JNIM: Al Qaeda en África

La evolución de Al Qaeda en el continente africano ha tomado rumbos diversos y complejos, con el grupo yihadista JNIM (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes) como uno de los actores más relevantes en los últimos años. La ideología de JNIM se fundamenta en una interpretación radical del Islam, que busca implantar un orden político basado en la Sharia, a la vez que rechaza el intervencionismo occidental en la región. Esta ideología no solo guía sus acciones, sino que también facilita la captación de nuevos miembros que encuentran en el mensaje yihadista un llamamiento a una causa mayor.

Desde su creación en marzo de 2017, JNIM ha sido reconocido como la expresión más prominente de la filial de Al Qaeda en el Sahel. La fusión de diversos grupos yihadistas, como Ansar Dine, el Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO), Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el Frente de Liberación de Macina etc…, ha fortalecido su posición en un entorno conflictivo. Los objetivos de JNIM incluyen la instauración de un estado islámico y la lucha contra las fuerzas gubernamentales y los interese extranjeros en la región.

Históricamente, la presencia de Al Qaeda en África del Sahel ha sido facilitada por el vacío de poder en la zona, resultado de años de inestabilidad política y de conflictos armados. La caída de Muamar Gadafi en Libia en 2011 dejó un camino abierto para que diversas facciones armadas, incluyendo las asociadas a Al Qaeda, fueran influenciadas, de hecho la Guerra de Mali fue una consecuencia de la caída de Gadafi. La existencia de tribus nómadas y la porosidad de las fronteras en el Sahel han proporcionado un terreno fértil para el reclutamiento y la expansión de JNIM. Su trayectoria está marcada por ataques contra objetivos militares y civiles, además de un intento de controlar territorios donde pueden ofrecer servicios alternativos al Estado.

En cuanto a las amenazas que representa JNIM, su expansión ha desafiado la seguridad de varios Estados en el Sahel, desde Mali hasta Burkina Faso y Níger. Estos países han visto un aumento significativo en las agresiones yihadistas, que no solo ponen en jaque a las fuerzas armadas, sino que también generan un panorama de crisis humanitaria. El impacto en las comunidades locales es devastador, provocando desplazamientos masivos y la ruptura del tejido social, lo que a su vez alimenta una espiral de violencia.

Los aliados de JNIM son diversos, pero a menudo se encuentran interconectados con otros grupos islamistas en el Sahel. La relación con Al Qaeda, a pesar de la distancia geográfica, se mantiene a través de la ideología común y el apoyo logístico. La red de apoyo se extiende a otros grupos yihadistas, donde se pueden intercambiar tácticas y recursos. Además, JNIM ha cultivado relaciones con comunidades locales que, por diversas razones, apoyan a los terroristas contra gobiernos ineficientes, corruptos o controlados por una etnia concreta dentro de un estado escindido habitado por otras etnias o naciones indiferentes u hostiles a la élite gobernante, sin contar con la percepción social de que sus líderes son títeres de Occidente lo cual establece un caldo de cultivo perfecto para que los yihadistas se hagan fuertes.

En blanco zona controlada por JNIM en Mali en 2024.

Sin embargo, el grupo también tiene enemigos y rivales en el terreno, como el Estado Islámico (EI), que se ha establecido en la misma región y que compite por los recursos y la primacía. La rivalidad entre Al Qaeda y Estado Islámico ha hecho que ambos grupos estén enfrentados y tengan choques armados en diversas regiones como Siria, Afganistán, Nigeria o Somalia lo que refleja las tensiones y divisiones que existen dentro del yihadismo global.

El contexto del conflicto es fundamental para entender la evolución de JNIM. La inseguridad se ha visto exacerbada por la intervención de actores externos, incluidos grandes poderes militares como Francia y Estados Unidos, que han llevado a cabo operaciones para neutralizar la amenaza yihadista al tiempo que usaban eso como excusa para sentarse sobre esos recursos geopolíticos que Rusia y China han ido atrayendo. Estas acciones han tenido efectos mixtos, ya que a menudo han provocado un aumento de la reclutación yihadista en respuesta a la percepción de ocupación y el descontento de sus aliados por lo ineficiente de estos despliegues.

A medida que la situación se complica, las fuerzas locales se enfrentan a la dificultad de lidiar con un enemigo que se adapta y se diversifica. Mientras las estrategias de combate al yihadismo se centran principalmente en acciones terroristas, se debe considerar que también es fundamental abordar las causas subyacentes que alimentan el apoyo a JNIM atendiendo a la situación sociopolítica de estos estados.

Las intervenciones occidentales no han servido para nada, el modelo de cooperación internacional que escondía los intentos de Francia y Estados Unidos por retener la influencia africana que países como Turquía, China o Rusia les está disputando ha acabado generando controversias graves, descrédito y, al final, la salida de las tropas occidentales y la degradación de las relaciones con Washington y París tras una serie de golpes de estado de Mali (2020 y 2021), Burkina Fasso, Guinea y Sudán en 2021 que han generado una oleada antioccidental que ha afectado al dominio francés y abierto la puerta especialmente a Rusia en estas latitudes para combatir la inseguridad que provocan los yihadistas en general y JNIM en particular.

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