El Levantamiento del Rif de 1958: Una lucha histórica por la autodeterminación

En 1958, la región del Rif en el norte de Marruecos fue escenario de un movimiento de resistencia que dejó una huella profunda en la historia de la lucha por la autonomía rifeña. La revuelta, liderada por Sellam Amezian, emerge como un ejemplo de la resistencia del pueblo rifeño frente a la marginación, la represión y la negligencia del Estado central marroquí ocupante desde 1956. Este episodio revela no solo las raíces de un conflicto histórico, sino también la persistente demanda rifeña de autodeterminación y reconocimiento, que continúa vigente en la actualidad.

Oussama Ridouane, líder del Partido Nacional Rifeño

Contexto histórico y social de la revuelta

Tras la independencia de Marruecos en 1956, las tensiones en el Rif se intensificaron. La región está marcada por una identidad fuerte y una historia de resistencia. En aquel momento se mantenía aún vivo el recuerdo de la lucha del Ejército de Liberación del Rif (ALN), fundado en los años 1920 por Abdelkrim El Khattabi para combatir la ocupación colonial española y francesa. Sin embargo, con la llegada del Estado marroquí independiente, las heridas no se cerraron: la política oficial, dominada por el partido Istiqlal, priorizó la centralización y el control del poder, relegando a los rifeños a un papel secundario en la administración y en las oportunidades económicas.

Lo cierto es que el Estado Marroquí legítimo es sólo el territorio del Protectorado Francés creado por la unión de los sultanatos de Fez y Marrakech a los que se les añadieron territorios como Taza, ¿Razón?, Francia necesitaba salida al Atlántico por lo que él General Liaoutey necesitaba añadir territorios al sultanato de Fez-Marrakech para hacerlo conectar con la Argelia Francesa.

Cuando Bismarck entrega, por sugerencia inglesa, el Rif a España lo hace sobre dos premisas: un territorio independiente políticamente y fracturado en tribus bereberes (cabilas rifeñas) y evitar que Francia tenga salida al estrecho de Gibraltar. Francia y el gobierno del Sultán tenían intereses comunes. Francia, quería unir, como hizo con Taza, a las cabilas rifeñas políticamente independientes pero religiosamente malikitas y considerando al rey marroquí como Amir al Muminim, figura religiosa que no otorga derechos de soberanía, al territorio del sultán para tener acceso indirecto al estrecho, cosa que abortó durante un tiempo los ingleses, dando lugar al protectorado español y la posterior Guerra de África contra AbdelKrim el Jattabi.

Sin embargo, de nuevo en los cincuenta los intereses franco-marroquíes se impusieron. La posición de Argelia y Túnez era hostil a Francia y un Rif controlado por España o independiente era un problema.

Las ansias expansionistas marroquíes, cuyo estado legítimo acorde al derecho internacional público y el Utis Possidetis Iuris era el Protectorado francés, se unió a una Francia que no podía perder el Magreb y a un occidente que veía como el panarabismo se llevaba a los estados del norte de África (Egipto, Libia, Túnez y Argelia) a la órbita soviética. Todo ello frente a una España que salía de la postguerra y buscaba un sitio en la Comunidad Internacional, por lo que más presiones acabaron provocando que a la par de la salida de Francia, España hiciera lo propio y Mohamed V proclamara el estado de Marruecos sobre una ocupación ilegítima del Rif que ya preveía la que su hijo, en aquel entonces Muley Hassan (futuro Hassan II), haría con el Sáhara Occidental.

Las causas del levantamiento son múltiples y profundas. La marginalización social en un estado fascistoide y arabizante, la desigualdad en la distribución de recursos, la exclusión política y la presencia de tropas extranjeras marroquíes en la región alimentaron un fuerte sentimiento de injusticia frente a una población que deseaba volver a la independencia previa a la llegada de Francia y España, aunque superando la fragmentación de las cabilas y creando un estado moderno, como ya dijo Abdelkrim Jattabi.

El cierre de la frontera con Argelia en 1958, en medio de la polarización regional, exacerbó la crisis económica y social, impulsando a las comunidades rifeñas a alzarse en armas en octubre de ese año. La demanda central era la salida de las fuerzas extranjeras marroquíes, la vuelta de AbdelKrim—un símbolo de la resistencia rifeña— (exiliado en Egipto) y la instauración de un gobierno nacional independiente que representara los intereses de la población local.

Las demandas y la resistencia

El movimiento rifeño de 1958 presentó un programa rigurosamente estructurado con 18 puntos que expresaban aspiraciones legítimas y profundas. Entre sus principales demandas estaban la independencia de las fuerzas coloniales marroquíes, la creación de una autoridad política representativa, la vuelta de Abd el-Krim, reformas judiciales y educativas, la protección de la identidad rifeña y la justicia social. Tales demandas reflejaban un reclamo de independencia política y cultural, así como un rechazo a la opresión y a la desigualdad impuestas por un Estado que no reconocía sus derechos

A pesar de estar mal armados, los insurgentes lograron infligir derrotas significativas al ejército marroquí, poniendo en evidencia la determinación del pueblo rifeño. Sin embargo, la superioridad militar, junto con la violencia estatal —cuyas prácticas incluyeron torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones masivas bajo el mando de líderes como Mohamed Oufkir— lograron finalmente sofocar la revuelta. Los líderes se vieron forzados a huir, buscando refugio en países extranjeros y se dio lugar a los años de plomo.

De hecho en la represión, supervisada por oficiales franceses y el Príncipe Hassan, futuro Hassan II; bajo las órdenes del rey Mohamed V, se usó desde bombas de fragmentación hasta armas químicas y bombardeos sobre civiles.

La represión y su impacto duradero

La respuesta del Estado fue brutal y devastadora. El ejército reprimió con vehemencia el movimiento, dejando en la región un legado de dolor y destrucción. La región quedó militarizada, con una economía destruida; instituciones educativas cerradas y comunidades desplazadas. La represión no solo dejó heridas físicas y psicológicas, sino que también perpetuó una situación de subdesarrollo y emigración forzada, problemas que aún afectan al Rif. Con un énfasis puesto en facilitar la emigración de los rifeños fuera de su tierra, hacia Europa y así poder colonizar la zona.

El legado de esa lucha no se ha olvidado, pues las demandas sociales y políticas expresadas en 1958 siguen resonando en movimientos contemporáneos como Hirak Rif, que reivindican derechos, justicia social y reconocimiento de una identidad propia. La persistencia de estos movimientos revela que, más allá de los hechos históricos, la demanda rifeña por autodeterminación continúa siendo legítima y necesaria.

Posturabque acabó con la detención de Nasser Zafzafi, líder de las protestas y su condena a veinte años de prisión y una dura represión de Marruecos.

El derecho a la autodeterminación rifeña: una postura justa y necesaria

Desde una perspectiva ética y política, la revuelta rifeña de 1958 puede comprenderse como una lucha legítima por la autodeterminación. La historia de resistencia del pueblo rifeño y su sufrimiento ante la represión sistemática señalan que su lucha no fue solo una rebelión coyuntural, sino una expresión de una identidad que busca reconocimiento, dignidad y autogestión.

En la actualidad, el escenario del Rif continúa marcado por desigualdades y marginalización por parte del Estado marroquí. La ocupación y la imposición de un modelo centralizado que no respeta la diversidad cultural y política de las regiones niegan a los rifeños su derecho a decidir libremente sobre su destino

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