Irán – Pakistán: terrorismo y crisis diplomática

Tras la guerra de Gaza iniciada con la Operación Inundación de Al Aqsa y la posterior respuesta israelí el “eje de la resistencia” chiita comandado por Irán comenzó a intervenir en la actual guerra. Hezbollah en el Líbano comenzó su ataque pero pronto se unión Ansarullah de Yemen cortando una de las vías de suministro mundial: Bab el Mandeb y el golfo de Adén.

Esa ruta es una de las más importantes para el comercio mundial: está al nivel del estrecho de Gibraltar, Malaca, el canal de Suez o Panamá. Cortar el libre tránsito sería un desastre, una “bomba atómica” económica. El éxito Huthi ha provocado los ataques de Estados Unidos y Reino Unido así como los intentos de desestabilizar al gran líder de la resistencia chiita mundial: Irán.

Si bien siempre han intentado desestabilizar Irán mediante el apoyo a protestas y el asesinato de líderes de la Revolución Islámica de forma directa, como en el caso de Soleimani, como indirecta a través del MKO, de los separatistas kurdos, árabes de Ahvaz, presionando con el irredentismo azerí en Azerbaiyán Occidental, ciertamente el mayor frente para Irán está en el este.

Las relaciones con Pakistán siempre son ambiguas, hasta para Estados Unidos y Pakistán tiene dos “vacas sagradas” estratégicas: Afganistán e India. Irán tiene buena relaciones con ambos estados, de hecho el puerto de Chabahar es operado por India y gracias a él Nueva Delhi puede proyectarse hacia Asia Central y Afganistán.

Sin embargo en el año 2007 Irán decidió construir un muro de seguridad con el vecino Pakistán, la construcción sustituiría una serie de vallas metálicas y alambres de espino intermitentes por un sistema de muros de hormigón, terraplenes y fortalezas con torres de control que les permitiera luchar contra la problemática que atraviesa la región.

Bandera del Sepah Pasdaran de Irán

Más allá de la cuestión del terrorismo o los grupos armados baluchíes que copan ambos lados de la frontera, Irán decidió iniciar este proyecto para luchar contra la inmigración ilegal, el contrabando y el narcotráfico que llega desde Pakistán y Afganistán.

Este proyecto implica el traslado de miles de policías, tropas regulares y miembros del Sepah e Pasdarán.

Este entendimiento va más allá de una mera cuestión geopolítica sino que tiene que ver con las tensiones internas que azotan el país por cuestiones irrendentistas o abiertamente separatistas como el caso del Pastunistán que afecta a Pakistán, el problema del Kurdistán en los iraníes y, por último, el problema baluchi que afecta a los dos estados.

Los baluchíes son un grupo étnico perteneciente a la familia irania que ha generado problemas en las regiones irano-pakistaníes; el Baluchistán, al ser una región compartida entre ambos países ha provocado una fuerte oposición de esta población a ambos gobiernos y a ambos lados de la frontera han creado grupos de oposición.

En Pakistán la oposición es nacionalista y mucho más virulenta que en Irán. Las revueltas contra el gobierno de Islamabad han ido siendo periódicas desde 1948, la última revuelta se produjo en 2004 y aún continúa dándose de forma esporádica con levantamientos, ataques y conflictos sociales y étnicos.

En Irán las revueltas no se han producido pero ha ido creciendo un sentimiento nacionalista entre la población baluchí que ha ido profundizando en la región debido a la diferencia religiosa entre el resto de etnias de Irán que pertenecen al Islam chiita duodecimano y los baluchíes que son musulmanes sunitas lo cual generó un caldo de cultivo que ha desembocado en un quebradero de cabeza por Jaish Ul Adl y su movilidad transfronteriza.

Desde el año 2012 Jaish ul-Adl, que viene de un grupo terrorista previo llamado Jundallah (2003-2011), está afincado en la provincia de Sistán y Baluchistán, una provincia del sureste de Irán limítrofe con la Pakistán. Este grupo (Jundallah) estaba vinculado con las células terroristas de Al Qaeda en Pakistán y por ende con vínculos con el ISI pakistáni (el servicio secreto de Pakistán, un estado dentro del estado).

Pakistán tiene unas relaciones de vecindad con Irán que han ido transitando desde la normalidad hasta la amistad profunda y la enemistad diplomática de forma constante. Sin embargo, la vinculación de los servicios secretos pakistaníes (el ISI) con países como Arabia Saudí y Estados Unidos para la promoción de grupos yihadistas (Al Qaeda entre ellos) y muyahidines en su territorio para lanzarlos en Afganistán durante los ochenta, fue una oportunidad para usar estas mismas redes para sabotear la incipiente República Islámica de Irán hasta ahora.

El problema deviene en que los sucesores de Jundallah, el Jaish ul-Adl, están atacando en el este de Irán junto con los narcotraficantes afganos vinculados al tráfico de heroína, que usan Irán para llevar las drogas hasta Europa. Esto se ha traducido en un grave problema de seguridad en esta región y en constantes enfrentamientos entre la Guardia Revolucionaria Iraní (Los Pasdaran) y los grupúsculos de narcotraficantes y yihadistas muchas veces no tan fácilmente distinguibles como en este artículo ya que muchas veces los cárteles pakistaníes y los yihadistas son un mismo grupo, un “totum revolutum” que forman una criminalidad compleja.

Bandera del grupo terrorista Jaish Ul Adl

Los miembros del Aish ul-Adl operan en Irán y realizan ataques contra las fuerzas de seguridad iraníes y contra civiles inocentes, sin embargo su ideología salafista la esconden detrás de declaraciones separatistas en esta región (Sistán y Baluchistán) o en reclamar que su lucha es para lograr la igualdad de los sunitas con los chiitas en Irán luchando contra una inexistente desigualdad ya que la República Islámica de Irán no discrimina por razón de religión (de hecho musulmanes chiitas y sunitas, al igual que los judíos, zoroastrianos y cristianos tienen los mismos derechos).

Las actuaciones de estos yihadistas, que son acciones rápidas, acaban con la vuelta de los terroristas a sus santuarios en Pakistán, cercanos a la frontera de Irán (al igual que los miembros de Al Qaeda o el Daesh en Afganistán). Sin embargo, el tono diplomático ha aumentó tras los ataques de 2019 que costaron la vida a 27 miembros de los Pasdaran, aunque otras fuentes elevaron los números a 41. En enero de ese año otros cuatro policías fueron asesinados en un atentado en Zahedan (capital de Sistán y Baluchistán)

En ese momento la embajadora pakistaní en Teherán, Rafat Masud, fue llamada a consultas y cuestionada sobre la parsimonia de las fuerzas de seguridad pakistaníes a la hora de proteger las fronteras comunes, protestando por el hecho y reclamando mayor seguridad en la región.

Los iraníes, conscientes de que Pakistán es un estado que protege desde los años ochenta a una gran parte de los terroristas de las regiones del centro de Asia para beneficio propio y, de paso, de algunos de sus aliados lanzaron una poderosa advertencia. Mahmud Alavi, director del servicio de inteligencia iraní dijo que: “Las fuerzas de seguridad de Irán tomarán una contundente y dura venganza contra los autores, perpetradores y partidarios de este horrendo crimen de lesa humanidad”. Mohamad Ali Yafari dijo que: “se espera que las fuerzas de seguridad y el Ejército de Paquistán intensifiquen sus medidas de seguridad en la frontera común para que los terroristas no puedan volver a realizar este tipo de atentados”.

Irán conoce a los servicios de inteligencia pakistaníes y su apoyo al yihadismo internacional, recordemos que Osama Bin Laden estuvo protegido durante más de diez años en Abbottabad, a doce kilómetros de la academia militar de Pakistán, el “West Point” pakistaní por lo que el llamado a Pakistán es algo más que una mera queja diplomática sino una verdadera advertencia. De hecho, los Pasdaran se reservaron ya en 2019 el derecho a actuar en territorio pakistaní sin avisar a las autoridades del país vecino para desmantelar cualquier célula en la región que pusiera en peligro su seguridad.

Sin embargo la situación es más complicada que eso, teniendo en cuenta que ahora Irán tiene la marcada hostilidad de Estados Unidos e Israel y que están en una guerra total en varios frentes desde octubre de 2023, el frente comandado por Estados Unidos e Israel está utilizando todos los recursos en sus manos para atacar a Irán.

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní en 2019, Bahram Qassemi dijo que: «No es tolerable para nosotros que el Gobierno y el Ejército de Pakistán no puedan evitar estos delitos y actos de terrorismo desde dentro de su territorio«. Imram Khan, primer ministro de Pakistán se ha enfrentado a su primera crisis diplomática grave declarando que Pakistán es un país pacífico y que aman la paz, sin embargo su país ha sido la base de talibanes, miembros de Al Qaeda, yihadistas de diversas facciones y, también, del Jaish ul-Adl.

Tras el aumento de los ataques contra Irán, como el atentado de Kermán o los ataques contra las fuerzas iraníes en las regiones del sudeste del país el gobierno de Irán lanzó un ataque contra bases de estos grupos terroristas en territorio pakistaní. El martes 16 de enero Irán atacó las bases terroristas en Baluchistán, territorio pakistáni, lo que provocó la queja de los diplomáticos pakistaníes, la retirada del embajador de Teherán y la suspensión de todas las reuniones con altos miembros iraníes. Sin embargo ayer, día 17 de enero los pakistaníes lanzaron un ataque contra Irán en la denominada operación “Marg Bar Sarmachar” contra miembros de la insurgencia baluchí en territorio iraní.

Si bien los ataques no han sido contra tropas, posiciones o infraestructura de ambos países sino contra grupos terroristas e insurgentes los ataques han tensado mucho la cuerda entre dos potencias regionales, una de ellas nuclear y otra de ellas casi nuclear en una región muy inestable.

El gobierno del Emirato Islámico de Afganistán ha llamado al orden para evitar la desestabilización de la zona y que se reanuden los contactos, por otro lado nadie duda de que el objetivo de los ataques terroristas en Irán y en el este del país era abrir un nuevo frente para los iraníes y así entretener a sus fuerzas reprimiendo a estos grupos insurgentes así como comprometer a sus diplomáticos en labores en Islamabad para así poder desahogar el frente occidental que ahoga a Estados Unidos en el Mar Rojo e Irak y que amenaza a Israel seriamente por lo que este incidente sería una consecuencia del juego de poder geopolítico y un intento de atacar a Irán e implicarlo en otro problema.

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