En diciembre de 2025, el presidente Donald Trump presentó oficialmente un nuevo eje de su política exterior: el llamado “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, integrado en la Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy, NSS) de su administración. Este enfoque, apodado coloquialmente la “Doctrina Monroe”, pretende redefinir el papel de Estados Unidos en el hemisferio occidental y, de manera significativa, reabrir el debate sobre el estatus estratégico de Groenlandia.
De la Doctrina Monroe al Corolario Trump
La Doctrina Monroe, formulada en 1823, nació como una advertencia a las potencias europeas: cualquier intento de colonización o intervención en el hemisferio occidental sería visto como un acto de agresión contra Estados Unidos. Su objetivo original era impedir el retorno del colonialismo europeo en América y consolidar una esfera de influencia estadounidense.
Posteriormente, en 1904, el presidente Theodore Roosevelt amplió este principio con el llamado Corolario Roosevelt. Este corolario convirtió a Estados Unidos en una suerte de “poder policial internacional” en el continente, justificando intervenciones en América Latina y el Caribe bajo el argumento de mantener el orden y la estabilidad, y de evitar que los europeos intervinieran directamente.
El Corolario Trump se presenta como una actualización agresiva de esta tradición. Según el discurso de la administración, no se trata solo de rechazar la colonización formal, sino de impedir que “competidores no hemisféricos” —entre ellos, China, Rusia e Irán— acumulen poder, influencia o presencia estratégica en el hemisferio occidental, incluso sin recurrir a la ocupación territorial clásica.
Principios centrales de la “Doctrina Donroe”
La Doctrina Monroe parte de una premisa política y simbólica: la idea de que “el destino del hemisferio occidental debe ser decidido por el pueblo estadounidense, no por naciones extranjeras ni por instituciones globalistas”. Este enunciado combina un nacionalismo marcado con una desconfianza explícita hacia los organismos multilaterales y los arreglos internacionales tradicionales.
El Corolario Trump amplía el alcance de la Doctrina Monroe en tres dimensiones principales:
1. Presencia militar y capacidades amenazantes
Estados Unidos se reserva el derecho de bloquear o contrarrestar el despliegue de fuerzas militares, bases, sistemas de vigilancia o capacidades consideradas “amenazantes” de potencias no americanas en cualquier punto del hemisferio. El concepto de amenaza se interpreta de forma amplia, lo que ofrece margen para respuestas políticas, económicas e incluso militares.
2. Control de activos estratégicos
La doctrina apunta específicamente a la propiedad o control, por parte de potencias extrahemisféricas, de activos estratégicos: puertos, aeropuertos, redes de telecomunicaciones, infraestructuras energéticas, minerales críticos o rutas marítimas de alto valor. La premisa es que la soberanía y por ende el respeto a su integridad formal de un país no basta si actores externos dominan sus recursos clave y es una amenaza a Estados Unidos.
3. Influencia económica y política
El Corolario Trump también busca limitar la injerencia económica y política de China, Rusia e Irán en América. Acuerdos de inversión, proyectos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, contratos de infraestructura, cooperación en defensa o marcos diplomáticos estrechos son vistos, en esta lógica, como palancas para una proyección de poder que Washington considera inaceptable.
La administración presenta todo esto como una “restauración de sentido común” y un retorno a la preeminencia estadounidense en su entorno geopolítico inmediato, evocando la justificación moral que acompañó al Corolario Roosevelt, ahora adaptada a la competencia estratégica del siglo XXI.
Groenlandia como pieza clave del nuevo esquema
Dentro de este marco, Groenlandia emerge como un punto focal. Su ubicación geográfica —en el Atlántico Norte y dentro del hemisferio occidental—, su tamaño, sus recursos potenciales y su importancia para las rutas árticas y los sistemas de defensa antimisiles hacen de la isla un activo de enorme valor estratégico.
La administración Trump sostiene que, precisamente por encontrarse en el hemisferio occidental, el hecho de que Groenlandia sea un territorio del Reino de Dinamarca —país situado en el hemisferio oriental— constituye una anomalía y, en términos políticos, una “intromisión europea” en lo que considera el espacio natural de influencia de Estados Unidos.
Sobre esta base, el Corolario Trump sostiene que:
– El control de Groenlandia por parte de una potencia no americana es, de facto, una limitación a la soberanía y seguridad estadounidenses y va contra la Doctrina Monroe original en la cual no se permitía la presencia europea en la isla-América.
– Cualquier presencia militar o económica significativa de China, Rusia u otros actores extrahemisféricos en la isla o en sus aguas contiguas debe ser interpretada como un desafío directo.
Argumentos de seguridad y tensiones con Dinamarca y Groenlandia
Trump ha señalado de forma reiterada la presencia de buques y embarcaciones rusas y chinas en las proximidades de Groenlandia como una amenaza directa para la seguridad nacional de Estados Unidos. En su narrativa, estos movimientos navales anticipan un mayor interés de Moscú y Pekín por el Ártico, sus recursos, sus rutas marítimas emergentes debido al deshielo, y sus posibles ventajas militares.
Tras una operación militar en Venezuela en enero de 2026 —que la administración ha presentado como una aplicación práctica de la Doctrina Monroe para frenar la influencia extrarregional—, Trump renovó públicamente sus llamados a un “takeover” o compra de Groenlandia. En su argumentación, Dinamarca sería incapaz de garantizar la seguridad de la isla frente a estas potencias, mientras que Estados Unidos tendría tanto la capacidad militar como el imperativo estratégico de hacerlo.
Sin embargo, la respuesta internacional ha sido clara y contundente:
– Dinamarca, a través de su primera ministra Mette Frederiksen, ha reiterado que Groenlandia “no está en venta” y que su estatus no puede definirse unilateralmente por Washington.
– Groenlandia, que posee un alto grado de autogobierno y una identidad política propia, ha rechazado también la narrativa estadounidense. La primera ministra groenlandesa, Mette Egede, ha enfatizado que el futuro de la isla depende exclusivamente de su población y de las decisiones que esta tome democráticamente.
Estas declaraciones ponen de relieve un punto sensible: la tensión entre la lógica de esfera de influencia defendida por el Corolario Trump y el principio de autodeterminación de los pueblos, básico en el derecho internacional contemporáneo.
Implicaciones geopolíticas
La Doctrina Donroe y el Corolario Trump reactivan el debate sobre el unilateralismo estadounidense y el equilibrio entre seguridad nacional y respeto a la soberanía de otros Estados. Al ampliar la Doctrina Monroe hasta el punto de cuestionar la presencia incluso de aliados tradicionales —como Dinamarca— en el hemisferio, Washington redefine de forma drástica los contornos de lo que considera su “patio trasero”.
En el caso de Groenlandia, esta postura tensiona las relaciones dentro de la OTAN, complica la cooperación en el Ártico y alimenta la percepción de que Estados Unidos está dispuesto a reinterpretar principios históricos para justificar una política de expansión de su control estratégico.
A la vez, la reacción firme de Dinamarca y Groenlandia demuestra que la capacidad de Estados Unidos para imponer esta nueva doctrina encontrará límites políticos, diplomáticos y jurídicos. El futuro de la Doctrina Monroe dependerá de hasta qué punto Washington esté preparado para convertir esta retórica en acciones concretas y de cómo responderán tanto las potencias extrahemisféricas señaladas —China, Rusia, Irán— como sus propios aliados en Europa y en el resto de América.