Los yezidies de Irak, la religión de los kurdos.

Tras la caída de Sadam Hussein en 2003 y los duros años de la ocupación estadounidense, las diferentes insurgencias, la aparición de grupos como Al Qaeda en Irak y, más tarde, Estado Islámico, acabamos teniendo una idea muy equivocada de Irak.

La República de Irak ha sido siempre un estado modélico en el mundo árabe – islámico y heredero de varias civilizaciones: desde los sumerios hasta los acadios, pasando por asirios y babilonios hasta la invasión persa, griega, parta y sasánida pero, también, árabe.

Mesopotamia logró acumular un gran tesoro arqueológico, cultural, histórico y político pero, también, religioso.

Irak es sede de varias religiones, no sólo del Islam. Hay ciudades sagradas islámicas chiitas como Nayaf y Kerbala, ciudades de índole imperial sunita como la mítica Bagdad, donde vivieron Abu Hanbal y Abu Hanifa, fundadores de los Madhabs Hanafi y Hambali y que también fue residencia de Al-Shafi, el fundador de la escuela Shafií.

En los Kalam, los mutazilíes tuvieron sus grandes discusiones en Bagdad también o los asharifa de Basora (nacidos como reacción al racionalismo de los mutazilíes de Bagdad).

Sin embargo no nos olvidemos, yendo más al pasado al Concilio de Seleucia – Ctesifonte, cerca de la actual Bagdad, donde se creó en concilio la Iglesia Católica del Oriente de tendencia teológica nestoriana y que aún hoy existe en Irak con el patriarcado en Bagdad y otro en Ankawa, Erbil.

De hecho, el cristianismo está muy enraizado: Luis Rafael Sako, como cardenal iraquí católico – Caldeo, pero también dos Patriarcas (Papas), Mar Awa III, en Erbil, y Mor Gewargis III en Bagdad, líder del cisma del 1968.

No olvidemos, sin embargo a los yezidies.

Los yazidies son los creyentes de la religión Yazidi, una religión yazdanista emparentada muy de cerca con las religiones indoarias antiguas, especialmente el mazdeísmo, aunque no es similar.

Creen en un dualismo entre el bien y el mal que conviven en la mente del hombre y entre el que deben elegir de forma libre, sin embargo sus creencias les ayudan a elegir el bien en base a la historia de Melek Taus.

Según ellos, Dios creó a Melek Taus de su luz y luego creó ángeles y el mundo, tras crear al hombre ordenó que todos los ángeles se arrodillaran ante él pero Melek Taus se negó porque Adán fue creado del polvo y él de la luz de Dios. Esto generó que durante muchos milenios judíos, cristianos y musulmanes les considerasen satanistas, debido a la simbología del Pavo Real o la serpiente siendo que, sin embargo, su cosmogonía no es siquiera semita o islámica sino indoaria.

Dios, al contrario que en las tradiciones judías, cristianas y musulmanas, en lugar de castigarle por desobediencia le premió por su lealtad y le nombró su representante y regente en la tierra, donde baja en el primer miércoles de Nissan de cada año.

Creen en la reencarnación y tienen sus propios libros sagrados como el Kiteba Jilwe, el libro de la Revelación, y el Mishefa Resh (libro rojo).

Una idea es que la veneración, el respeto y la alabanza hacia Melek Taus es una forma de reconocer su dignidad y perfeccionarse en el camino del bien. Creen en siete seres santos (Koassasa) que se reencarnan de vez en cuando en personas.

Curiosamente en su teología ellos creen que descienden de Adán pero no de Eva, creen en dos diluvios, el de Utnapishtim y el de Noé siendo ellos el pueblo y la religión que existía entre los diluvios y que ha sobrevivido hasta hoy.

Tiene un profundo componente tribal y de castas, una moral rígida con un alto componente ético y una forma en castas. El conocimiento de la religión se revela poco a poco a los Mala (sacerdotes) existiendo una brecha entre el pueblo yezidi que practicaría una religión más popular y los Mala, que se encargan de celebraciones y rituales, que la llevarían a cabo de una forma espiritual y filosófica – teológica. Es una religión que permite la conversión. Los yezidies tienen cinco rezos diarios. El Nivêja berîspêdê (rezo del amanecer), Nivêja rojhilatinê (rezo de la mañana), Nivêja nîvro (rezo del mediodía), Nivêja êvarî (rezo de la tarde) y Nivêja rojavabûnê (rezo del anochecer). En el primero deben orientarse hacia el sol y en el resto hacia el santuario sagrado de Lalish, en Irak.

Santuario del Jeque Adi.

Santuario sagrado de Lalish, norte de Mosul, Irak.

Su día sagrado es el miércoles (día de la creación de Melek Taus) y su día de descanso es el sábado. Creen que el ángel que movió la piedra de la tumba de Jesucristo fue Melek Taus y se quedó ahí.

Su personaje histórico más importante es el Jeque Adi, descendiente del Califa Marwan I de los Omeyas de Damasco, que creyó en esa religión y la predicó.

En Lalish, donde está su lugar sagrado, se debe peregrinar al menos una vez en la vida durante los rituales del Festival de la Asamblea (23 de Elul al 1 de Tishrei, septiembre). Donde hay santuarios a los Koassasa y al Jeque Adi. Ahí se lavan en baños rituales los yazidies se lavan en el río, así como sus figuras de Melek Taus y sacrifican un buey. Aparte de este ritual, tienen otro en marzo – abril (nowruz) en el que se celebra el año nuevo Yazidi después del equinoccio de primavera.

El Jeque Adi

Tumba del jeque Adi en Lalish, Irak.

Era descendiente del Califa Marwan I de los Omeyas, vivió en Bagdad como sufí, se retiró a las montañas kurdas de Hakkari en busca de paz. Donde comenzó a practicar y predicar el yezidismo.

Impresionó a la población local con su ascetismo y milagros, y fue adoptado como santo nacional por los yazidíes, que le consideraron un avatar de Melek Taus. Fundó la orden religiosa al-Adawiya y murió a los 90 años en la ermita que construyó allí, donde vivieron sus descendientes.

Hoy su ermita, donde está su tumba, es el templo sagrado de Lalish, al norte de Mosul. También poseen un templo enorme en Armenia.

A día de hoy, en la República de Irak los yezidies siguen viviendo en la región del Kurdistán y en la provincia de Nínive, donde forman parte de la comunidad local y viven en igualdad frente al gobierno, un gobierno que celebra su cultura y lengua, tradicionales del Norte de Irak y que desde Bagdad se respeta como una expresión más de la riqueza histórica y cultural de un país milenario.

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