El Subcomandante Marcos, el hombre que quiso cambiar México

El Subcomandante Marcos, figura emblemática del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ha sido un personaje clave en la narrativa contemporánea de la resistencia indígena mexicana. Sin embargo su figura es mucho más, es un intelectual cuya influencia se ha extendido más allá de las fronteras de México. Su papel en la insurrección de Chiapas en 1994 marcó un punto de inflexión en la política mexicana y en la lucha por los derechos de los pueblos indígenas. A través de sus discursos, escritos y presencia mediática, Marcos ha buscado no solo una transformación política en México, sino también un cambio cultural que permita a las comunidades marginadas alzar la voz y reclamar su lugar en la sociedad.

El 1 de enero de 1994, el EZLN, liderado por el Subcomandante Marcos, llevó a cabo un levantamiento armado en el estado de Chiapas, coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Este estallido no solo fue una respuesta a la injusticia social que enfrentaban las comunidades indígenas, sino también un acto simbólico que buscaba llamar la atención sobre las desigualdades que el modelo neoliberal imponía a México en un momento de dominio geopolítico de Estados Unidos tras la caída de la Unión Soviética. La figura de Marcos emergió como portavoz de ese descontento, combinando la lucha armada con un fuerte componente ideológico y cultural.

Marcos se convirtió en un símbolo de resistencia. Su discurso mezcló la crítica a la globalización y a las políticas neoliberales con una celebración de la cultura indígena, y sus palabras resonaron no solo en México, sino en todo el mundo. Este fenómeno atrajo la atención de medios internacionales y activistas globales, convirtiendo al EZLN en un referente de la lucha anti-globalización. De hecho, el Subcomandante Marcos se convirtió en un sujeto ultrafamoso pero totalmente desconocido identificable solamente por su uniforme marrón, su pasamontañas negro y su pipa de tabaco.

Durante los primeros años del levantamiento, el Subcomandante Marcos desarrolló un ideario que combinaba varios elementos: la lucha por la autonomía indígena, los derechos humanos, la democracia participativa y un rechazo contundente a la explotación y la opresión. En 1996, Marcos fue uno de los promotores de los Diálogos de Paz de San Andrés, donde se buscó establecer un marco para el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas.

Marcos también se destacó por su habilidad para comunicarse con la opinión pública, utilizando una mezcla de humor, ironía y una profunda comprensión de la historia y la cultura mexicana. Sus escritos, que se publicaron en forma de comunicados y libros, abordaron temas de justicia social y económica, proponiendo una visión alternativa de México que priorizara el bienestar de sus pueblos originarios.

A medida que avanzaba la década del 2000, la figura del Subcomandante Marcos comenzó a cambiar. En este periodo, el EZLN se focalizó en construir redes de solidaridad y colaboración con otros movimientos sociales. Las tensiones políticas en México, particularmente durante el gobierno de Vicente Fox, llevaron a los zapatistas a reevaluar su estrategia. Aunque Marcos seguía siendo un crítico vocal del capitalismo, la organización se centró más en la construcción de alternativas prácticas en lugar de la lucha armada. Famosa es su entrevista de 2006 con el gran periodista español (ya fallecido) Jesús Quintero en el Programa el Loco de la Colina.

Durante este periodo, el EZLN implementó diversas iniciativas de autogobierno en Chiapas, estableciendo comunidades que funcionaban al margen de las estructuras estatales creando un estado paralelo o un estado dentro del estado. Marcos, en este sentido, promovió la idea de que la transformación social debía comenzar desde abajo, priorizando la autonomía y la autodeterminación de las comunidades indígenas.

Con el inicio de la década de 2010, el Subcomandante Marcos comenzó a adoptar una postura menos beligerante y más introspectiva, lo que se tradujo en su decisión de “desaparecer” de la vida pública en 2014, adoptando el nombre de «Galeano» en homenaje a un compañero caído. Aun así, sus ideas y principios continuaron resonando en el movimiento. Regresó brevemente a la atención pública en 2015 para expresar su respaldo a los movimientos sociales presentes en todo el país, vinculando la lucha del EZLN con la defensa de los derechos humanos y la justicia social frente a la creciente violencia y el crimen organizado en México.

Durante este periodo, su figura se consolidó no solo como un líder, sino como un crítico que continuaba cuestionando las desigualdades estructurales en México y el sistema político corrupto del país, abogando por una nación más justa e inclusiva. Sus escritos de esta época reflejaron un profundo análisis de la cultura contemporánea y la necesidad de conectar las luchas de diferentes movimientos dentro de México.

Desde 2020, el Subcomandante Marcos, bajo el seudónimo de Galeano, ha continuado su labor de reflexión y militancia. La pandemia de COVID-19 evidenció aún más las desigualdades en México y el debilitamiento de las estructuras de salud pública, lo cual generó un llamado a la acción desde el EZLN. En sus comunicados, ha resaltado la importancia de la solidaridad y la construcción comunitaria como respuesta a la crisis sanitaria y económica.

A lo largo de su trayectoria desde 1994 hasta la actualidad, el Subcomandante Marcos ha sido una figura clave en la construcción de un discurso alternativo sobre la identidad y la justicia social en México. Su mezcla de resistencia, reflexión filosófica y su sentido del humor ha logrado captar la atención tanto a nivel nacional como internacional. Aunque ha evolucionado desde un líder guerrillero hacia un pensador crítico que aboga por la autonomía y la dignidad de las comunidades indígenas, su mensaje sigue siendo relevante y necesario en el contexto de un México que lucha por cambiar.

De hecho en los treinta años de conflicto zapatista y a pesar de la violencia y el despliegue militar mexicano para parar la insurgencia, se han reportado una cantidad muy pequeña de bajas directas en comparación a otros conflictos (algunas cifras hablan de 150, otros de 300 y otros de 500 bajas directas) aunque las bajas indirectas pueden ascender a miles.

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