Las relaciones entre Malí y Argelia se han vuelto cada vez más tensas, especialmente en el contexto de la lucha contra el terrorismo en la región del Sahel. Malí, que enfrenta una crisis de seguridad aguda, ha acusado a Argelia de tener lazos con grupos armados que desestabilizan su territorio. Estas acusaciones han generado un ambiente de desconfianza y confrontación, complicando aún más la situación en una región ya volátil.
Argelia y Malí mantienen una relación histórica estrecha, enfocada en la cooperación en la lucha contra el terrorismo y la seguridad regional. Ambos países han trabajado juntos en diversas plataformas para abordar problemas comunes en el Sahel. Aunque han surgido tensiones, particularmente relacionadas con acusaciones de Malí sobre la complicidad de Argelia con grupos terroristas, Argelia sigue siendo considerada un aliado clave en la estabilidad de Malí, con un interés compartido en preservar su influencia en el norte de África.
El gobierno maliense ha denunciado repetidamente la supuesta complicidad de Argelia con grupos insurgentes y terroristas. Según un informe del International Crisis Group titulado Mali’s New Military Regime: Between a Rock and a Hard Place (2021), las inquietudes sobre el apoyo argelino a ciertos grupos armados están en aumento, lo que continúa afectando la estabilidad de Malí. Este informe subraya que Argelia, en su búsqueda de ejercer influencia en la región, podría estar ofreciendo apoyo implícito a actores no estatales que operan en el norte de Malí, sobre todo a los tuareg a fin de evitar que la inestabilidad se extienda a su territorio y, eventualmente, que se cree un estado tuareg en territorio de Mali.
En este contexto, la AhlulBayt News Agency informó sobre las afirmaciones del gobierno maliense que destacan la supuesta complicidad de Argelia en el suministro de recursos a grupos insurgentes. Estas declaraciones han llevado a un incremento en las tensiones entre los dos países, que se ven atrapados en un ciclo de acusaciones mutuas.
Reacciones de Líderes Militares
Los líderes militares de Malí han reforzado estas afirmaciones, como se enfatiza en el informe de Voice of America (VOA) titulado «Mali’s Military Leaders Accuse Algeria of Supporting Terrorists». En este informe, se detalla cómo los funcionarios militares malenses han expresado su frustración ante lo que consideran una falta de cooperación por parte de Argelia en la lucha conjunta contra el extremismo en el Sahel. Estas tensiones han hecho que algunos en el liderazgo militar monten una retórica de confrontación, en lugar de diálogo, lo que solo ha exacerbado la situación.
Esta disputa entre Malí y Argelia no se produce en un vacío; el Sahel es una región marcada por la inestabilidad, donde diversos grupos armados y yihadistas operan. Desde la caída de Gaddafi en Libia en 2011, el norte de Malí se ha convertido en un refugio para una variedad de militantes, lo que ha complicado los esfuerzos de seguridad tanto en Malí como en Argelia. La mezcla de factores económicos, sociales y políticos ha contribuido a un entorno propicio para la radicalización.
Además, el Ejército de Malí ha tenido que enfrentarse a múltiples rebeldes y ataques yihadistas que han desafiado su autoridad. La creciente inseguridad ha generado un sentimiento de vulnerabilidad en el país, llevando a un enfoque hacia la búsqueda de culpables en lugar de centrarse en estrategias de cooperación y diálogo y, además, el flanco de la triple frontera Mali – Níger – Burkina Fasso ha desafiado aún más el poder de Bamako.
Los Desafíos de la Ouagadougou Agreement
La relación se complica aún más a la luz de los acuerdos de paz y reconciliación, como se menciona en el artículo de The North Africa Journal titulado «Mali’s Ouagadougou Agreement: New Tensions with Algeria«. Este artículo proporciona un análisis sobre cómo las expectativas no satisfechas en torno a los acuerdos firmados entre las partes han conducido a un aumento de la desconfianza. Los desacuerdos sobre la implementación de estos acuerdos han llevado a Malí a señalar a Argelia como un obstáculo en lugar de un socio.
Además, la falta de una estrategia consolidada para abordar los problemas de raíz que causa el extremismo ha debilitado aún más la capacidad de ambos países para colaborar efectivamente.
La tensión entre Malí y Argelia no puede separarse del contexto de inseguridad más amplio en la región. Un artículo de Al Jazeera, «Mali Accuses Algeria of Harboring ‘Terrorists’ as Tensions Rise», destaca cómo la situación de seguridad deteriorada ha llevado a Malí a buscar culpables en su lucha por controlar grupos yihadistas que han proliferado en el Sahel. En consecuencia, las acusaciones contra Argelia han emergido como un enfoque estratégico para desviar la atención de los propios desafíos internos del gobierno maliense.
Este entorno inseguro ha incentivado la creación de redes de contrabando y de tráfico de armas, que en ocasiones también colaboran con actores no estatales (grupos terroristas y mafias internacionales), dificultando así aún más la lucha contra el terrorismo.
Implicaciones para la Seguridad Regional
Las acusaciones y tensiones generadas entre Malí y Argelia tienen importantes implicaciones para la seguridad regional. La falta de confianza y la retórica hostil podrían obstaculizar los esfuerzos conjuntos para abordar problemas que afectan a ambos países y a la seguridad en el Sahel en su conjunto. Cuando los países vecinos se ven atrapados en conflictos de este tipo, hay un riesgo inherente de que el extremismo se propague más allá de sus fronteras, lo que representa un peligro para toda la región.
En este conflicto, además, Mali tiene relaciones complicadas con Marruecos por el apoyo de Bamako al Frente Polisario, lo cual aún así le coloca mucho más cerca de Argelia que de Rabat aunque la disputa diplomática entre Argelia y Malí que enfrenta tensiones con sus vecinos se saldó con la vuelta del embajador argelino a Bamako. La reciente crisis se intensificó tras la recepción de un líder opositor por parte de Argelia, provocando protestas en Bamako.
Las acusaciones de Malí contra Argelia por complicidad con grupos terroristas reflejan las complejidades de la política regional y la lucha contra el extremismo en el Sahel. En un contexto donde la inestabilidad y la violencia se han vuelto la norma, el fortalecimiento de la cooperación y el diálogo es esencial para el bienestar de ambas naciones y para la seguridad colectiva de la región.
El desafío que enfrenta Malí, Argelia y el Sahel en su conjunto es monumental, pero el establecimiento de un acercamiento colaborativo y un compromiso renovado hacia procesos de paz podría ser la clave para encontrar soluciones sostenibles a largo plazo. Sin una colaboración efectiva, la inestabilidad en Malí y las tensiones con Argelia podrían seguir alimentando un ciclo de violencia y desconfianza en una región que ya ha sufrido demasiado. (Foto: wikimedia)