Omar Ibn Hafsún, el “Pelayo” de Al-Ándalus

El siglo IX en la península ibérica fue una época de profundo caos, cambios políticos y tensiones sociales que definirían el curso de la historia de Al-Ándalus. En medio de un escenario caracterizado por la fragmentación del poder, el inicio de la Reconquista en Asturias, la emergencia de los reinos cristianos de León y Pamplona, y las presiones de los francos en el valle del Ebro, se desarrolla la figura de Omar Ibn Hafsún, un personaje que, más allá de su faceta militar, simboliza las complejidades y contradicciones de esa época.

De hecho es un líder olvidado tanto para los hispanistas como para los andalucistas más orientalistas. Omar Ibn Hafsún representa en España el problema de la difusión del Islam entre las élites conquistadas. Muchos nobles se cambiaron de bando para mantener estatus y posición y se aliaron con el nuevo poder árabe.

Don Pelayo, el hombre que salvó España.

Sin embargo los nuevos dirigentes árabes sentían auténtico desprecio hacia los otros grupos étnicos y los conversos. En el caso de Al Ándalus, la élite árabe despreciaba profundamente a los bereberes, que situó en tierras de frontera o en las peores tierras de cultivo, de hecho muchos abandonaron Al Ándalus y volvieron al norte de África en un momento en el que la Gran Revuelta Bereber estaba ahí.

Los maulas, conversos (muladíes), al Islam eran vistos aún peor. Cómo los perdedores que se habían convertido al Islam por conveniencia y no de forma genuina, eran vistos con desconfianza y, además, racialmente eran hispano – romanos o hispano – godos, todos romanizados y latinizados ergo, incómodos.

De hecho, los maulas, aunque musulmanes, no tenían los derechos islámicos (que se aplicaban sólo a los árabes), tras los árabes estaban los bereberes y tras estos los maulas. El punto más bajo del escalafón islámico de Al Ándalus, justo por encima de los Ahlul Kitab (cristianos y judíos, maltratados sistemáticamente).

Contexto político y social en Al-Ándalus

Durante los primeros años del siglo IX, Al-Ándalus era un estadoocrático gobernado inicialmente por los emires omeyas en Córdoba, que, tras la muerte de Abderrahman I en 788, consolidaron un poder que fue creciendo en autonomía respecto a Bagdad. Sin embargo, dentro de esa estructura, coexistían múltiples facciones, incluyendo una élite islámica minoritaria compuesta por árabes y bereberes, y una población mayoritaria de originarios hispanos, tanto cristianos como musulmanes conversos.

Aunque Al Ándalus, hasta el siglo XI, (en la época de las Taifas, era un país mayoritariamente cristiano.

El sistema social estaba marcado por una rígida jerarquía de castas: árabes y bereberes en la cúspide, seguidos por muladíes (cristianos convertidos al islam), mozárabes (cristianos en territorio musulmán que conservaban su fe y cultura) y, en la base, los esclavos y campesinos. La imposición de tributos como la yizia, un impuesto que debían pagar cristianos y judíos, alimentaba el resentimiento social y el resentimiento hacia los poderes dominantes, además de profundizar las divisiones en la sociedad.

Las pugnas internas en la corte cordobesa, entre diferentes facciones bereberes y árabes, junto con los intentos de los Califas de Bagdad de retomar el norte de África y Al Andalus (perdidos en la Gran Revuelta Bereber y con la caída de los Omeyas) hizo que el norte de África viviera intentos «golpistas» de partes de los Califas bagdadíes y de la llegada de sectas como los jariyitas, los septimanos o los zahiríes lo que generó un clima de inestabilidad que favoreció el surgimiento de líderes rebeldes y movimientos clandestinos.

Los orígenes y vida temprana de Omar Ibn Hafsún

Nacido alrededor del año 850 en la zona de Parauta, en la actual Málaga, Omar Ibn Hafsún (nombre árabe, aunque en realidad era hispano-godo) pertenecía a una noble familia de origen hispanogodo, los Hafsún, que tenían un amplio patrimonio en la región del sur de Andalucía. La familia Hafsún se había desarrollado en un contexto de creciente arabización y islamización de la región, pero que conservaba aún vínculos con la tradición visigoda.

Su vida temprana estuvo marcada por un episodio violento que definiría su carácter: en su juventud, mató a un pastor bereber que robaba ganado a su abuelo, el noble Yafar ibn Hafsún. Este acto de justicia sumó a su leyenda, pero también le provocó enemistades que lo llevaron a huir y esconderse en las montañas del interior, uniéndose a bandas de ladrones y salteadores que operaban en la región. Durante años, Omar se convirtió en un forajido temido y respetado, una figura que encarnaba la resistencia a un poder opresor.

Tras ser capturado y azotado en Málaga, decidió refugiarse en el norte de África, específicamente en las costas del Magreb, donde permaneció unos años en exilio y buscó apoyo para sus futuros objetivos políticos en un contexto de bereberes antiárabes.

La rebelión y la reivindicación de identidad

En 878, se produjo una revuelta en el sur de Al-Ándalus, en las tierras que pertenecían a su familia, motivada tanto por motivos económicos como por resentimientos sociales. Omar Ibn Hafsún aprovechó esta situación para regresar a la península en 880, con la intención de liderar una insurgencia contra la autoridad del emirato cordobés. La revuelta fue un mosaico de diferentes grupos: muladíes, mozárabes, campesinos, esclavos y soldados bereberes descontentos.

Omar se hace Cristiano

Omar Ibn Hafsun se convirtió al cristianismo en el año 899, adoptando el nombre de Samuel. Esta decisión se produjo durante su rebelión contra el Emirato de Córdoba, cuando buscaba apoyo de Alfonso III y los mozárabes.

Razones detrás de la conversión

  • Buscaba fortalecer sus alianzas con los reinos cristianos del norte.
  • Intentaba obtener reconocimiento oficial de su estado por parte del rey asturiano Alfonso III.
  • Instaló un obispo cristiano en Bobastro y construyó una iglesia allí.

Costo de la conversión

  • Su conversión al cristianismo le costó el apoyo de muchos de sus seguidores muladíes.
  • Esto debilitó su posición frente al emirato y le restó partidarios.
  • A pesar de esto, Omar Ibn Hafsun continuó luchando hasta su muerte en 917.

Su movimiento fue inicialmente caótico, pero pronto adquirió una orientación más estratégica y militar. Omar se convirtió en un caudillo con un carisma innegable, capaz de unificar a las diversas capas sociales que estaban insatisfechas con el dominio árabe y la élite islámica. La rebelión de Hafsún se concentró en un centro estratégico en las montañas de la región, principalmente en la zona de Loja y Loja-Bujeo, donde logró fortificar una base de resistencia. Desde allí, lanzó ataques contra las fortalezas arabizadas del interior y capturó localidades importantes, creando un feudo autonomista que desafiaba la autoridad del emir en Córdoba.

La figura de Omar y su legado

Omar Ibn Hafsún representaba mucho más que un simple rebelde. Su figura incorporaba varias dimensiones que resonaron en la historia de la península ibérica:

  • Rebelde y líder militar: Su capacidad para organizar y sostener una resistencia prolongada en las montañas le convirtió en un símbolo de lucha contra un sistema que consideraba opresor.
  • Defensor de la identidad hispano-goda: A diferencia de otros líderes musulmanes, Hafsún promovió una identidad autóctona que incluía elementos godo y cristianos, desafiando la visión exclusiva del islam como único marco cultural. Algunos historiadores ven en su figura una expresión de resistencia cultural y una reivindicación de las raíces hispanas.
  • Figura polémica: A lo largo de su vida, fue visto tanto como un líder auténtico de oposición como por sus métodos violentos y sus alianzas fluctuantes, que lo llevaron a enfrentarse en varias ocasiones con las autoridades cordobesas y con otros líderes rebeldes.

Omar Ibn Hafsun resistió en Bobastro hasta su muerte en 917. Tras su fallecimiento, su hijo y sucesores continuaron defendiendo la fortaleza y mantuvieron su poder en la región durante algunos años más, aunque eventualmente la resistencia concluyó con la conquista de Bobastro por las fuerzas del califato de Córdoba en 928.

Abderrahman III ordenó abrir su tumba y la de sus hijos Yafar y Suleiman para comprobar si había sido enterrado como musulmán o cristiano. Al descubrir que habían sido enterrados como cristianos y que habían abandonado el Islam en detrimento de la religión de su cultura de origen en un acto de patriotismo. Abderrahman III, encolerizado, ordenó crucificar sus cadáveres en las puertas de entrada a Córdoba.

La importancia histórica de Omar Ibn Hafsún

Su historia tiene un valor simbólico en la historia de la península ibérica. Se le compara con Pelayo en el sentido de que ambos fueron figuras que lideraron resistencias que, con el tiempo, tuvieron repercusiones en la formación de identidades y narrativas contra el dominio exterior.

Hafsún, además, representa la complejidad social del período: un líder de facciones diversas, que buscaba reivindicar su región, su cultura y su religión en un tiempo de fragmentación y conflictos. En un contexto en el que la presencia musulmana en la península no fue nunca homogénea ni monolítica, su figura ayuda a entender la resistencia local, las tensiones culturales y las alianzas cambiantes que marcaron la historia del siglo IX.

Conclusión

Omar Ibn Hafsún, el “Pelayo” de Al-Ándalus, encarna la resistencia, la lucha por la identidad y los conflictos de un período crucial en la historia de la península ibérica. Su historia refleja las contradicciones de una tierra en proceso de transformación, que vio cómo diferentes culturas, religiones y etnias interactuaban y se enfrentaban en un escenario marcado por la fragmentación, la resistencia local y la búsqueda de autonomías.

Su legado perdura como símbolo de resistencia en las montañas de Andalucía y como testimonio de aquella época en la que las luchas por identidad y poder definieron el destino de Al-Ándalus, dejando huella en la historia que todavía hoy seguimos explorando y reinterpretando.

Es un símbolo de la vuelta a los orígenes, unos orígenes que le fueron negados desde su nacimiento en una cultura hostil y falsamente universal, donde como mawla estaba marginado y sin cultura y retornó a ella.

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