Azerbaiyán de escenario de conflicto a potencia regional en el Cáucaso Sur 

Azerbaiyán ha pasado, en poco más de una década, de ser un país marcado por conflictos territoriales a consolidarse como la potencia regional dominante en el Cáucaso Sur (Transcaucasia). Tras recuperar la totalidad de su integridad territorial en 2023 y firmar un tratado de paz con Armenia en marzo de 2025, Bakú ha iniciado una fase de construcción de un nuevo orden post-conflicto en la región. 

Su importancia geopolítica descansa en tres pilares estratégicos fundamentales: la conectividad y el “Corredor Medio”, su papel en la seguridad energética de Europa y su política exterior multivectorial. 

1. Conectividad y el “Corredor Medio”

Azerbaiyán se ha convertido en un eje clave de la gran red euroasiática de transporte. El país es pieza central del Corredor Medio (Ruta de Transporte Internacional Transcaspiana), que conecta China con Europa a través de Asia Central, el mar Caspio y el Cáucaso, evitando el territorio ruso. 

Este corredor le otorga a Azerbaiyán una relevancia logística de primer orden:

  • Hub logístico regional: 

  Bakú actúa como un punto de tránsito indispensable para la carga procedente de Asia Central (Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán) que se dirige a los mercados europeos. Su infraestructura ferroviaria, portuaria y carretera se ha modernizado para procesar un volumen creciente de mercancías.

  • Ruta de la Paz (TRIPP): 

  En agosto de 2025 se impulsó el proyecto de la llamada “Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” (TRIPP), un corredor destinado a conectar el Azerbaiyán continental con su exclave de Najicheván. 

  Esta ruta no solo tendría un impacto económico (nuevos canales de comercio y transporte), sino también geopolítico, al reconfigurar las líneas de tránsito en el Cáucaso Sur y favorecer una mayor integración regional tras décadas de tensiones.

En conjunto, el Corredor Medio y la TRIPP potencian la ambición de Bakú de convertirse en un cruce de caminos imprescindible entre Asia y Europa. 

2. Pilar energético: seguridad para Europa e Israel

La principal carta de poder de Azerbaiyán sigue siendo la energía. El país es un abastecedor clave de hidrocarburos, lo cual le otorga influencia tanto sobre Europa como sobre otros aliados estratégicos.

  • Diversificación del suministro europeo: 

  Frente a la tradicional dependencia del gas ruso, la Unión Europea ha ido impulsando, desde mediados de la década de 2010, el Corredor de Gas del Sur. En 2025, Azerbaiyán produjo alrededor de 51,5 mil millones de metros cúbicos (bcm) de gas natural, de los cuales cerca de 12,8 bcm se exportaron directamente al mercado europeo. 

  Esta contribución ayuda a la UE a diversificar sus fuentes energéticas y a reducir la vulnerabilidad geopolítica frente a Moscú.

  • Infraestructura clave: 

  El gas azerbaiyano fluye hacia Europa a través de una compleja red de gasoductos:

  – SCP (South Caucasus Pipeline / Gasoducto del Cáucaso Sur) 

  – TANAP (Transanatolian Pipeline / Gasoducto Transanatoliano) 

  – TAP (Trans Adriatic Pipeline / Gasoducto Transadriático) 

  Juntos, estos gasoductos conforman el Corredor de Gas del Sur, que enlaza el mar Caspio con el sur de Europa.

  • Proveedor estratégico de Israel: 

  Además de su relación con la UE, Azerbaiyán es el principal proveedor de petróleo de Israel, suministrando cerca del 28 % del crudo importado por este país. Esta relación energética refuerza los lazos políticos y de seguridad entre Bakú y Tel Aviv, y añade una nueva dimensión a la red de alianzas de Azerbaiyán en Oriente Medio.

No obstante, esta fortaleza es también una vulnerabilidad: alrededor del 90 % de los ingresos por exportación del país y cerca del 60 % de sus finanzas públicas dependen aún de los hidrocarburos, lo que supone un reto de diversificación económica a medio y largo plazo. 

3. Política exterior multivectorial y equilibrio entre potencias

Rodeado por grandes actores como Rusia, Turquía e Irán, Azerbaiyán ha adoptado una estrategia de “multi-alineación”: busca mantener relaciones funcionales con todos, evitando quedar atrapado en una sola esfera de influencia.

  • Alianza estratégica con Turquía: 

  La relación entre Ankara y Bakú se resume en el lema “una nación, dos estados”. Tras la guerra de 2020, esta cooperación se profundizó tanto en el terreno militar como en el político. Turquía ha sido un apoyo decisivo en la modernización del ejército azerbaiyano y en su proyección regional, reforzando la capacidad de disuasión de Bakú.

  • Relación compleja con Rusia e Irán: 

  – Con Rusia, Azerbaiyán mantiene vínculos diplomáticos, económicos y militares, pero al mismo tiempo ha fortalecido su soberanía frente a las presiones de Moscú. El desarrollo del Corredor Medio y el acercamiento a la UE e Israel son señales claras de que Bakú no quiere quedar subordinado a los intereses rusos. 

  – Con Irán, la relación también es delicada, debido tanto a factores geopolíticos como étnicos (la importante población azerí en el noroeste iraní). Pese a mantener canales diplomáticos abiertos, el alineamiento de Bakú con Ankara, Occidente e Israel genera recelos en Teherán.

  • Paz con Armenia y nuevo orden regional: 

  El tratado de paz firmado en marzo de 2025 entre Azerbaiyán y Armenia marca un punto de inflexión histórico. El fin formal de las hostilidades reduce significativamente el riesgo geopolítico en el Cáucaso Sur y abre la puerta a:

  – Proyectos de infraestructura compartida. 

  – Comercio e inversiones transfronterizas. 

  – Una gradual normalización política que, si se mantiene, podría transformar la región de un foco de conflicto persistente a un espacio de interconectividad entre Europa y Asia.

Desafíos y perspectivas

Aunque Azerbaiyán ha logrado posicionarse como potencia regional en el Cáucaso Sur y actor relevante en la seguridad energética de Europa, enfrenta varios desafíos:

  • Dependencia del petróleo y gas: 

  La estructura económica sigue siendo poco diversificada. Una caída prolongada de los precios energéticos o cambios tecnológicos globales (transición verde) podrían afectar gravemente sus ingresos.

  • Equilibrio geopolítico delicado: 

  Mantener simultáneamente buenas relaciones con Turquía, Rusia, Irán, la UE e Israel exige una diplomacia muy cuidadosa. Cualquier escalada regional (por ejemplo, entre Irán e Israel, o entre Rusia y Occidente) puede colocar a Azerbaiyán en posiciones difíciles.

Conclusión

En 2025, Azerbaiyán ya no es solo un antiguo escenario de conflicto, sino un actor central en la reconfiguración del Cáucaso Sur y de los corredores euroasiáticos de energía y transporte. 

Su control de rutas estratégicas, su papel como proveedor de gas y petróleo, y su capacidad para equilibrar múltiples alianzas le otorgan una influencia desproporcionada respecto a su tamaño. El éxito de su proyecto a largo plazo dependerá de dos factores clave: la consolidación de la paz regional y la diversificación de su economía más allá de los hidrocarburos. 

Si ambos objetivos avanzan, Azerbaiyán está bien posicionado para seguir siendo una pieza clave en el tablero geopolítico entre Europa, Rusia, Turquía, Irán y Asia Central.

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