San Eulogio y los mártires de Córdoba

El siglo IX fue difícil para Al Ándalus y el proyecto estatista que se fue consolidando con la invasión; junto con la caída de los Omeyas de Damasco se produjo la creación de los reinos del norte (Asturias y la dinastía íñiga en Navarra), la marca en el Ebro y las revueltas dentro de Al Ándalus con Omar Ibn Hafsún como su gran líder.

En este caso, en el de los mártires de Córdoba la situación es diferente. Durante los reinados de Abderrahman II y Mohamed I de Córdoba la situación de los cristianos era de sumisión al poder islámico: no tenían derechos individuales como personas sino en virtud de su pertenencia al Cristianismo.

Debían pagar un impuesto leonino: la jizia (entre el 70%-90% de sus bienes), no tenían el mismo trato ante la justicia, no podían formar parte de la administración ni del ejército, incluso los muladíes conversos tenían el estatus más bajo dentro de los musulmanes. En este caso, sin embargo, la figura de Eulogio, fue un revitalizante frente a varias amenazas.

Mientras el poder de los emires crecía junto con sus riquezas, los impuestos y los derechos reconocidos a la Iglesia y a los cristianos durante la conquista se iban revisando y eliminando de forma progresiva, esto junto con la arabización de los cristianos (los mozárabes), que comenzaban a vestir siguiendo la moda árabe y a dejarse barba, alertó al Obispo Eulogio de la situación grave que se estaba dando al reconocer que la arabización era el paso previo a la islamización.

Los nobles hispanorromanos e hispano godos, junto con los grandes mercaderes y demás hombres de poder que no huyeron al norte, a zona cristiana, se convirtieron al Islam para mantener sus privilegios pero este movimiento de conversión cada vez más permeaba en las clases populares, que deseaban tener la vida de los musulmanes y, sobre todo, no sufrir los duros impuestos que como dimníes debían pagar.

El Obispo Eulogio, que conocía la realidad más allá del emirato debido a su viaje a Francia y por las zonas cristianas, donde recuperó obras como la Eneida de Virgilio, a Aristóteles, Ciudad de Dios de San Agustín, Juvenal y otros tantos tesoros de la cultura que habían sido destruidos durante la conquista y el saqueo islámico en el 711. Su posición en la iglesia era fuerte, desde su posición como metropolitano de Toledo tras la muerte del Obispo Wistremiro, la buena relación con el erudito Saulo de Córdoba y el Obispo de Pamplona Gilesindo.

Eulogio, al igual que Saulo, pertenecía a la nobleza senatorial hispanorromana y ambos, ante el avance del Islam debían de iniciar un movimiento popular de resistencia que se basaba en el desafío, por parte de los cristianos, de la teología islámica desde una perspectiva cristiana, que dicha defensa tenía como objetivo mostrar la mentira de la religión islámica y convencer a los musulmanes de convertirse al Cristianismo.

Curiosamente, uno de los primeros cristianos que llevó a cabo una labor de crítica del Islam y además escribió muchos textos de apoyo a los predicadores cristianos fue San Juan de Damasco un siglo antes en los dominios islámicos de Levante.

Eulogio, en sus sermones, inició este movimiento que tomó forma entre el 850 y el 859. El mismo consistía en blasfemar ante el cadí (juez islámico de Córdoba) y hacer una defensa del Cristianismo contra el Islam, lo cual era una automática condena a muerte. El propio Eulogio fue detenido y encarcelado en 850 aunque se le liberó en 851 siendo estrechamente vigilado.

La llegada al poder de Mohamed I hizo que la actitud contra los cristianos fuera aún más dura, especialmente por la situación en Bobastro y la sospecha de criptocristianismo entre los musulmanes muladíes. Eulogio, sin embargo, siguió animando a ir a blasfemar contra la religión y Mahoma ante el cadí para, aprovechando su derecho de réplica, pudieran evangelizar a los musulmanes, lo que se tradujo en 48 ejecuciones en este periodo de la revuelta.

Entre ellos hubo cristianos de origen hispanorromano, hispano godos y descendientes de griegos de los asentamientos bizantinos de la costa del levante español, pero había más: cuatro eran conversos del Islam al Cristianismo, cinco de matrimonios mixtos y tres eran cristianos conversos al Islam que habían vuelto al cristianismo.

En el 859 Eulogio fue detenido por esconder a Leocricia, una chica musulmana conversa al Cristianismo por la monja Liliosa, lo cual se tradujo en un proceso ante el Emir Mohamed I. Eulogio hizo una defensa ferviente del Cristianismo, atacó duramente al Islam y no se retractó, lo que con la sharía le llevó a la muerte.

Fue decapitado en el 859 y sus restos enviado a Alfonso III de Asturias, junto con los de Leocricia, en 884 donde descansan en la Catedral de Oviedo. Tras la muerte de Eulogio acabó el movimiento de mártires cristianos que, sin embargo, las autoridades cristianas mozárabes que buscaban mantener buenas relaciones con el poder político islámico se negaron a aceptar la categoría de mártires a las víctimas de este movimiento ya que muchos de los casos no fueron martirios por persecución sino que los cristianos decidieron buscar y provocar su muerte al desafiar a estas instituciones.

Curiosamente, Eulogio pretendía replicar en Al Ándalus la actitud de los cristianos en los tiempos romanos de persecución provocando un movimiento religioso y social que fuera transformando la sociedad hasta hacer que los emires islámicos acabasen aceptando el Cristianismo como en los tiempos de Roma tuvieron que hacer los emperadores cristianizando el Imperio pero sus cálculos fallaron. (Foto: Wikipedia)

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