La región de los Balcanes ha sido un escenario de conflictos y tensiones que se remontan a siglos atrás, caracterizada por una diversidad étnica, religiosa y cultural. En la actualidad, la crisis que enfrenta esta parte del mundo refleja una serie de complejidades históricas, políticas y sociales que han evolucionado con el tiempo. En el centro de la crisis se ubican las tensiones entre Kosovo y Serbia, intensificadas tras la declaración unilateral de independencia de Kosovo en 2008.
Este artículo tiene como objetivo analizar las dinámicas actuales en los Balcanes, centrándose en las tensiones entre diferentes estados y grupos étnicos, y la influencia de actores internacionales en este contexto.
La situación en Bosnia y Herzegovina
Uno de los actores clave en la crisis actual es Milan Dodik, el líder serbobosnio, quien ha estado promoviendo la idea de una República Srpska independiente. Esta propuesta ha suscitado temores en la comunidad internacional, que teme que la secesión de la República Srpska pueda desatar nuevamente el fuego del nacionalismo étnico que una vez condujo a la guerra en la región durante la década de 1990. Bosnia y Herzegovina, un estado multiétnico, ha luchado por mantener su estabilidad y unidad en medio de tales presiones.
Dodik, apoyado por sectores nacionalistas, argumenta que la independencia de la República Srpska es un derecho legítimo del pueblo serbobosnio. Sin embargo, esta postura es vista por muchos como un intento de desestabilizar aún más el ya frágil equilibrio de poder en el país. Además, las instituciones estatales de Bosnia y Herzegovina, que fueron diseñadas para evitar más conflictos tras el Acuerdo de Dayton, están enfrentando grandes desafíos en su funcionamiento, ya que las divisiones entre los grupos étnicos se intensifican.
La alianza Kosovo, Albania y Croacia
Frente a la creciente influencia serbia en la región que reactiva la crisis actual de los Balcanes es un fenómeno complejo que involucra tensiones históricas, étnicas y políticas, centradas en el conflicto entre Kosovo y Serbia, especialmente tras la declaración unilateral de independencia de Kosovo en 2008. Milan Dodik, líder serbobosnio, como decíamos antes, promovueve un estado étnicamente serbio (Sprska) en la región oriental de Bosnia y Herzegovina lo cual daría a Belgarado un amplio poder debido a la influencia que sobre este estado serbio tendría, así como con los serbokosovares de Metohija y los montenegrinos, de los que hablaremos más tarde. Para contrarrestar la influencia serbia, Kosovo ha formado una alianza con Albania y Croacia, un bloque político y económico que busca rivalizar con Serbia.
En respuesta, Serbia, con el apoyo de Hungría y Eslovaquia, ha fortalecido la noción de una «unidad serbia» y se opone firmemente a la independencia de Kosovo. La crisis también involucra a actores geopolíticos como la Unión Europea, que fomenta la integración de los Balcanes, Estados Unidos, que apoya a Kosovo, y Rusia, que respalda a Serbia.
La influencia serbia en la región está en aumento, impulsada por su relación con Rusia, su ubicación estratégica y su papel en la estabilidad regional, aunque Serbia también busca equilibrar su relación con la UE y mantener su aspiración de incorporación a la misma. Sin embargo, el eje Bratislava con Robert Fico, Budapest con Viktor Orban y Belgrado con Alexandr Vucic es un agente vehicular de influencia rusa tanto en la UE como en los balcanes no- UE (como Albania, Serbia y Bosnia) y aumenta la capacidad rusa en la región de forma indirecta por el apoyo de estos líderes a Putin pero también a Serbia, sobre todo en la cuestión de Kosovo y a nivel geopolítico donde, por ejemplo, China ha participado modernizando la vía férrea Belgrado – Budapest con un costo de 1700 millones de Euroos, lo que estrecha las relaciones Hungría – Serbia.
Sin embargo Kosovo ha forjado alianzas estratégicas con Albania y Croacia (ambos países OTAN). La cooperación entre estos países ha sido interpretada como un intento de crear un bloque político y económico que sirva como contrapeso a Serbia. Esta alianza no solo busca fortalecer la posición de Kosovo tras su independencia, sino también promover una visión compartida de desarrollo y estabilidad en los Balcanes.
La alianza entre Kosovo, Albania y Croacia se ve también como una respuesta a la continua oposición de Serbia a la independencia de Kosovo. Esta colaboración se manifiesta en diversas áreas, desde iniciativas económicas hasta la defensa y la política exterior, lo que permite a estos países trabajar juntos para mejorar su situación en un entorno geopolítico complejo.
No obstante, este bloque no está exento de riesgos. Las tensiones históricas entre las distintas etnias pueden surgir nuevamente, y la percepción de amenazadas o rodeadas por un bloque rival puede hacer que las relaciones entre estos países sean más frágiles.
La respuesta de Serbia, Hungría y Eslovaquia
En respuesta a la alianza entre Kosovo, Albania y Croacia, Serbia ha intensificado sus esfuerzos para promover la noción de una “unidad serbia” en la región. Esto implica no solo estrechar lazos con las comunidades serbias en Kosovo, sino también una serie de acciones políticas y económicas destinadas a fortalecer su posición regional. Serbia ha establecido relaciones más profundas con Hungría y Eslovaquia, que han mostrado apoyo hacia su postura sobre Kosovo.
Hungría, bajo el liderazgo de Viktor Orbán, ha expresado su solidaridad con Serbia en parte por la gran minoría húngara en la regió de Voivodina, al norte de Serbia, mientras que Eslovaquia, que no ha reconocido la independencia de Kosovo, se ha alineado con las posiciones de Belgrado. Esta dinámica ha creado un bloque de naciones que se oponen a la integración de Kosovo en las estructuras europeas y a su reconocimiento internacional, lo que complica aún más la situación en los Balcanes.
En el caso de Montenegro, el país se halla en una encrucijada geopolítica en medio de la crisis balcánica actual. Ubicado estratégicamente en la costa adriática, limita con Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia y Albania, lo que le otorga un papel crucial para la estabilidad de la región. Desde su independencia de Serbia en 2006, Montenegro ha trabajado por fortalecer sus vínculos con la Unión Europea y la OTAN, logrando su adhesión a esta última en 2017. Este movimiento, sin embargo, ha generado tensiones con Rusia y Serbia, que ven la expansión de la OTAN como una amenaza.
En el caso ruso por el constante avance de la OTAN hacia las fronteras rusas para intentar cercar a Moscú y por parte de Serbia por el papel de la OTAN en los bombardeos de Belgrado o la embajada de China en Belgrado así como la ocupación del territorio serbio y el apoyo otanista a los separatistas kosovares, muchos de ellos miembros del grupo terrorista yihadista separatista UÇK lo que para Serbia implica graves problemas un aumento de la presencia otanista en su vecindario.
En el contexto de la crisis, Montenegro enfrenta desafíos significativos. Su relación estrecha con la UE y la OTAN lo posiciona como un aliado importante para la estabilidad, pero su historia compartida y proximidad geográfica con Serbia genera grandes tensiones entre los nacionalsitas montenegrinos y los serbo-montenegrinos, de hecho las tensiones llegaron incluso a la cuestión religios cuando se eligió a Joanikije como metropolita de Montenegro en 2021, el líder es serbio y generó grandes protestas al considerarse una imposición de la Iglesia serbia y una amenaza a la identidad y soberanía de Serbia por lo que el gobierno montenegrino aunque ha intentado mantener una postura neutral en el conflicto, evitando implicarse abiertamente con cualquiera de las partes en disputa.
Sin embargo Serbia necesita a Montenegro por sus puertos de Bar y Kotor, que son la vía más fácil de salida al mar desde la perdida de la costa en 2006, todo ello a través del acuerdo de libre comercio de 2007 y demás acuerdos de cooperación y transporte.
Los grandes socios geopolíticos
La crisis en los Balcanes no puede ser entendida sin considerar la influencia de grandes actores internacionales como la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia. La Unión Europea ha trabajado hacia la integración de los países balcánicos, alentando reformas democráticas y económicas tras la caída de Yugoslavia dividiendo países acorde a formas étnicas favorables como Eslovenia o Croacia, formas multinacionales como Bosnia o Kosovo cuyo fin es evitar un estado serbio grande y poderoso o con capacidad de influencia sobre estados étnicamente serbios como Sprska. El institucionalismo democrático propuesto por occidente se basa en el intento de poder penetrar, debilitar y fidelizar políticos y sociedades a través de la exposición cultural a la cultura occidental dominante, homogeneizarla y dominarla a través del chantaje militar o de programas secretos encubiertos como lo que se ha descubierto con USAID.
El libremercado, en paralelo a la institucionalización democrática y social, tiene por objetivo la parasitación económica, financiera e industrial del país para que sea más facilmente controlable y se acomode al modelo occidental cuyo modelo doble ya citado tiene por fin una posición de vasallaje y control que evita que el país que entra en esa esfera de influencia pueda desarrollarse y mejorar su posición más allá de la posición asignada como estado de segunda o tercera.
Frente a estos esfuerzos, que ya han logrado grandes avances ahora toca Albania, Bosnia y Herzegovina y Serbia. Sin embargo el papel ruso es importante en las relaciones en los balcanes a través de Serbia, donde se impone el paneslavismo y la defensa de los yugoslavos serbios y la Iglesia Ortodoxa Serbia, muy cercana a la rusa y la griega, además la Guerra de Ucrania ha definido una tendencia prorusa que ha enlazado desde Eslovaquia hasta Serbia pasando por Hungría en un continuum geopolítico, cultural y de interdependencia económica que refuerza una influencia rusa en la región, sobre todo en la citada Serbia y Sprska, en Bosnia y Herzegovina, y en Bulgaria, auguran una buena salud geopolítica en la región, sobre todo porque en los balcanes no sólo están Rusia y Occidente sino también Turquía, que con su otomanismo, ha conseguido estrechar lazos y llevarse mejor con Rusia que con Occidente…y sobre todo, Turquía tiene una creciente relación con Serbia, que hizo que Erdogan visitara el país en 2022…Una zona compleja que se puede atragantar a la UE.
En todo esto, Estados Unidos ha adoptado un enfoque más pro-Kosovo, apoyando la independencia y promoviendo sus intereses regionales. La intervención estadounidense ha sido vista como un respaldo a Kosovo en su lucha por fortalecerse en el ámbito internacional. (Foto: Free Malasia Today)