Rusia, desde que tomara conciencia de sí y se lanzara hacia las estepas del este, tomando Kazán allá en los tiempos de Iván el Terrible siempre buscó el mar. Los grandes líderes rusos siempre han sabido que la clave del desarrollo geopolítico de toda potencia está en la proyección marítima. Esta capacidad de dinamizar rutas comerciales, establecer enclaves costeros y proyectar el poder marítimo hizo que imperios como el español o británico se hicieran fuertes controlando los mares.
Rusia se ve como el país de los cinco puertos. El control costero del mar del norte, la salida al Báltico desde el Oblast de Leningrado (con la antigua capital del Imperio ruso en San Petersburgo) apuntalado por el Oblast de Kaliningrado hace de este mar un punto básico para Rusia, sobre todo ahora que este mar semicerrado, y por ende con características definitorias a nivel geopolítico y militar, amenaza con convertirse en un lago otanista con la entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN.
Por otro lado, volviendo a Iván el Terrible, la toma del Kazán les permitió controlar el inmenso río Volga y avanzar hacia el delta en el Caspio y, de ahí, hacia el Mar de Azov y la cuenca del Mar Negro lanzando, para reforzar el dominio marino, una campaña contra los turcos y penetrando en el Cáucaso.
La situación geográfica rusa, que domina (como diría Mackinder) la “Isla-continente” de Hearthland (Eurasia) al llegar desde Europa del este hasta Japón y Corea del Norte y desde el Mar del Norte hasta las estepas de Asia Central hace que, como decía Pedro el Grande, quién tenga un ejército tiene una mano y quién tenga una armada posee dos. En la era socialista la flota soviética era increíblemente poderosa, al nivel de Estados Unidos y patrullaba el mundo entero.
La era de la Federación Rusa, extremadamente dura en sus comienzos, ha sido capaz de revitalizar el sueño marítimo de los cinco mares. La revuelta del Maidán y el posterior colapso ucraniano en Donbass y Crimea permitió a Rusia reforzar y asegurar su presencia en el mar Negro con el puerto de Sebastopol.
La guerra de Siria les permitió reforzar su presencia en Tartous, manteniendo una ruta Sebastopol-Tartous apoyándose en el Tratado de Montreux para mantener su presencia. Tras el inicio de las hostilidades entre Rusia y Ucrania en 2022 el avance ruso se ha centrado en aislar a Ucrania del mar, unir Donbass y Crimea, tomar la importante ciudad portuaria de Mariupol, comparable sólo a Sebastopol y Odessa en importancia, cerrar el mar de Azov asegurando la ruta de puentes entre Rusia y la península crimeana y convirtiéndose en el hegemón marítimo en el mar neegro (superando a Turquía).
En paralelo el mar Caspio, un mar ruso-iraní, se ha convertido en una autopista que une Moscú con Oriente Próximo y mejor, aún, el ansiado sueño de una salida al Océano Índico. Desde el siglo XIX los rusos corrieron hacia el mar mientras los británicos ascendían desde La India encontrándose en Afganistán, convertido en estado tapón y desarrollándose la Primera Guerra Fría, el Gran Juego entre rusos y británicos en Asia Central. Hitler propuso a Stalin apoyarle en una eventual invasión a Persia, pero Stalin, inteligente, sabía que eso era un regalo envenenado y no lo aceptó.
Ahora Putin y Raisi están en negociaciones para el corredor Norte-Sur que, desde Rusia y cruzando el Caspio, mercancías rusas atravesarían todo Irán hasta los puertos de Chabahar y Bandar Abbas. En definitiva, un desarrollo geopolítico que partía de una posición de desventaja con paciencia, diplomacia y una buena estrategia ha hecho que una nación eminentemente telúrica se haya lanzado a los mares y haya consolidado una presencia en los mares del norte, báltico, negro, mediterráneo, báltico y rojo que ahora debe desarrollar para ascender y dominar aún más los mares.
¿Y eso, que supone? Supone reforzar la presencia terrestre ya sea diplomáticamente con en el Centro de Asia, donde se pugna una guerra diplomática frenética entre chinos, turcos y rusos y, en menor medida, iraníes, que sirve a Rusia para reforzar su pasillo iraní hacia el índico y el Caspio, las relaciones positivas con Turquía son importantísimas para el Mar Negro, donde Rusia ha desenvainado el sable y está en guerra, demostrando que la presencia militar es una forma de diplomacia, ese despliegue activo en Ucrania y el refuerzo militar en Karelia, frontera con Finlandia muestra que Rusia no sólo defiende su integridad territorial sino su proyección naval y, por ende, su fuerza diplomática y geopolítica. (Foto: Wikimedia)
Para saber más de Rusia y el mar
El Báltico y el Mar Negro: la guerra marítima entre Rusia y la OTAN