Trump y Groenlandia, mucho más de lo que parece

En este 2026, tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos. Donald Trump se ha lanzado a una campaña geopolítica con amenaza de intervención militar sobre Groenlandia que es territorio danés lo cual la deja dentro de la influencia de Estados Unidos ya que Dinamarca pertenece tanto a la UE como a la OTAN, aunque Groenlandia no es territorio UE. Estados Unidos baraja la posibilidad de la compra de la inmensa isla de una manera u otra, ya sea pagando por el territorio a Dinamarca como quién compra una propiedad o de alguna manera comprando la voluntad del pueblo groenlandés, apenas 60.000 habitantes, para que invoque el derecho reconocido a la autodeterminación que poseen y de esa forma solicitar la independencia y unirse a Washington como estado de la Unión o en un estatus de Estado Libre Asociado como ya posee Puerto Rico.

A nivel interno, desde la ley de autogobierno de 2009 Groenlandia posee derecho de autodeterminación acorde al derecho interno danés. El parlamento groenlandés podría declarar la independencia que tendría que ser aceptada por el Parlamento Danés en Copenhague.

La paradoja a la que, sin embargo, nos enfrentamos es que Estados Unidos ha decidido sacar a Dinamarca de Groenlandia por una situación de seguridad nacional. Cierto es que la isla forma parte geográfica de América, cierto es que la Doctrina Monroe prevé en su origen la no injerencia de Europa en América (Groenlandia es geográficamente América y Dinamarca es un estado Europeo) y cierto es que Estados Unidos ha querido acceder a esa isla con anterioridad y siempre por una razón u otra no ha podido integrar en su territorio, pero también es cierto que Dinamarca jamás ha negado a Estados Unidos que proyecte su influencia militar (poseen la base aérea de Pitufifik en Qaanaaq), económica (Dinamarca es un estado liberal en lo económico que no impide la presencia de empresas estadounidenses o política (Dinamarca es un reino con una monarquía parlamentaria con democracia institucional arraigada).

Base Pituffik de Estados Unidos en Groenlandia

¿Qué beneficios tendría Estados Unidos?

La realidad es la siguiente, Estados Unidos necesita poseer un territorio al menos tan rico en minerales estratégicos, gas y petróleo como Rusia y China, aunque este último tiene un gran déficit petrolífero que suple desde Irán, Arabia Saudí, Qatar, Rusia y hasta 2025 de Venezuela, aunque ahora ese futuro es incierto. El acceso directo a estos recursos permite a Estados Unidos establecer un centro minero capaz de suplir su industria tecnológica civil (Silicon Valley) y militar (el Complejo Militar – Industrial del Pentágono), aparte de manejar inmensas cantidades de gas y petróleo para el propio beneficio tanto a nivel interno para el uso dual lo cual abarataría costas, reduciría la inflación, aumentaría la renta disponible y el consumo por el menor gasto de combustible, mejora en la balanza comercial etc..

También, al controlar el petróleo estadounidense (el West Texas Intermediate), además del petróleo venezolano y el groenlandés Estados Unidos, ya de por sí el mayor productor de crudo del mundo, que además no es miembro de la OPEP, podría manipular precios internacionales. No olvidemos que en 2021 Groenlandia por cuestión de soberanía y lucha contra el cambio climático suspendió la emisión de nuevas licencias de exploración de gas y petróleo, decisión que se conoció el 15/16 de julio de 2021.

Por lo tanto, desde esta posición de fuerza y no atado por los compromisos de la OPEP, Donald Trump podría hacer mucho daño a los intereses saudíes, qataríes o rusos ya que si inyecta una cantidad de crudo muy fuerte, como hemos visto, a Estados Unidos le beneficiaría pero al resto de países exportadores no por lo que Washington lograría la preeminencia internacional en este mercado.

Sobre la ruta del ártico es cierto que el cambio del clima está haciendo esa ruta más fácilmente navegable que además es barata, rápida y segura por la inexistencia de piratas y la seguridad geopolítica de que la mayoría de esa ruta está controlada por un sólo país: Rusia, cuyas aguas territoriales y zona económica exclusiva la convierten en la gran dominadora de esta ruta al controlar las costas del Mar de Barents, Mar de Kara, Mar de Laptev y Mar de Siberia Oriental, las rutas de puertos como Pevesk, Dickson, Murmansk o Arkángelsk que ha tenido un gran desarrollo de infraestructura además de la red de islas y archipiélagos como el de Nueva Zembla, Islas de Nueva Siberia o la isla Wrangel con presencia civil, comercial y militar hace que la proyección geopolítica en el ártico sea rusa, cosa que Estados Unidos no puede permitir.

Sin embargo, no es sólo la ruta. Como hemos visto, la base militar de Qaanaaq, está en el extremo oriental de la isla, bastante lejos de los mares árticos rusos y del Mar del Norte donde Rusia mueve su flota militar y de submarinos, todo ello unido a la salida de Estados Unidos de Islandia en 2006, donde abandonaron sus instalaciones militares. Por lo que el control de la flota rusa en la  región del ártico y Atlántico norte perdió un puesto de vigilancia de primer orden.

Si bien es cierto que la otanización del Báltico otorga ventaja continental, no debemos olvidarnos que la región del Paso de GIUK (Greenland-Iceland-United Kingdom) es el primer escudo que protege la Costa Este de Estados Unidos. La protección de cables, navegación mercante (barcos de la flota fantasma rusa fueron capturados por Estados Unidos en el Mar del Norte tras la captura de Maduro en enero de 2026), hace que para Estados Unidos sea indispensable Groenlandia, efectivamente por cuestión de Seguridad Nacional. La Operación Shadow Fleet en estas aguas del paso de GIUK en enero de 2026 ha sido una muestra de poder duro en esta región. Además, el déficit de bases nucleares de Estados Unidos en la región se hace patente ya que en 1992 abandonaron la base naval nuclear de Holy Loch y ahora sólo existe una base británica en Faslane, Escocia, que podría permitir el acceso estadounidense.

La importancia del Corredor GIUK

Estados Unidos, por ende, no posee grandes bases militares en el ártico más allá de la citada de Qaanaaq (Groenlandia) y la Joint Base Elmendorf.Richardson (JBER), Fort Wainwright, Eielson Air Force Base y la Fort Greely en Alaska, sin contar con los de la Guardia Costera de USA.

En definitiva, un escenario complejo con implicaciones económicas y militares que prefigura la militarización del Atlántico norte con el refuerzo de las posiciones de USA en el paso GIUK a modo de línea roja o escudo de defensa contra Rusia, entramos en un escenario parecido al de la Guerra Fría pero con un nueva escenario y es que en esta ocasión la unión Estados Unidos – Europa se puede ver muy perjudicada si Washington logra arrebatar de un modo u otro Groenlandia a un estado europeo bien considerado como Dinamarca considerando también que Donald Trump ya señaló su interés en integrar Canadá como un estado de Estados Unidos, ya que con la anexión groenlandesa Canadá quedaría totalmente rodeada y, también, la crisis interna desatada tras la captura de Maduro entre el ejecutivo estadounidense desde La Casa Blanca contra la negativa a este tipo de intervenciones a la que claramente se niega tanto el Congreso como el Senado de Estados Unidos.     

¿El objetivo final?

Por Koldo Salazar López

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