta una parte significativa de la población marroquí.
Aunque no ha estudiado fuera de Marruecos. Sin embargo heredará un reino pobre en lo social, con una elite dominante (el majzení) que hace negocios a costa del país, porque no hay división entre lo público-estatal y lo real.
A todo esto hereda un país con dos conflictos derivados de dos ocupaciones militares ilegales, la del Rif desde 1956 y la del Sáhara Occidental desde 1976 y unos barrios periféricos pobres y míseros donde el estado ha ido siendo sustituido por organizaciones islamistas como Justicia y Caridad (derivada de los Hermanos Musulmanes) y prohibidos en Marruecos.
Desigualdad y Pobreza: La Otra Cara de Marruecos
Organizaciones internacionales como el Banco Mundial y la ONU han señalado persistentemente los altos niveles de desigualdad y pobreza en Marruecos. A pesar del crecimiento económico experimentado en las últimas décadas, una gran parte de la población sigue luchando por satisfacer sus necesidades básicas.
Según datos recientes, un porcentaje significativo de marroquíes vive por debajo del umbral de la pobreza, con disparidades alarmantes entre las zonas urbanas y rurales. Esta situación se ve agravada por la falta de acceso a servicios básicos como la educación, la atención médica y el agua potable.
Corrupción Endémica y Violación de Derechos Humanos
La corrupción es otro problema grave que afecta a Marruecos. Organizaciones como Transparencia Internacional han denunciado la persistencia de prácticas corruptas en diversos sectores, incluyendo la administración pública, el poder judicial y el mundo empresarial. Esta corrupción socava el estado de derecho, obstaculiza el desarrollo económico y alimenta la desigualdad social.
Además, varias organizaciones de derechos humanos han expresado su preocupación por las continuas violaciones de los derechos humanos en Marruecos, incluyendo la represión de la libertad de expresión, la detención arbitraria de activistas y periodistas, y el uso de la tortura.
Sin contar con que esta gestión interna basada en el dominio dictatorial y totalitario se traduce en ansias expansionistas que afectan a los citados territorios del Rif y el Sáhara Occidental pero también a Mauritania, Senegal, Mali, Argelia y España.
El Riesgo de un Reinado Continuista
Ante este panorama desolador, se sabe que Moulay El Hassan, al heredar el trono, perpetuará, aunque adaptada a los tiempos, un sistema que ha demostrado ser incapaz de abordar los desafíos que enfrenta Marruecos. Su formación en las élites privilegiadas y su apego a las tradiciones monárquicas podrían llevarlo a mantener el statu quo, ignorando las demandas de una sociedad que clama por mayor justicia social, transparencia y respeto a los derechos humanos.
El objetivo del gobierno marroquí es convertir al futuro tirano en un líder «moderno». Es fundamental, por tanto, que Moulay El Hassan demuestre un compromiso real con la transformación de Marruecos de cara a la galería, pero se sabe que tendrá una política probablemente mucho más agresiva que la de Mohamed VI ya que se cree, por el análisis de su personalidad, que va en línea con las ideas de su abuelo Hassan II y su bisabuelo Mohamed V.
Deberá mantener las prácticas corruptas del pasado, continuar manteniendo la desigualdad de oportunidades para todos sus súbditos si quiere venderles ideas geopoliticas agresivas y ultranacionalistas, por ello necesita un pueblo pobre que, sin embargo, vea enclaves de poder y riqueza a los que accederán como meros dadores de servicio en el mejor de los casos dentro de un modelo de desarrollo centrado en modernizar el país para las élites y no para el pueblo.
Realmente los marroquíes merecen educación y cultura en lugar de adoctrinamiento y supremacismo, necesitan democracia y libertad, la que les es negada, al igual que la riqueza, en pos de unos grupos de poder multimillonarios que se aprovechan de la desesperación, delincuencia, la droga y la miseria marroquí para hacerse más ricos, vivir mejor y atenazar aún más al pueblo marroquí.