Argelia, como actor clave en la región del Magreb y África, mantiene una política exterior que busca equilibrar sus intereses en seguridad, soberanía y estabilidad regional. En este contexto, las relaciones con España, un vecino fundamental en el norte de África, son especialmente relevantes dadas las conexiones históricas, económicas y migratorias entre ambos países.
Relaciones históricas y económicas
Desde hace décadas, Argelia y España han desarrollado vínculos económicos significativos, con acuerdos en comercio, energía y cooperación en temas de seguridad. España es uno de los principales destinos de inmigrantes argelinos y también un socio clave en el suministro de gas y energía, lo que fortalece la interdependencia entre ambos países.
No olvidemos el tratado de amistad hispano – argelino, suspendido tras el escándalo de la ayuda española a Marruecos, enfrentado a Argelia, y el reconocimiento del plan de autonomía del Sáhara, una traición a los saharauis y una falta de visión geoestratégica para el Ministerio de Exteriores del PSOE, ya que en el Magreb no sólo tenemos intereses geopoliticos en el régimen marroquí, sino en Argelia, que además tiene mayor peso geoestratégico y es un aliado de fiar.
La cooperación en materia migratoria y de seguridad es un pilar fundamental en su relación. Ambos países enfrentan desafíos comunes relacionados con la gestión de flujos migratorios, el control del terrorismo y la lucha contra el crimen organizado. La colaboración en estos ámbitos busca garantizar la estabilidad y seguridad en la región.
La cuestión del Sahara Occidental y su impacto en las relaciones
El conflicto del Sahara Occidental es un tema delicado en la política exterior de Argelia, que apoya la autodeterminación del pueblo saharaui y respalda al Frente Polisario. España, por su parte, mantenía una posición de mediación que abogaba por soluciones diplomáticas hasta la traición de Pedro Sánchez. El PSOE y en menor medida el PP históricamente ha tenido vínculos con Marruecos, país con el que Argelia mantiene tensiones por el estatus de la región.
Sin embargo al ser una carta enviada sin apoyo el Congreso de los Diputados bien puede ser tomado como una declaración personal totalmente imprudente, aunque personal, y no como una doctrina de Estado.
De hecho la presión a Ceuta y Melilla, ciudades gobernadas por el PSOE y la posterior carta pseudomafiosa del partido del régimen marroquí, el Istiklal, denota que efectivamente Marruecos percibe que no es doctrina de Estado español, sino una declaración personal que puede extinguirse con la llegada de otro partido y otro líder, de ahí que el régimen ocupante marroquí, cobarde por naturaleza, tire la piedra y esconda la mano en su estrategia mafiosa (ya descubierta) con un PP, que tampoco es de fiar.
Implicaciones para la política española
La relación entre Argelia y España tiene implicaciones directas en la estabilidad del Magreb y en la política europea. La cooperación en energía y seguridad es fundamental para la seguridad energética de España, así como para mantener una política migratoria efectiva. Además, la gestión conjunta de asuntos relacionados con el Sahara Occidental y la lucha contra el extremismo son claves para evitar que los conflictos regionales afecten a ambos países.
Perspectivas futuras
Las dinámicas regionales, la lucha por la influencia en el Sahara y las necesidades energéticas seguirán moldeando la relación entre Argelia y España. La necesidad de mantener un equilibrio en sus intereses y promover una cooperación constructiva será esencial para garantizar la estabilidad y prosperidad en esta zona estratégica.
Sin embargo es España, la que tras más de un lustro sufriendo la constante sumisión al sátrapa absolutista de Marruecos por parte de un Pedro Sánchez diminuto y traidor, debe dar el primer paso: hacerse respetar por Marruecos, defender la soberanía de España frente dm régimen marroquí y equilibrar la relación con Argel distanciándose de Marruecos ya que, parafraseando a Tolkien en El Señor de los Anillos: «un arma traidora (en este caso Marruecos), es un peligro para la propia mano».
España, también debe defender sus derechos en las aguas territoriales y la ZEE española frente a Marruecos y Argelia sin dilación acorde a los postulados del CONVEMAR.
En conclusión, la interacción entre Argelia y España es un elemento clave en el escenario del Magreb, y su desarrollo requiere una diplomacia activa que tenga en cuenta tanto los intereses comunes como las diferencias, sobre todo en temas sensibles como el Sahara Occidental y la seguridad regional y sepa aunar los intereses de Argel y Madrid de forma sana y estable distanciándonos de un socio peligroso, traidor y que tiene aspiraciones territoriales a costa de España en Canarias, Ceuta, Melilla y la Península.