La Estrategia 2030 de Uzbekistán es el marco principal del país para el desarrollo a medio y largo plazo. Proporciona una dirección estratégica para las políticas públicas, la reforma institucional y la transformación socioeconómica, al tiempo que incorpora principios de continuidad, previsibilidad y planificación a largo plazo en el núcleo de la gobernanza estatal. Desde su adopción, la estrategia ha servido como un punto de referencia fundamental para la agenda de reformas, dando forma a lo que a menudo se denomina “Nuevo Uzbekistán”.
En los últimos años, Uzbekistán ha logrado avances tangibles en una amplia gama de áreas, incluyendo la modernización económica, la reforma de la administración pública, la reforma judicial, la expansión del espacio cívico y la protección de los derechos humanos. Estas reformas han producido resultados medibles y han contribuido a una mayor apertura y capacidad institucional. Al mismo tiempo, el ritmo de cambio —tanto a nivel nacional como global— ha seguido acelerándose.
Las expectativas de la sociedad están evolucionando, las condiciones económicas se están volviendo más complejas, el cambio tecnológico está remodelando los modelos de gobernanza y las dinámicas geopolíticas y económicas globales están introduciendo nuevos riesgos y oportunidades. En este contexto, actualizar la Estrategia Uzbekistán–2030 es un paso lógico y necesario para garantizar que la planificación de políticas siga siendo relevante, receptiva y efectiva.
En el centro de la estrategia revisada se encuentra un principio fundamental articulado por el Presidente de Uzbekistán: el Estado debe servir al pueblo, no al revés. En su forma actualizada, la estrategia busca traducir este principio en resultados prácticos de gobernanza mediante el refuerzo de un modelo de desarrollo orientado a los resultados, responsable y centrado en el bienestar humano.
Cada decisión política y prioridad de reforma se evalúa a través de su impacto en la calidad de vida de los ciudadanos, la inclusión social y la prosperidad a largo plazo. Esto marca un cambio desde objetivos abstractos hacia un enfoque más orientado a los resultados en las políticas públicas.
Un elemento clave en la mejora de la estrategia es una revisión integral de los avances logrados hasta la fecha. Esto incluye una evaluación honesta de los desafíos restantes y los cuellos de botella estructurales, así como el reajuste de los indicadores de rendimiento para permitir una medición y evaluación más precisa. Cada objetivo estratégico está vinculado a instituciones responsables claramente designadas, mientras que los recursos financieros necesarios se identifican explícitamente. Esto fortalece la responsabilidad institucional y convierte la estrategia de una visión general a una hoja de ruta operativa.
Otra característica definitoria de la Estrategia Uzbekistán–2030 actualizada es su énfasis en la claridad y relevancia para los ciudadanos comunes. La estrategia está siendo diseñada para que las personas puedan entender fácilmente cómo las reformas nacionales afectan sus vidas diarias, cómo mejoran el acceso a los servicios, crean oportunidades económicas y mejoran las perspectivas para las futuras generaciones. En este sentido, la estrategia no se concibe como un conjunto de eslóganes, sino como un marco para mejoras tangibles y vividas.
La estrategia revisada también refleja la necesidad de adaptabilidad. Los indicadores de rendimiento están siendo actualizados para alinearse con las nuevas realidades económicas, las prioridades sociales, la innovación tecnológica y los desarrollos internacionales. Esto garantiza que las políticas públicas sigan siendo flexibles y capaces de responder a los cambios, en lugar de estar limitadas por suposiciones estáticas.
La digitalización juega un papel central en este proceso. El monitoreo y la evaluación de la implementación de la estrategia están siendo completamente digitalizados, lo que permite una mayor transparencia, la toma de decisiones basada en evidencia y un mayor control público. Este enfoque refuerza la confianza en las instituciones públicas y respalda ajustes políticos más informados.
Igualmente importante es la coherencia de las políticas. Todos los planes de desarrollo sectoriales, regionales y temáticos están siendo alineados con la Estrategia Uzbekistán–2030 para garantizar la consistencia en las acciones del gobierno. Este enfoque integrado reduce la fragmentación y mejora la efectividad general de la política estatal.
La participación pública es otro principio fundamental. La estrategia actualizada está siendo desarrollada a través de una amplia consulta pública, incorporando aportes de ciudadanos, organizaciones de la sociedad civil, expertos y el público en general. Esto refleja el entendimiento de que las reformas son más sostenibles y creíbles cuando son moldeadas con la sociedad, en lugar de ser impuestas a ella.
En conclusión, el refinamiento continuo de la Estrategia Uzbekistán–2030 representa un esfuerzo estructurado, transparente y responsable para profundizar las reformas y adaptarlas a las realidades contemporáneas. Sobre todo, reafirma una prioridad clara: el desarrollo nacional no es un fin en sí mismo, sino un medio para mejorar la vida y el bienestar de las personas. En este sentido, la Estrategia Uzbekistán–2030 se está moldeando como una verdadera hoja de ruta centrada en las personas para un progreso inclusivo y sostenible.
Eldor Tulyakov,
Director Ejecutivo, Centro de Estrategia de Desarrollo