Omar Ibn Hafsún, el Pelayo del Sur que casi destruye Al Ándalus

El siglo IX en la Península es muy complejo. Frente al inicio de la reconquista en Asturias, la creación de los incipientes reinos de León y Pamplona y la presión de los francos en el valle del Ebro, en las regiones conquistadas por los invasores islámicos dependientes del Califato Omeya de Damasco hay que sumarle una serie de pugnas entre diferentes esferas de poder.

De entrada Al Ándalus era, en ese momento, un estado cristiano dominado por una élite islámica minoritaria compuesta por árabes y bereberes que a través del impuesto de la jizia oprimía a los cristianos y judíos del estado. Por otro lado existían conflictos palaciegos entre miembros de la corte bereber y los árabes.

Tanto unos como otros representaban el poder nuevo que estaba configurando un modelo urbano que atraía a las ciudades a amplias capas de población rural, lo que hacía daño a los intereses de la nobleza rural de origen hispano godo e hispanorromano que unos años atrás se habían convertido al Islam para mantener sus posesiones y privilegios.

Se habla mucho de los hispanorromanos “Banu Qassim” (Familia de Casio, nombres hispanoromanos del orden senatorial) de las regiones del Valle del Ebro pero poco de los “Banu Hafsún”, una rica y poderosa familia noble de origen hispano visigodo que tenía sus tierras en las regiones de la Axarquía y Málaga, cerca de la zona de Parauta, Ronda, Antequera y el este de Cádiz.

Omar Ibn Hafsún es el máximo exponente de esta familia que puso en jaque al casi todopoderoso Emirato Independiente de Córdoba con el alzamiento de Omar en el sur. Omar Ibn Hafsún nació en torno al 850 en Parauta (Málaga) y siendo joven mató a un pastor bereber que robaba ganado a su abuelo, el noble Yafar ibn Hafsún razón por la cual escapó y huyo por los montes uniéndose a una partida de ladrones y salteadores de caminos hasta que fue capturado y azotado en Málaga.

Tras este episodio decidió esconderse en el  norte de África temiendo que su asesinato fuera descubierto y ser ejecutado por ello al haber sido un asesinato de un musulmán a otro musulmán. En 878 se produjo la rebelión en el sur de Al Ándalus, en las tierras de su familia y decidió volver en el 880 para formar parte de la rebelión.

Junto con otros muladíes (cristianos conversos), mozárabes (cristianos de Al Ándalus) y mesnadas de bereberes, que eran considerados de segunda en relación al orientalizante poder que los omeyas comenzaron a ejercer con Abderrahman II y Mohamed I, lo que unido a las luchas palaciegas y del creciente protofeudalismo (no olvidado por los nobles preislámicos) creo el caldo de cultivo para la campaña que lideraría Hafsún y que hizo tambalearse al Emirato de Córdoba.

En el 883 será perdonado por Mohamed I e integrado en su guardia personal  pero los insultos no se rebajaron y tanto él como sus tropas eran menospreciadas y maltratadas por los propios gobernantes árabes que no permitían que los muladíes tuvieran acceso a las prebendas de los emires al nivel de árabes y maulas en lo que era una sociedad de castas donde los muladíes (cristianos conversos) eran considerados como el último escalón antes de los infieles.

La segunda rebelión de Ibn Hafsún sería la más peligrosa ya que si en la primera se destacó como líder de una revuelta campesina y caótica en esta era un reconocido caudillo militar, con carisma y con el apoyo de sus tropas y población, de ahí que con sus tropas conquistara una gran parte del sur de la moderna Andalucía y creara un centro de poder paralelo concentrado en Bobastro.

Ese centro de poder hizo que la revuelta fuera más fuerte aún y que las tropas andalusíes recuperaran Iznájar, Archidona y Priego sitiando Bobastro. Hafsún firmó una rendición a cambio de la amnistía, que el Emir aceptó y se retiró pero en el camino de vuelta Hafsún volvió a atacar a los musulmanes en el momento en que Al Mundir, que lideraba las tropas fallecía, sucediéndole su hermano Abdallah y heredando un caos de reino.

Sin embargo en 891 Abdallah junto con los Banu Qassim derrotan a Hafsún en Aguilar de la Frontera, lo que inicia el declive de la revuelta al no poder volver a recuperar las tierras perdidas, sin embargo esa situación será el acicate para que el “Protoreino de Bobastro” viva su máximo esplendor.

Hafsún, en ese momento, fue cuando consolidó su poder como un señor de la guerra firmando acuerdos con otros rebeldes y rivalizando con Córdoba, sin embargo lo que convertiría a Omar Ibn Hafsún en un rebelde diferente, mucho más profundo, peligroso e incómodo para la historiografía oficial y para el romanticismo andalucista es su conversión al Cristianismo Católico y su familia, el cambio de nombre a Samuel y la visigotización de sus territorios convirtiendo a Don Samuel de Bobastro en el Don Pelayo del sur.

Nombró un obispo en Bobastro, mandó un emisario a Alfonso III de Asturias con su genealogía visigoda y pidió el reconocimiento de su protoestado como un estado cristiano heredero de la presencia visigoda en el sur de España. Al mismo tiempo sus misiones diplomáticas cubrían a los chiitas del norte de África y a los demás rebeldes musulmanes de España como los de Badajoz o Zaragoza.

Sin embargo en el año 912 subió al poder el fanático Abderrahman III llegó al poder, enterado de la apostasía de Samuel y sus hijos y entendiendo el peligro de una unión de Cristianos del norte y del sur de España junto con los fatimíes y demás grupos chiitas enfrentados a los omeyas de Córdoba, el Emir decidió aplicar la máxima violencia en las campañas contra Bobastro.

Samuel murió en 918 dejando a sus hijos los territorios mantenidos, su heredero, Suleyman mantuvo la revuelta hasta que fue suprimida por los omeyas de Córdoba en 928. En 929 Bobastro fue tomada y Abderrahman III, personalmente, hizo abrir la tumba de Samuel Hafsún (el apellido original era la voz gótica Hafs, al que añadieron el sufijo arabizante “un”).

Al descubrir que estaba enterrado de espaldas en una tumba cristiana ordenó exhumar el cuerpo y que se crucificaran, junto con el de sus hijos Yafar y Suleimán (también convertidos al cristianismo y asesinados por las tropas de Abderrahman III) en la puerta Babassuda de Córdoba para avisar a los musulmanes (tanto árabes como bereberes o muladíes) de que las consecuencias de abandonar el Islam es la muerte.

Curiosamente en ese mismo año Abderrahman III disuelve el emirato independiente de Córdoba y lo transforma en un Califato Independiente del cual él sería el único califa de la península.

Sin embargo la historia no acaba aquí. Santa Argentea, hija de Samuel, es venerada en la Iglesia Católica como Santa y Mártir virgen tras ser asesinada en Córdoba en el año 931. (Foto: Wikipedia)

Un comentario en “Omar Ibn Hafsún, el Pelayo del Sur que casi destruye Al Ándalus

  1. xsibai dijo:

    Las ruinas de Bobastro, situadas en las proximidades de Álora, no aparentan ser los restos de nada grandioso. Aunque pudiera ser que haya algo mas que descubrir. Ya se verá, si alguna vez se le presta atención a ese yacimiento.

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