La Segunda Dinastía de Egipto (c. 2890-2686 a.C.) fue crucial para la unificación y consolidación del estado faraónico. Destacan faraones como Peribsen y Khasekhemwy, quienes promovieron importantes cambios culturales y religiosos. Este periodo sentó las bases para el desarrollo posterior del antiguo Egipto, influyendo en su arte y religión.